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El País, Outubro de 2016

21.10.16

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José Luis Peixoto, considerado uno de los grandes escritores actuales de una tierra de grandes escritores —Portugal— estuvo en Uruguay (en Rivera y en Montevideo) a presentar Cementerio de pianos editada por la uruguaya Casa Editorial Hum que ya le había editado Historias de nuestra casa en 2009.

Durante su visita a Montevideo, en la que estuvo en el Filba y en la Feria Internacional del Libro, Peixoto —quien nació en 1967 en Galveias, cerca de la frontera con España, por lo tanto habla en un español más que decente— charló con El País.

 

—Hace 10 años que publicó Cementerio de pianos. ¿Cómo es su vínculo con ese libro?

—Habla de aspectos muy personales y con los cuales me vinculo de una manera muy íntima. Es un libro que trae todo el tema de la familia y que cuando lo escribí en algunos puntos muy relevantes lo trabajé desde mi propia experiencia. Por eso sigue teniendo mucha importancia y algunos aspectos son etapas de un camino que me hizo llegar a donde estoy. Es muy fácil hablar de él.

 

—¿Por dónde empezó con esta novela? ¿Con la historia, con la forma?

—Es una novela que escribí en dos momentos. Tenía un punto de partida que es el primer capítulo con un narrador que habla de su muerte que se superpone con un nacimiento. Después todo lo que es del nivel de la ficción, lo elaboré a partir de ese inicio. La escribí con algunos aspectos muy determinados pero llegué a un punto donde me quedé atrapado en cuestiones como la dimensión histórica de Francisco Lázaro. Así que volví a escribir todo más centrado en el núcleo de la novela que tiene que ver con cuestiones que no son la descripción biográfica de Lázaro, a quien, además, saqué de su tiempo histórico.

 

—Alguien ha dicho que su literatura "huele" a Juan Rulfo. Más allá de lo feo de la imagen, ¿usted siente que en esas voces de los muertos, por ejemplo, hay algo de Rulfo en Cementerio de pianos?

—Escribí mi primera novela muy joven y la publiqué a los 26. Y ya entonces se hablaba de una influencia de Rulfo. Y yo no lo conocía. Así que lo empecé a leer (lo primero fue Pedro Páramo) y quedé muy impactado. Para esta novela ya tenía consciencia de Rulfo, un escritor que a mí me dice mucho. No sólo por eso de las voces, sino por su ruralidad elemental y mitológica. Para mí es muy elogioso que me comparen con Rulfo, pero es cierto que todos los libros que uno absorbió son influencias para bien o para mal.

 

—A veces no se es consciente de lo importante que es la cultura portuguesa. En el cine están Miguel Gomes, Pedro Costa, antes Manoel De Oliveira. En la literatura Pessoa, Saramago, Lobo Antunes. ¿Por qué se da eso?

—Hay una tradición muy fuerte y es un poco como en Cementerio de pianos donde están los padres y los hijos y las generaciones dan lugar unas a las otras. Eso tiene algo que ver. Es verdad que las generaciones anteriores son de gran calidad y cuando uno ve un Fernando Pessoa en una literatura es una señal...

 

—¿Y no es un peso?

—No creo. Igual para cualquier escritor en cualquier parte del mundo escribir y publicar siempre es una osadía. Es ponerse al lado de cosas del pasado pero también del presente porque los libros siguen ahí. Publicar un libro nuevo siempre es tener esa ambición de afirmar que ahí hay algo para acrecentar lo que ya existe, que es distinto y que vale la pena. En el caso de Portugal, es importante considerar esa herencia: no se puede escribir en portugués ignorando a esos maestros.

 

—Y no hay una actitud parricida.

—Nunca la tuve. No sé por qué. Históricamente hay un aspecto muy curioso sobre mi generación: nacimos en los años del fin de la dictadura y en un cambio muy grande en la sociedad portuguesa. Crecimos en una época en que Portugal cambió muchísimo y ese fue el parricidio. Fue natural.

 

—Usted publicó Dentro del secreto, su crónica sobre un viaje a Corea del Norte. ¿Cómo fue eso?

—Me interesó como desafío. No solo el tema sino la manera de tratarlo ya que tiene una diferencia muy grande con mi literatura que es muy personal y ligada a la familia, a mi espacio de origen y a esa realidad rural. Alrededor de 2011, después de publicar Libro, tenía ganas de hacer algo diferente y se me ocurrió ir a Corea del Norte. Describe un viaje que en realidad son cuatro viajes, que habla de la realidad de ese país tan lejano, diferente, y que genera tantas dudas pero también de nosotros, de cómo vemos al otro, incluso de cómo interpretamos la información y cómo determina lo que imaginamos del mundo.

 

—Usted viene del Portugal rural y eso es una presencia en su obra. ¿Es una mirada nostalgiosa?

—De alguna manera sí. Tiene que ver con dos aspectos. Uno es que yo salí ahí y de adolescente era lo que quería, pero después que lo hice pude reconocer las cosas buenas que tenía y que perdí al irme.

 

—¿Y una nostalgia por otro Portugal?

—Hay una reflexión sobre el Portugal del interior. Somos un país desequilibrado con un desarrollo distinto en el litoral y el interior cada vez más envejecido y sin esperanza. Es muy duro cuando voy a mi pueblo y veo que el año pasado murieron alrededor de 50 personas y nacieron dos. Y eso que es un pueblo que mantiene una escuela, pero los otros ya no tienen niños. Yo tengo la oportunidad de llamar la atención de que si hay una visión de todo el territorio, todos vamos a ganar. Y desde lo cultural, ahí hay mucho que necesitamos como portugueses: ahí está lo que nos hace ser nosotros.

 

 

Un autor elogiado con una novela a atender

José Saramago dijo que "Peixoto es una de las revelaciones más grandes de la literatura portuguesa".

 

Más allá de elogios de un Nobel, Cementerio de pianos, una historia familiar en varios tiempos —que incluye al corredor olímpico portugués Francisco Lázaro, muerto en los juegos de 1912— está muy bien y muestra a Peixoto como un gran autor. Saramago tenía razón.

 

CEMENTERIO DE PIANOS

Autor: José Luis Peixoto Editorial: Casa Editorial Hum

 

 

 

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El Observador, Outubro de 2016

19.10.16

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C.Pazos
 
 
Los tatuajes y los piercings que luce José Luís Peixoto parecen más de un músico de la escena underground que de un ganador del premio literario José Saramago y que ha sido traducido a más de 16 idiomas. Y es que las apariencias, como siempre, engañan. Extremadamente amable, Peixoto conserva la humildad del hombre de campo: nació en Galveias, un pueblito perdido en el interior de Portugal. Tiene 42 años, está casado y tiene dos hijos a los que "adora", dice. Y dice que el peor día de su vida fue el que murió su padre, al que no deja de extrañar nunca. En un muy correcto español afirma que en Sudamérica –por donde pasó hace algunas semanas, y en concreto por Montevideo para la Feria Internacional de Libro– se encuentra como en casa.
 
 
Es poeta, novelista, dramaturgo, escribe cuentos y colabora en varios diarios. Pero si tuviera que elegir un rubro, ¿cuál sería?
Es difícil elegir, la verdad. Yo empecé por la poesía y creo que siempre está presente en todo lo que escribo. Pero si tuviera que optar por uno solo, diría que es la novela, porque para mí siempre es un desafío, un reto. Cada una de ellas.
 
En Uruguay se han publicado tres libros suyos: Te me moriste, Cal y Cementerio de pianos. En todos la emotividad está en primer plano y hay una lucha entre la vida y la muerte. ¿Por qué?
Creo que la emotividad es la esencia de mi literatura y que también lo es en lo personal. De todos modos, quiero decir que no creo en esa separación artificial que pone de un lado a lo emotivo y del otro a lo intelectual, a lo racional. Creo que siempre van juntas, una al servicio de la otra. Por otra parte, el tema de la muerte es la gran cuestión de la humanidad. Se sea religioso o no, el asunto está siempre presente para todos porque forma parte de la vida, le da sentido.
 
Cementerio de pianos, con su emocionante saga familiar y la tragedia del personaje central, podrían inscribirse en la tradición latinoamericana. ¿Comparte esta opinión?
Sí, definitivamente. Los escritores latinoamericanos han sido una gran influencia para mí. Estoy convencido de que los portugueses tenemos mucho en común con todos los países de este continente. Hay una misma sensibilidad, una determinada manera de ver la vida y la muerte y una concepción del amor que es muy parecida.
 
¿Qué es Portugal?
Diría que somos un país que tiende a dudar constantemente de su identidad. En parte se debe al contraste entre lo que fuimos y lo que somos. Tenemos detrás una historia de grandezas. Por ejemplo, llegamos a pie a la India y fuimos un imperio. Y también tenemos todo lo contrario: miserias, dictaduras y un largo etcétera. Por eso creo que como país tenemos una visión bipolar: un día somos los mejores y al otro, un desastre.
 
A pesar de que se doctoró en literatura inglesa y alemana, lleva una referencia a William Faulkner tatuada en el brazo. ¿Por qué?
Forma parte de mi particular relación con la literatura. De muy joven leía escritores portugueses, sobre todo poesía. Luego pasé a los franceses y de ahí a los alemanes e ingleses, para al final cruzar el charco rumbo a América. William Faulkner me impresionó mucho, me fascinó. Pero el tatuaje (Yoknapatawpha) lo llevo no solo por admiración a Faulkner, sino por el significado de esa palabra compuesta de origen indio: "Agua que fluye lentamente entre las llanuras". Esa frase resume mi filosofía de vida.
 
¿Qué conoce de la literatura uruguaya?
Mi relación con la literatura uruguaya es muy salvaje, aleatoria. Al que más he leído es a Horacio Quiroga, impresionante. El almohadón de plumas, sin ir más lejos, es una maravilla. También leí algunas cosas de Eduardo Galeano, muy diferente.
 
Hace poco realizó un viaje a Corea del Norte. ¿Para qué?
Para estar dentro del secreto. Fue un delirio, pero tiene su explicación. Se debe a que no quería seguir un camino que parecía trazado de antemano. Con 25 años tuve mucho éxito en mi país y gané varios premios literarios. Diez años más tarde me di cuenta de que estaba atrapado en un ciclo perverso: escribir novela tras novela hasta mi último día. Y me rebelé contra ese destino: busqué hacer algo diferente. Y de esa visita a Corea del Norte está naciendo un libro distinto, que pronto saldrá a la luz.
 
¿Para qué escribe?
Escribo porque sé que hay un montón de cosas que no voy a hacer y la literatura me permite acercarme a esas muchas vidas que no voy a vivir. Además, escribir es una forma de pensar el mundo y de verme a mí mismo como yo soy realmente. Escribo para ser y para que los demás existan a través de mis libros.

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La Diaria, Setembro de 2016

29.09.16

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El silencio y la furia 

 

Como si fuera uno de sus propios personajes, José Luís Peixoto siente todos los años que pasaron, las historias de las que se fue despojando, los lugares que ha perdido, como se pierde una cosa, y sin poder olvidarlos. Casi como un personaje onettiano, Peixoto reflexiona desde un silencio que lo antecede. Pero, con un gesto definitivo, el escritor exorciza la escena: en el brazo derecho lleva tatuado “Yoknapatawpha”, el territorio mítico y sureño de William Faulkner. Y es que su verdad, al igual que la de Faulkner, siempre será una cuestión de ritmo. Hace tiempo que Peixoto dejó de ser el “nieto literario” de José Saramago y se convirtió en uno de los escritores portugueses con mayor proyección internacional, además de que su obra ha sido traducida a más de 20 idiomas. En Uruguay, Hum ha editado dos libros suyos, Historias de nuestra casa, en 2009 (con textos de 2000 y de 2007), y ahora Cementerio de pianos (cuyo original en portugués es de 2006); en ambos se descubre una narrativa contundente, con la que llega a consolidar verdaderos poemas escritos en prosa.

 

“Ayer me vinieron a contar que el hijo de Peixoto escribió sobre mí en un libro [...] si estuviera escrito de la manera que la gente acostumbra a hablar, no habría de estar escrito en un libro, ¿no es así? Puedo ser viejo, puedo no saber una letra, pero hay muchas que todavía sé”, se lee en uno de sus cuentos. Sus historias épicas se construyen a partir de una cadencia implacable y una potencia simbólica desgarradora, como en Cementerio de pianos, la novela inspirada en Francisco Lázaro, un carpintero portugués que compitió en la maratón de los Juegos Olímpicos de 1912, desfalleció mientras corría y murió.

“La edad de las manos”, el primer relato de Historias de nuestra casa, ya define esa singular mirada de Peixoto, que por momentos adquiere una autonomía delirante y onírica, y por otros se vuelve un auténtico documento de vida. Otros alternan padres que envejecen, fiebres incendiarias, campos, huertas, cuerpos.Cementerio de pianos avanza a partir de un relato a dúo entre el maratonista y su padre: “Cuando empecé a enfermar, pronto supe que iba a morir. En los últimos meses de mi vida, cuando conseguía hacer a pie el camino entre nuestra casa y el taller, me sentaba sobre un montón de tablas y, sin ser capaz de ayudar en las cosas más simples: igualar el marco de una puerta, clavar un clavo: me quedaba viendo cómo Francisco trabajaba ensimismado, en medio de una niebla de motas de aserrín. De joven yo también era así”, dice al comienzo Francisco Lázaro padre. Se trata de un recorrido a dos voces en el que se va registrando la vida, la muerte y sus continuidades, las distintas versiones del amor, el duelo y las miradas de niños que no comprenden. Así es cómo, a través de los sonidos, los silencios y los vínculos, se va cimentando un mundo increíblemente plástico y multiforme, en el que los personajes comienzan a mimetizarse, como las piezas de esas decenas de pianos en desuso. Se trata de una escritura sobre esas zonas misteriosas, que no conocemos del todo y que se repliegan como un último intento de supervivencia.

¿Recién llegás de Rivera?

-Sí, estuve en una escuela y en un centro de formación [docente]. No tenía idea de que existía un lugar en el mundo donde el portuñol se hablaba de una manera tan sistematizada. En Portugal, cuando hablamos de portuñol es como un chiste, que en el fondo quiere decir que la gente no habla bien español pero lo intenta, y por eso los mezcla. Pero en Rivera es toda una cultura plasmada en esa mezcla de la frontera. Me impresionó muchísimo, sobre todo porque yo nací en un pueblo a 60 kilómetros de la frontera [con España]. Ya tengo para leer la novela Viralata[de Fabián Severo].

Tus personajes son fundamentalmente obreros, ¿tiene que ver con tu proximidad a ese mundo?

-Sí, y esos son mis libros que están disponibles aquí. Ahora está saliendoGalveias [traducido por Pilar del Río, viuda de Saramago] -que es el nombre de mi pueblo-, y es un libro en el que esa realidad está muy presente. La vida de esa región es muy rural, y se trata de una ruralidad en la cual la gente trabaja para otros. Son áreas de latifundio, donde muy pocos son propietarios de la tierra y muchos son los que trabajan para ellos. Esa es la realidad que conozco desde que nací. Como se puede ver en Historias de nuestra casa y Cementerio de pianos, yo empecé por escribir sobre los asuntos que me eran más cercanos, como mi familia o ciertas cuestiones muy íntimas. Así fue como el círculo se amplió: hoy en día ya tengo ocho libros entre distintos mundos y temáticas. Por ejemplo, en mayo salió en España un libro escrito a partir de un viaje a Corea del Norte.

¿Ahí también se puede rastrear a Portugal?

-Sí, claro. En los otros siempre encontramos algo de nosotros mismos. De alguna manera, la literatura siempre busca al ser humano. Independientemente del espacio, de la cultura y del tiempo, lo humano es algo que permanece y que, en cierta dimensión, todos compartimos.

¿Cuánto determinan a tus personajes esos paisajes rurales o pueblerinos?

-En lo personal, y por mi experiencia, ese es un tema que me habla mucho. La cuestión de lo rural y lo urbano implica ciertos aspectos que, cuando uno los profundiza desde lo más absoluto, pueden llegar a lo mismo. Pero el hecho de considerar la ruralidad implica una visión de cuánto influye la proximidad de la naturaleza, o el alejamiento de ella, en el modo en que uno vive y entiende la vida. La vida pueblerina tiene ciertas características que la diferencian de la vida en la ciudad, y creo que una de las más importantes y fundamentales es esa de la proximidad con la naturaleza. Porque ese acercamiento se percibe en cómo uno entiende la muerte y el tiempo. Hay otros aspectos también importantes, por ejemplo en la dimensión social, como el hecho de vivir en una comunidad en la que todos se conocen, con lo que tiene de bueno y de malo, por la vigilancia y por cuánto el colectivo condiciona opciones y libertades. Para mí eso se vuelve muy natural, no sólo por lo que Portugal tiene de urbano y de rural, y por el contraste entre esas realidades, sino también porque crecí en un pueblo de 1.000 personas y hace 20 años que vivo en Lisboa.

En Cementerio de pianos, Francisco Lázaro es un hombre pobre que sólo se hace visible mediante su participación y muerte en los Juegos Olímpicos.

-Él es un símbolo nacional: por un lado, es muy interesante el hecho de que haya formado parte de la primera representación de Portugal en los juegos. De alguna manera, es una metáfora de un país bipolar, extremamente entusiasta, determinante y optimista; y luego muy derrotista, con un desánimo insoluble. Francisco Lázaro también tiene esa dimensión. En la novela, él desempeña un papel estructurante, sobre todo en lo que es esa familia. En Portugal, Francisco es un personaje que la gente no conoce muy bien; muchas veces se dice “ah, sí, ya escuché esa historia”, pero no es un relato presente a nivel popular. A su vez, él es una señal de su tiempo, porque en aquel momento Portugal vivía su primera república, después de salir de la monarquía, y el principio del siglo XX fue un período muy convulsionado de la historia portuguesa. En la novela decidí distanciar a Francisco Lázaro de su tiempo histórico; en ningún momento se hace referencia a que están en 1912, como ocurrió en la realidad.

También hay otros personajes que comparten esas características, sobre todo las mujeres, que por momentos pueden dar señales de una desolación total, pero en general se vuelven resilientes.

-En cierto modo eso es un reflejo de lo que representan las mujeres en el Portugal tradicional: un ambiente colmado de diferencias, una sociedad en la cual las mujeres y los hombres tienen lugares muy asignados. También tiene que ver con el lugar de los géneros como se entiende en una sociedad católica. Portugal es un país donde más de 99% de la población es católica. Toda esa manera de mirar el mundo es la que está muy presente. En lo que respecta a las mujeres, hay un respeto de las normas sociales, pero eso no significa, necesariamente, que las mujeres sean débiles. Y como ocurre en tantas otras sociedades del mundo, muchas veces las mujeres no tienen un rol tan reconocido, pero son el pilar de la mayoría de las cosas, y eso es lo que está más desarrollado en la novela. Incluso en las historias son el pilar que sostiene a los hombres y a sus debilidades, que muchas veces son tabú, de las que no se puede hablar, que no se pueden mostrar mucho, pero que, cuando surgen, en realidad son las mujeres las que se sacrifican para que ellos puedan mantener su posición de fuerza.

En un momento, en la novela se dice “El tiempo no tiene voluntad, tiene instinto”, y los personajes parecen seguir ese mismo rumbo de impulso.

-Sí, en la novela hay una tesis que la atraviesa, y que tiene que ver con las generaciones y con lo que uno hereda del pasado. No somos de generación espontánea. Hay muchas cuestiones que llevamos con nosotros casi que por herencia de nuestra civilización. Cuando nacemos, formamos parte de determinado medio, de una determinada sociedad, de la cual adquirimos valores y aprendemos maneras de mirar y comprender el mundo. Años más tarde, cuando ya tenemos conciencia y nuestras propias ideas y visiones, ya estamos condicionados por esa matriz. Es cierto que tenemos la posibilidad de rechazar muchas prácticas, pero también es cierto que la matriz se define desde muy temprano, de manera que muchas veces no tenemos conciencia de eso, y tampoco se vuelve una decisión personal. Por eso el libro también habla de la familia; si bien en la realidad la mayoría no es tan estructurada como esa, es un ejemplo que se vuelve sugerente.

Es sugerente acerca de lo generacional, y también de lo efímero de la vida: “A la hora de poner la mesa éramos cinco [...], mientras uno de nosotros esté vivo, seremos siempre cinco”.

-Cuando hablaba de la proximidad con la naturaleza en los pueblos, creo que esa es una de las cosas que hacen mucho la diferencia. Si vivís en un pequeño pueblo, conocés a muchos perros, y los perros mueren; tenés un conocimiento largo de gente de muchas edades, y la gente se muere. La muerte se vuelve más presente, porque la muerte en sí misma es natural. Es totalmente antinatural mantener a las personas vivas indeterminadamente. Y nosotros vemos -aunque siempre sea un tema sensible- que hoy en día la mayoría de las personas llegan a sus últimos años viviendo de una manera antinatural. No sé cómo es en Uruguay, pero en general las muertes son en hospitales, lugares donde se prolonga la vida sin importar su calidad ni si todavía sigue siendo una vida, ni si realmente se conservan las características esenciales de lo que realmente es estar vivo.

Pero a la mayoría de los personajes les pesa eso que comienza a faltar y que se pierde para siempre, sobre todo en Historias de nuestra casa.

-Esos cuentos pertenecen a dos libros distintos, Te me moriste [su primera novela, de 2000] y Cal [2007]. Lo que todos los relatos tienen en común es el hecho de que los protagonistas siempre son mayores, tienen 70, 80 años. Y muchas veces pertenecen a un mundo rural. Algo muy impresionante que viví desde mi niñez es la convivencia con gente muy mayor. Una característica muy marcada de mi región es el envejecimiento de la población. Es un lugar donde hoy en día casi no hay niños, porque Portugal -como Uruguay- es un país muy centralizado. Aunque no tenemos una ciudad con una diferencia de población tan grande como la de Montevideo, allí el desequilibrio está entre el litoral -del lado del océano- y el interior -del lado de España-. En el interior no hay muchas oportunidades de empleo, la agricultura está muy abandonada, y los jóvenes emigran al litoral, o al extranjero. Entonces, esos relatos no sólo están tocados por el desánimo del fin de la vida, sino también, y de una manera tal vez más importante, por el desánimo con respecto a grandes cambios, y el gran descenso de la vida en esas regiones. Es muy deprimente. Y te puedo decir que mi región, Alentejo, es la que tiene mayores tasas de suicidio. Curiosamente, esos suicidios ocurren entre las personas mayores, que se matan cuando dejan de ser autosuficientes. Creo que esto habla mucho del sentido de dignidad de las personas. En realidad, si conoces todos esos sitios desde antes, hoy en día es muy duro verlos.

Otros de los protagonistas sueñan con ser jóvenes, y en ese gesto alcanzan la felicidad, aunque sea momentánea y quimérica.

-Ese es un cuento que también incluye mucha ironía vinculada con la cuestión de la edad, algo muy importante para pensar el tiempo de la vida, en el sentido de que la edad es muy relativa, y nosotros vivimos de una manera muy curiosa, porque cuando comenzamos a acostumbrarnos a una edad, y a una posición en el mundo, todo cambia, y debemos transformarnos en otra cosa. O sea, cuando ya estamos bien posicionados con tener 20, despertamos y ya cumplimos 30. Luego, en un tramo, ya tenemos 50, y un día nos descubrimos con 70. Y, curiosamente, cuando tenemos 70 sigue siendo muy parecido a cuando teníamos 20. Paradójicamente, cuando llegas a una determinada edad, miras hacia atrás y piensas en cómo veías a las personas de tu edad, y ahora la tienes. Por eso, el cuento hace un salto entre las dos edades, y hay cierta soberbia y arrogancia del personaje joven.

Propia de la juventud.

-Claro, como cuando Oscar Wilde decía “ya no soy lo suficientemente joven como para saberlo todo”. Me interesa reflexionar sobre eso. Alguien cuyo nombre no recuerdo decía “nunca seré viejo, los mayores siempre tendrán 15 años más que yo”. Es interesante. Hay un aspecto que me lleva de nuevo a Cementerio de pianos, y es el momento en que uno llega a la edad que tenían sus padres cuando nació. Yo ya tengo más de esa edad. Hoy en día me veo con la edad que tenían mis padres cuando yo era niño, y tengo memoria de cómo los miraba a ellos cuando tenían esa edad. Para mí es increíble mirar a mi hijo y ser consciente de cómo él piensa, o de cómo él me puede ver. Muchas de esas cosas que la gente lleva de una manera muy libre, como amar, o vivir, o tomar decisiones, son un proceso y un desafío intelectual muy fuerte.

“El hombre que está sentado a la puerta” es un cuento que se diferencia de los demás y que hasta puede leerse como una declaración de principios, en la que se cruzan el autor, su representación y su mundo de ficción.

-Me encanta cruzar dimensiones. La literatura lo hace desde hace mucho tiempo, [Julio] Cortázar y [Jorge Luis] Borges lo hicieron siempre. Y creo que, más que autobiografía, eso siempre tiene alguna verdad, en el sentido de que la existencia está hecha de múltiples capas, de diversas realidades, y unas no son más reales que otras. Tenemos que intentar considerarlas todas, para así poder contar con una conciencia lo más plena posible. Es cierto que el hijo de Peixoto de ese cuento existe. Y soy yo en cierta parcela, porque yo no soy sólo el hijo de Peixoto, ni siquiera sólo soy ese hijo de Peixoto. Cada persona siempre es mucho más compleja y, de alguna manera paradójica, nos trascendemos a nosotros mismos. No alcanzamos a tener esa conciencia plena. No es posible, somos más grandes que nuestra propia comprensión. Traer lo autobiográfico, la ficción, lo fantástico, lo social, lo realista, es un intento de expandir la visión de los lectores a través de sugerencias que les plantean un esfuerzo. El texto, a través de distintas estrategias y temas, siempre se vuelve una máquina que plantea al lector un trabajo que él mismo deberá realizar.

Antes de terminar, ¿es cierto lo del tatuaje faulkneriano?

-Ah, no, eso es mentira... [Después de arremangarse la camisa y mostrarlo, dice:] Sí, y no era muy joven cuando lo hice.

¿Es un intento de materializarlo?

-Sí, tiene mucho que ver con eso. Y es algo que a mí me habla mucho. Mira, hace 16 años que hago mi vida alrededor de la literatura. Y si bien siempre ha estado presente en mi vida, ahora es algo que hago profesionalmente. Y esto es algo que nunca había imaginado. Entonces, para mí es increíble y fascinante llegar a un país tan lejano del mío como este, y verte llegar con mi novela, y que me hables del hijo de Peixoto, y de cosas que en un momento sólo existieron en mi mente, en mis visiones personales. De alguna manera, eso es algo que también está presente aquí [señala su tatuaje], porque Yoknapatawpha es un lugar que no existe físicamente, pero que sí existe para todos los que conocen esos libros y tienen la generosidad de darle cuerpo, como siempre ocurre con la lectura. Al mismo tiempo, Faulkner me encanta. Esa palabra es un neologismo de los Chickasaw, una tribu de Mississippi, y significa “agua que corre despacio por las llanuras”. Esto es algo que me habla mucho, y que también tiene mucho que ver conmigo.

 

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Expresso, Agosto de 2016

28.09.16

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10 Perguntas a...

  1. As palavras gastam-se?

Não creio. Somos nós que nos gastamos. Ou, melhor, somos nós que, se não estamos atentos, nos deixamos gastar.

 

  1. Vários erros ortográficos podem dar cabo de um romance?

Há erros ortográficos feios. Ainda assim, existem os revisores e, nalguns casos, as segundas edições.

 

  1. Como nas canções com que chorámos, também a dor é mais rentável nos livros?

Não sei dizer. Aquilo que me parece desejável é que, sendo a literatura uma realização humana, não se iniba de produzir reflexão sobre algo tão humano como são os sentimentos. Acreditar que a inteligência é isenta de sentimentos é irracional, não é inteligente.

 

  1. Em Portugal temos mais dificuldade em lidar com o sucesso ou essa 'condenação' é universal?

Em Portugal ou noutros países, não me parece que exista uma condenação do sucesso. O sucesso é sempre valorizado. Mas, claro, o sucesso é bastante relativo, o que faz com que uns condenem aquilo que outros valorizam e vice-versa.

 

  1. O que te fez continuar (mais importante do que começar)?

Quando há alguma consciência, continuar é um início permanente. Ainda assim, mesmo alimentando esse desejo de consciência, não me é fácil identificar em poucas linhas tudo o que me dá energia para viver.

 

  1. Na escola devíamos aprender que os homens também choram?

Sem dúvida. Incomoda-me a superficialidade do debate "homens vs. mulheres" e a atribuição de características masculinas ou femininas. Acredito que as diferenças são biológicas e que a diferenciação é incutida socialmente.

 

  1. Qual foi o primeiro livro que te fez sentir especial?

Eurico, o Presbítero, de Alexandre Herculano, foi um livro que li na adolescência e que me marcou muito. Foi um dos primeiros que me chamou a atenção para a escrita.

 

  1. A um filho teu lês Sophia ou Camões?

Desde que os meus filhos sabem ler que não tenho hábito de lhes ler livros. Para grande satisfação minha, os meus filhos são ótimos leitores. Eles próprios decidem o que querem ler.

 

  1. Combates o estatuto de pop star da literatura portuguesa?

Não creio que esse estatuto seja real. Trata-se de uma ideia que é referida periodicamente em entrevistas como esta. No entanto, é certo que acredito na importância e na necessidade do leitor - a obra depende dele; também é certo que sempre preferi divertir-me e agir naturalmente do que fazer planos rígidos acerca da imagem que projeto para os outros.

 

  1. Ainda fazes piercings?

Há 14 anos que não tenho piercings novos.

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Ponto Final, Julho 2016

19.07.16

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“É muito difícil escrever se não fizer um exercício de empatia”

 
 
E foi a empatia por uma certa e persistente ruralidade que levou José Luís Peixoto a debruçar-se sobre as aparições marianas de Fátima, num livro que tem sido qualificado pela crítica como o melhor de quantos lançou até ao momento. “Em teu ventre” foi ontem apresentado na Livraria Portuguesa, numa sessão que contou com a presença do autor. Em Macau pela terceira vez, o escritor, de 41 anos, regressou ao território para gravar um programa para a RTP, no âmbito de um périplo de um mês pela China, país que deverá começar a publicar as suas obras a partir do próximo ano. José Luís Peixoto em discurso directo.
 
 
 

PONTO FINAL: Terceira vinda a Macau e Terceira vinda por motivos muito distintos. Depois da participação no Festival Literário “Rota das Letras”, uma visita quase de médico e agora um segundo regresso para dar a conhecer Macau como destino turístico. A que préstimos se presta esta terceira vinda?

José Luís Peixoto: Para mim, estas oportunidades de vir a Macau são todas bem-vindas. Desde a primeira vez que fiquei com muito boa impressão. É claro que Macau é sempre um destino muito especial para os portugueses e confirmei isso nessa altura. Todas as visitas têm aprofundado um pouco essa minha primeira impressão. Neste momento, esta visita acaba por ser para mim num papel que me é pouco comum e que, para mim, é uma experiência inédita, mas que também por isso é bastante agradável e que tem que ver com um programa de televisão associado à revista “Volta ao Mundo”, que é uma revista de viagens que se publica já há mais de vinte anos em Portugal e na qual tenho colaborado regularmente nos últimos sete anos e que agora tem este programa que passa na RTP3 – e que neste momento está acessível internacionalmente através da Internet – mas que esperamos também que possa chegar aos canais internacionais da RTP brevemente. No mês de Novembro, esse programa vai ter a sua edição dedicada a Macau. No fundo o que vamos fazer são quatro episódios, que vão ser apresentados semanalmente durante o mês de Outubro.

 

Aproveitaram para matar dois coelhos de uma cajadada, digamos assim …

J.L.P: Sim. Estando aqui tão perto de Hong Kong, chegamos com uma semana de antecedência para também fazer uma visita aos lugares mais simbólicos do ponto de vista do visitante internacional, nomeadamente do possível visitante português e, ao mesmo tempo, desta forma tentar criar um retrato de Hong Kong que possa ser cativante, porque efectivamente, apesar de serem nomes que as pessoas ouvem com muita frequência sinto que ainda há muito desconhecimento quer sobre Hong Kong, quer sobre Macau. Todos estes contributos para que as pessoas se possam abeirar, de alguma forma, um pouco mais destas realidades acho que são válidos. No caso de Macau, a ligação é ainda mais relevante devido a alguns aspectos particulares, que advêm da nossa relação histórica …

 

Esta empreitada que nasce de um périplo mais largo pela China. Está há um mês neste lado do mundo …

J.L.P: Sim. É verdade.

 

Esteve na República Popular da China, num encontro de poesia. É um país que já se habituou a conhecer melhor …

J.L.P: Todas estas viagens acabaram por ficar concentradas numa só porque não faria sentido chegar a Portugal e regressar a este lado do mundo, uma vez que todos estes destinos eram relativamente próximos. Efectivamente cheguei duas semanas antes e uma parte desse período, passei-o na província de Sichuan, num festival de poesia, que para mim foi muito interessante pela oportunidade de contactar com poetas chineses, pela possibilidade de dar a conhecer o meu trabalho ao público chinês. Estive antes disso em Pequim, onde falei com os estudantes da Universidade de Estudos Estrangeiros de Pequim, naquilo que foi uma experiência muito agradável, também pela surpresa que para mim constituiu encontrar estudantes chineses a falar português, com tanta perfeição e com um vocabulário tão vasto. Aos mesmo tempo, também foi uma oportunidade para desenvolver alguns contactos no âmbito de projectos futuros que espero ter já no próximo ano, com a China, nomeadamente a edição de livros meus, que é algo que neste momento tenho já muito garantido de que irá acontecer já no próximo ano…

 

Já era possível, de resto, encontrar alguns trabalhos de José Luis Peixoto em chinês. Poemas, sobretudo …

J.L.P: Sim, sim. Tem acontecido algumas publicações, mas não é muito fácil na medida em que se trata de universos muito distintos. O mundo editorial da Europa e o mundo editorial chinês têm particularidades próprias e a comunicação não é particularmente fluída. De certa forma, esse trabalho de aproximação, no âmbito da literatura, eu parece-me que acaba quase por se ter de ultrapassar uma barreira civilizacional, porque a literatura acaba por transportar uma grande quantidade de valores que estão muito ligados à história, que estão muito ligados à cultura mais visceral de um povo. Por isso, este tem sido um caminho mais ou menos longo, que no meu caso já passou por edições em mandarim na Internet. Houve, durante um período, um projecto de três estudantes de Pequim, que alimentavam um blogue com traduções de textos meus em mandarim, o que meu deu muito prazer. Ao mesmo tempo, também permitiu encontrar alguns leitores dispersos, mas que acabou por ser uma janela pequena para esse mundo imenso que é o universo dos novecentos e tal milhões de falantes de mandarim, mas agora, neste momento, está em perspectiva aquilo que eu acho que é a ambição de qualquer escritor e que é ver um livro seu publicado, impresso em papel neste universo gigantesco.

 

Era uma lacuna? Para um escritor com uma faceta cada vez mais internacionalizada, como é o caso do José Luís Peixoto, é importante chegar ao público chinês …

J.L.P: Bem, eu nunca senti isso como uma lacuna, na medida em que não é possível, acho eu, para um autor ocidental – seja europeu ou de outro rincão do dito Ocidente – contar com uma edição na China. A China é de tal forma uma outra realidade dentro deste âmbito literário que, realmente, nem se imagina uma tal possibilidade. Agora, uma coisa é certa: é muito recompensador. É um prémio, de certa maneira. Eu se calhar nem devia falar tanto. É muito pouco oriental falar assim de uma coisa que ainda não aconteceu, mas efectivamente eu sou português.

 

Todas estas viagens que o José Luis Peixoto tem feito ao longo destes últimos anos, mudaram alguma forma o modo como escreve o rapazinho que nasceu nas Galveias?

J.L.P: Seguramente. Não tenho qualquer dúvida disso. Efectivamente, aquilo que muda a nossa maneira de ver, que muda a nossa maneira de pensar, acaba necessariamente de ter reflexos na nossa maneira de escrever, que é a nossa maneira de nos exprimirmos e que é o fruto daquilo que vemos e daquilo que pensamos. Ainda assim, tendo em conta que eu vou acompanhando com uma certa atenção esses meus processos individuais, porque a escrita também o exige, eu creio que efectivamente há aqui uma dicotomia que é muito intensa nos dois âmbitos e que tem que ver com a ligação a um espaço muito concreto, que para mim é uma ligação muito presente. Ainda hoje, aqui em Macau, sonhei com as Galveias. Também há, no entanto, uma necessidade muito grande da minha parte de me afastar das Galveias e de ir para outros lugares que, em certa medida, são – pode-se mesmo dizer – antagónicos a essa realidade. É paradoxal, não tenho uma resposta muito completa que explique essas duas pulsões e essas duas realidades, mas é um facto que as duas estão muito presentes na minha vida e eu não rejeito nenhuma delas. Muitas vezes sinto que o meu trabalho é dar notícias das Galveias ao mundo e dar notícias do mundo às Galveias. Às vezes estou a fazer uma dessas tarefas e às vezes estou a fazer a outra.

 

Durante a sua primeira passagem por Macau, em 2012, mostrou-se fascinado com este mundo dos casinos, pela estética dos casinos, pela própria forma como os casinos brincam com a noção de tempo. Isto é algo que ainda exerce sobre si algum apelo? Ou aquilo que era uma novidade na altura sumiu-se?

J.L.P: Neste momento já não sou capaz de recordar muito concretamente daquilo que disse nessa ocasião, até porque já passou algum tempo e já não sei exactamente qual era a minha intenção na altura. Sei, no entanto, de uma coisa: a minha postura perante a realidade nunca é de rejeição ou de fechar os olhos ou de construir tabus. No que diz respeito a Macau, os casinos muitas vezes, sob uma certa perspectiva, são um incómodo no que diz respeito ao discurso que se tem sobre Macau e eu isso acho pouco interessante, na medida em que os casinos são uma realidade importantíssima de Macau. Retratar Macau sem os casinos não é retratar Macau, porque eles estão aqui e são, em muitos aspectos, o motor daquilo que Macau é hoje em dia. É claro que, se calhar – e não sei se era a isso que me referia há quatro anos nessa intervenção – para um romancista, para alguém que escreva romances, os mundos são muito atraentes, assim como é atraente a ideia de se encontrar um mundo. Nos casinos, efectivamente, existe ali um mundo que constrói uma grande quantidade de paredes artificiais em relação ao outro mundo. Falo não só das paredes físicas, mas também de todas essas paredes de fantasia que pretendem edificar aquela quimera para quem sonha com fortuna. Isso é muito interessante. Não rejeito isso. Não é a minha realidade, mas eu também não me interesso só pela minha realidade. Muitas vezes até são as realidades mais distantes da minha que mais me cativam.

 

Se se interessasse apenas pela sua realidade, não tinha porventura visitado a Coreia do Norte. É um país que o ilude? Ou que o desilude?

J.L.P: Neste momento, em que já tive a oportunidade de regressar à Coreia do Norte, é um país que me fala de uma maneira muito particular, na medida em que também, e com o passar do tempo, já desenvolvi algumas relações pessoais até com a própria realidade daquele espaço e que também é uma realidade muito inusitado e muito distante da minha. Agora, penso sobretudo que é um país que me ilude, mais do que desiludir, até porque eu não tive nenhuma ilusão em relação à Coreia do Norte. Sinto, também, que me ilude bastante na medida em que, quanto mais tento aprofundar o meu conhecimento, mais dúvidas tenho. Quanto mais vou dando como certo em relação a esse país, mais me apercebo da quantidade de aspectos para os quais não encontro qualquer resposta.

 

Nesse sentido, estamos perto ou longe de ter a Coreia do Norte como protagonista de um qualquer trabalho seu?

J.L.P: Não sei dizer. Neste momento não penso nisso. Também é verdade que, de modos que, muitas vezes só eu é que consigo identificar, a Coreia do Norte vai entrando aqui e ali. Como dizia há pouco, tudo aquilo que muda a maneira de ver e de pensar, depois tem reflexos.

 

Apresentou ontem, na Livraria Portuguesa, “Em Teu Ventre”, aquela que tem sido louvada como a sua obra mais completa até ao momento. Neste livro aborda aquele que foi, provavelmente, o maior acontecimento da história do século XX português, mais até do que a independência das antigas colónias ou outras vicissitudes políticas. É um acontecimento que deixou e continua a deixar uma marca indelével sobre Portugal, mesmo cem anos depois. Porquê Fátima? Porque as aparições da Cova da Iria? Porque arriscar o seu nome com um tema que é, por si mesmo, um tema polémico?

J.L.P: É curioso porque uma das minhas principais intenções ao escrever o livro era que ele não fosse polémico, o que é um pouco fora do habitual, mas no caso deste tema parecia importante porque aquilo que é mais fácil, parece-me a mim, em relação à questão das aparições de Fátima é entrar em polémicas e, efectivamente, com uma única frase acho que seria fácil criar uma provocação que, eventualmente, fosse polémica e para mim, uma parte dos objectivos a que me propunha, era evitar sempre essa frase, na medida em que em relação a Fátima sentia – e ainda sinto – que existe muita dificuldade de tratar o tema. Existem alguns discursos que estão já mais ou menos estabelecidos e que são muito maniqueístas: um é a favor e outro é contra. Um crê e o outro é céptico ou mesmo descrente e eu sentia a falta de um terceiro discurso que, pura e simplesmente, não tivesse necessidade de se definir sobre essa bitola, mas que ao mesmo tempo trouxesse alguma informação pertinente e que pudesse também contribuir para um esclarecimento e para um debate sobre o assunto. Foi nessa perspectiva que eu me propus a tratar este tema, tendo em conta que havia diversos aspectos nele que me atraíam e que não passavam apenas pela questão religiosa. Interessava-me também o próprio retrato de Portugal que fica presente naquela história. Senti que um tema como este tem uma vertente bastante importante subjectiva, ainda que seja inegável que também tem uma vertente inescapável objectiva e,  nesse sentido, a minha escolha – para além de alguns aspectos que acabam por ser, de certo modo, necessários num texto de ficção e que acabam por ser subjectivos – sob o ponto de vista do tratamento histórico da questão o meu interesse foi deter-me em dados e em elementos que são objectivos. Tirando uma pequena minoria que alimenta diversas versões alternativas do que aconteceu e que alimenta múltiplas especulações, de um modo geral os crentes e os não-crentes estão juntos na aceitação de uma série de dados históricos que no fundo são a relação que o livro estabelece com esse acontecimento histórico e isso é muito interessante. Para mim, foi muito interessante. Por um lado, permitiu-me desenvolver uma reflexão que eu já desenvolvi noutros livros e que me continua a funcionar por múltiplos motivos e que tem a ver com esse Portugal rural, esse Portugal eu quase diria condensado, do campo…

 

Este Portugal rural caminha quase para a extinção. O interior está abandonado, quem lá mora são sobretudo idosos. A ruralidade reinventou-se de alguma forma? As aldeias e o campo estão a morrer, as cidades crescem, mas mantém-se um certo provincialismo, passe a expressão. De que forma é que Portugal se tem reinventado em termos de costumes? Isso é algo que tenta também perceber nos seus livros?

J.L.P: Já estou nos quarentas e já sinto uma certa necessidade de me entregar a algumas reflexões mais profundas. No que diz respeito a essa questão, eu sinto que esse Portugal rural, ele não poderá extinguir-se realmente, na medida em que ele é responsável por uma série de coisas que são necessárias à sobrevivência e não me refiro apenas à agricultura e à alimentação, que são questões que têm a si imanentes a necessidade de manter um vínculo profundo à terra. Refiro-me a uma série de outras questões que, nos podemos afastar delas, mas que tarde ou cedo havemos de voltar a elas, porque precisamos delas para viver com qualidade. Refiro-me a coisas como, por exemplo, o tempo, um ritmo mais humano, uma forma de estar que seja um pouco mais desvinculada de certos valores que a meu ver se colocam às vezes que não é o deles. Eu acho que não é por acaso que muitas vezes, as pessoas quando chegam aquelas idades mais avançadas, em que já podem dispor do seu tempo de uma maneira mais livre, regressam à terra, regressam a esses espaços. É porque, efectivamente, há ali qualquer coisa que é vital e que não pode ser comprada. Ainda assim, é claro, existem evoluções, existem diferenças, mas aquilo que são as questões essenciais, aquilo que é o mais central da ruralidade acho que vai continuar a existir em certa medida no futuro da mesma maneira que hoje em dia nós nos apercebemos de que ela existe na distância espacial. Os elementos rurais na China, na América do Sul, em África ou na Europa partilham uma série de características que são transnacionais, apesar das características próprias que depois existem em cada lugar e que depois advêm das condições e da realidade de cada um. São muitas vezes esses valores que estão presentes em Portugal, até no mundo urbano e que são aquilo que nos distingue. Da mesma maneira que Macau se distingue de Hong Kong pelo seu passado e pela sua relação com Portugal, nós, enquanto portugueses, distinguimo-nos dos outros países da Europa em função das nossas características específicas e que têm que ver com aquilo que preservamos da nossa história, apesar das mudanças que também existem e que advêm da mudança de regime em 74, de uma abertura ao mundo sob o ponto de vista da cultura de massas. Nessa medida, eu sinto que enquanto portugueses é importante estarmos de bem com esse nosso lado, aceitá-lo e ao mesmo tempo valorizá-lo e em certa medida preservá-lo, uma vez que nós somos esse Portugal. Uma parte de nós é esse Portugal e estarmos de bem connosco próprios é essencial para estarmos de bem em absoluto.

 

Voltando ao seu último livro… Porque escolher a vidente que mais viveu, a mais documentada e a que deixou também um legado biográfico mais vasto? Há alguma forma de fugir aquilo que Lúcia de Jesus legou?

J.L.P: Sob o ponto de vista histórico não há dúvidas de quem é a protagonista ali. Lúcia foi quem viveu mais anos, aquela história que é comummente contada é uma simplificação daquilo que foram os dados que ela própria comunicou e, por isso, não há que fugir do testemunho dela quando se trata deste assunto, até porque muitas vezes há um detalhe que muitas vezes não é referido e que tem que ver com o facto de os dois primos de Lúcia terem tido uma experiência de vidência menos completa. Jacinta não falava e Francisco não falava nem ouvia Nossa Senhora e isso é aceite por toda a gente, não é nenhuma descoberta de ontem. Isso é muito interessante. Pequenos detalhes como esse, que normalmente ficam de fora de uma narração mais superficial desta história são muito interessantes e, efectivamente, ninguém tem interesse em esconde-los, embora, muitas vezes, contando esta história em dois minutos, eles não sejam incluídos. Sinto que, inclusivamente, mesmo para os crentes e para as pessoas para quem esta história é importante – e muitas vezes é muito importante mesmo – a simplificação deturpa porque, ao se retirar e ao se omitir certos detalhes, fica-se com uma ideia bastante diferente exactamente do que pode ter sido. Uma das reacções mais interessantes que tenho tido a este livro é, justamente, a reacção por parte daqueles que têm essa fé nas aparições de Fátima porque efectivamente ali, naquele livro – e no que diz respeito a esse aspecto do livro, porque o livro também tem outras nuances – mas no que diz respeito a esse aspecto acho que encontrou um retrato que tenta ser realista em relação aquilo que toca e aquilo que descreve efectivamente. O livro nunca descreve as aparições. Se fizesse alguma descrição das aparições estaria sempre a tomar uma posição e o meu grande objectivo era justamente conseguir descrever todo este tema sem cair na necessidade de escolher um lado.

 

Se o livro ainda não foi criticado pela Igreja Católica, é porque conseguiu …

J.L.P: Tenho tido boas críticas em órgãos da Igreja Católica.

 

Ajudou-o, de certa forma, a compreender melhor ou até a aceitar este fenómeno de Fátima, o facto de ter trabalhado neste livro?

J.L.P: Sim. Eu para mim é muito difícil escrever se não fizer um exercício de empatia. É muito importante colocar-me na posição de todas as personagens para humaniza-las, para elas não serem só uma sombra e poderem ter a ambição de algo próximo de uma pessoa. As pessoas são de outro nível e de outra dimensão, mas ainda assim esse exercício de empatia é muito importante e efectivamente, em nenhum momento, quer a escrever o livro ou, mais tarde, em entrevistas como esta – ou em apresentações do livro – de dar a minha sensibilidade em relação a esta questão na medida em que sinto que, num caso ou no outro, é sempre uma posição pessoal, porventura até uma posição íntima que me parece completamente inusitado que alguém opine sobre isso. Será sempre uma questão de fé. Quem não esteve lá a 13 de Outubro de 1917 terá sempre de exercer o seu próprio discernimento para dar uma posição sobre se existiu esse dito milagre ou não. Isso pode acontecer com respeito. Todos estão no seu direito de acreditar ou de não acreditar. Se existir respeito, não vejo nenhum motivo para uns ou outros se sentirem incomodados com a posição seja de quem for.

 

Uma última questão, de certa forma da praxe… Depois de este “Em Teu Ventre”, o que podemos esperar de José Luís Peixoto?

J.L.P: Eu neste momento estou a trabalhar num livro que tem uma viagem também. Penso que essa será a minha próxima publicação. Não vai ser este ano. Este ano de 2016 vai ser um ano em que não creio que vá publicar alguma coisa. Publiquei um livro infantil há alguns meses, mas um livro desses que realmente representa um degrau no meu caminho, acho que não vai acontecer porque este ano tenho estado ocupado com outras coisas, a viajar por exemplo.

 

Essa circunstância de progredir um degrau, é algo que lhe pesa, digamos assim? As críticas a este livro têm sido boas, de uma forma geral. A obra é louvada por muita e boa gente como o seu melhor livro até ao momento. Isto é, de certa forma, uma responsabilidade?

J.L.P: É claro que a crítica tem muita importância, porque a literatura precisa de um olhar que a analise e que a coloque no seu lugar. Acho até que o autor é o primeiro grande crítico do seu próprio trabalho, ainda que a reacção dos outros tenha também muita importância. Ainda assim, não é algo previsível. No momento em que se está a trabalhar num determinado projecto, não é fácil – e eu até diria que não é sequer possível – ter realmente a noção de como é que ele vai ser visto a esse nível. Há sempre um horizonte, no momento em que se está a escrever sobre o que os outros poderão ler naquelas palavras, mas isso não pode ser visto como determinante, até porque escapa muito a todos os planos que se possam fazer. Nessa medida, sem querer fugir a isso, a realidade é que o grande desafio é sempre pessoal e isso não é pouca coisa, porque o crítico mais severo, o mais exigente acaba por ser o próprio e efectivamente a superação tem que ser medida pelo próprio. Muitas vezes é aí que reside a dificuldade de tudo o que advém deste tipo de projectos e é claro que eles, em certa medida, são cada vez mais exigentes e são cada vez mais ambiciosos, até porque há essa necessidade. Se não for assim, pessoalmente não me sinto a evoluir, não sinto o desafio cumprido. É sempre importante que exista uma meta e que essa meta fique um pouco além do que já se alcançou e que chegue um momento em que se consiga acreditar que se alcançou esse objectivo, embora tudo isto seja mais fácil de dizer do que fazer, porque há muitas dúvidas e há muitas questões, mas se isso acontecer, depois, na hora de publicar, sejam quais for as reacções está-se preparado para elas porque também se tem uma consciência mais ou menos fiel daquilo que se fez.

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Brotéria, Fevereiro de 2016

29.02.16

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Jornal de Letras, 11 Novembro 2015

18.12.15

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DEZ NOTAS

 

Enquadra-se o último romance de José Luís Peixoto (JLP), Em Teu Ventre, em dez notas literárias, que se intentam constituir como âncoras de leitura:

 

  1. MEMÓRIA HISTÓRICA: um dos mais importantes elementos enquadradores do romance é constituído pela história de Fátima e pela multiplicidade da sua hermenêutica religiosa e ateia. Como é possível escrever sobre Fátima sem cair na repetição do "já dito", do "já sabido", do "já conhecido"? Como elevar a um patamar estético a biografia dos Pastorinhos e a hierofania das Aparições? JLP solucionou estas questões optando, de um modo original, primeiro, por não ceder à facilidade do realismo; segundo, postado num equilíbrio de cortar a respiração em cada capítulo - por respeitar as Aparições sem as envolver no dilema maniqueísta entre verdade e falsidade (cf. epígrafe de Alain Badiou); terceiro, por apostar no lirismo como manto envolvente da narrativa, espiritualizando-a;

 

  1. BÍBLIA: texto-matriz alimentador do romance. É um texto-arca, um texto-fonte para o autor, que com ele dialoga continuamente na sua obra, como já sucedera em Nenhum Olhar, Uma Casa na Escuridão, e Cemitério de Pianos. Texto inspirador, no plano da expressão, que sustenta o estilo bíblico da intervenção de Deus como narrador, um Deus que, no romance, ganha o estatuto ficcional do ser do texto e não como transposição religiosa verdadeira;

 

  1. NARRATIVA COMO TELA: o romance evidencia-se como uma tela visual, cinematográfica, na qual as imagens avulsas da vida de Lúcia e da sua família e os acontecimentos principais, com exceção do relato das Aparições, se vão sucedendo, descritas liricamente como fluxos de consciência, fantasmas da realidade, criando a ilusão da verosimilhança. Não se trata de uma imaginação solta, liberta da realidade, vogando indefinidamente num mundo só seu, mas de um universo modelado pela diferente realidade acontecida. Pode-se, com facilidade,, criar um texto para teatro a partir de monólogos de Lúcia e sua mãe, Maria. Assim, o leitor não está perante um texto absolutamente fidedigno em relação ao sucedido, mas do que o autor (não o narrador) concebeu como uma das hipóteses do que poderia ter sucedido;

 

  1.  NARRADOR: narrador clássico e narrador múltiplo e diferenciado segundo as perspetivas individualizadas das personagens, Deus, Lúcia e Maria. Deus: narrador sentencioso, atemporal, universal, judicativo; Lúcia, narradora inocente (fala com animais e objetos); Maria, narradora múltipla (há pelo menos três figurações diferentes de Maria) emotiva e sofrida, exemplo cultural paradigmático da Mulher/Mãe;

 

  1.  ESTILO: lírico, indubitavelmente, integrado no habitual do autor. Palavras enquadradoras de sentimentos (qualidade de estesia, analisada por Luís Carmelo em A Luz da Intensidade), cultivando uma percepção ou sensualidade emotiva, que desperta no leitor uma comoção estética. Todo o parágrafo parece nascer da primeira frase, como se esta fosse a única e as seguintes seus desdobramentos, explorando-a descontinuamente, não deixando de impor, no entanto, um ritmo sintáctico contínuo e harmónico, fortemente musical. Todo o romance parece ser um cruzamento de "monólogos" pelos quais se dá conta de fluxos de consciência narrativos de Deus, Lúcia e Maria, Padre, Jacinta, Francisco, emoldurados pelo ato de narração clássica;

 

  1. TEMPO: 1917, Fátima, casa e aldeia de Lúcia demarcam uma temporalidade específica. Porém, o estilo lírico-poético, assemelhando-se ao ritmo de união de versos num poema, eleva o primeiro nível de temporalidade a uma beleza estética intemporal. Melhor dito, atemporal, que condiciona a leitura da ação e do enredo particulares a um modo de expressão universal. Tanto se está em casa de Lúcia, com a panela do almoço ao lume, como se reflete, sobretudo nos versículos sentenciais de Deus, sobre a criação do mundo, a liberdade, o destino e a angústia humana;

 

  1.  ESPAÇO: Serra d'Aires, Fátima. Tal como, ao longo do romance, o tempo se abstratatiza e atemporaliza, assim o espaço profano se metamorfoseia em espaço sagrado por via do acontecimento hierofântico das Aparições, no entanto nunca narrado, apenas sugerido pelos seus efeitos (Maria da Capelinha, multidão, intervenção do padre ou senhor prior...). O estilo lírico combina com a mundividência do espaço sagrado, a hierofania das Aparições com a sacralidade territorial das revelações. No final, anuncia-se, por intermédio do afã de Maria da Capelinha, a instauração do sagrado através da elevação de uma capela;

 

  1.  MEDO E ESPANTO: segundo Rudolfo Otto (A Ideia do Sagrado, 1917) e do seu conceito de "Numinoso", não se pode falar de sagrado sem que duas categorias emirjam espontaneamente: a de tremendum e a de fascinans. Encontramo-las em Em Teu Ventre subordinadas à descrição da emoção, do medo como sentimento que tanto desperta o pavor do desconhecido quanto atrai pelo maravilhoso. Desorientada, narcotizada por se sentir privilegiada pelo acontecimento, e ambicionando "tocar" (ter direto contacto) com os Pastorinhos, a multidão é atravessada pelo duplo sentimento de medo e espanto: violenta a casa de Lúcia (pp. 137 ss.), ameaça esta (pp. 56-57) e constrange Jacinta e Francisco (pp. 145 ss.);

 

  1. IDOLATRIA: este duplo sentimento de medo e espanto sagrados gera uma onda de veneração e adoração entre a multidão: curiosidade infantil, rogos e preces (pp. 139-141), novos vestidos e coroas de flores para Lúcia e Jacinta (p 156); deferência pelo estatuto de Lúcia como intermediária entre o profano e o sagrado (p 157). São os movimentos iniciais de idolatria que converterão doravante Fátima num local de oração e penitência para milhões de portugueses;

 

  1. HINO À MÃE: É, indubitavelmente, a grande personagem de Em Teu Ventre. A mãe de Lúcia, síntese e símbolo da mulher portuguesa sofredora, resignada, protetora da filha e socorro da família, não se amotina, não se revolta, nem quando o marido a procura a desoras, protesta angustiosamente, desorientada: contra Lúcia, presumindo que esta mente, ou quando Lúcia brinca fingindo ser Nossa Senhora (pp. 129 130); contra o destino que assim a fez mulher como um ser humano de segunda categoria; contra a fatalidade que a marcou como mãe de uma vidente; contra o silêncio que se ergue em torno do clamor das mães. Os últimos versículos da fala de Deus no romance retratam a Mãe do Céu, que é a mãe da Humanidade, a mãe de todos, e, portanto a mãe de Lúcia. A Mãe singular une-se à Mãe cósmica em forma de laço que tudo une, o Amor de Mãe, a Esperança dos Homens.

Belíssimo romance, um dos melhores de José Luís Peixoto. Acabámo-lo de ler e não queríamos que tivesse acabado. É o melhor elogio que se pode fazer a um livro e a um autor.

 

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Correio Braziliense, 15 dezembro 2015

16.12.15

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Correio Braziliense, 8 dezembro 2015

10.12.15

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Jornal de Letras, 11 Novembro 2015

21.11.15

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