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El Tiempo, Bogotá, Colômbia

26.04.18

El mundo particular de José Luís Peixoto

Peixoto es uno de los nombres más importantes de la actual literatura portuguesa. 

 

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 “Hasta mis 18 años viví en un pueblo de mil personas en la región rural del Alentejo. Ahí, durante mi niñez, cada mes, llegaba un coche lleno de libros. Se aparcaba en la plaza principal y yo tenía la oportunidad de llevarme cuatro o cinco libros que debía devolver el mes siguiente. De esa manera he leído a muchos de los más importantes escritores portugueses y también a autores esenciales de la literatura internacional. El motorista/bibliotecario era una persona muy interesante. Me daba consejos sobre lectura. En mi casa no teníamos muchos libros, pero mis padres sentían un respeto muy grande por ellos”.

 

Así fue el primer contacto de José Luís Peixoto con los libros y con la lectura. Nacido hace 43 años en Galveias, un pueblo pequeño del interior de Portugal, Peixoto es poeta, novelista, cuentista, dramaturgo. Ha sido traducido a más de veinte idiomas y cuenta con varios reconocimientos, entre ellos el premio José Saramago, que recibió en el 2001 por su primera novela, Nadie nos mira. “Es una de las revelaciones más sorprendentes de la literatura portuguesa reciente. No tengo ninguna duda de que es una promesa segura de un gran escritor”, dijo Saramago sobre él. Y en efecto: de promesa se ha convertido en realidad. Pero la lista de premios no es lo que más habla de José Luís Peixoto. O por lo menos no es lo más importante. Son sus propias palabras, las que ha dejado en libros como Te me moriste, Galveias, Cementerio de pianos o En tu vientre. Libros que hablan de la tierra, de la familia, de las ausencias, de las muchas formas del amor y también del dolor. Libros que dicen no solo con palabras, sino con silencios.

 

–Empezó escribiendo poesía. ¿Cómo nació su interés por ella?

–La relación con la poesía es muy importante en la narrativa portuguesa actual. Supongo que esa presencia tiene que ver con la gran tradición poética en mi país. ¿Cómo podríamos escribir en este idioma sin tener en consideración la obra de Fernando Pessoa? Pero hay otros grandes poetas portugueses cuya influencia es importante para mí. Hasta el momento he publicado tres libros de poesía y volveré a publicar otro muy pronto. No he dejado de escribirla. Desde un punto de vista formal y conceptual, tengo la impresión de que la poesía es una condensación de muchos de los principios que intentamos desarrollar en la narrativa.

 

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Prosa que también es poesía. Así es la obra de Peixoto, se trate de una novela o de una crónica de viajes. El primer libro que escribió, a los 21 años, nació después de la muerte de su padre. A partir de ese momento dejó claro la que sería una de las características de su obra: la presencia de lo autobiográfico. En Te me moriste (publicado en el 2000), Peixoto narra el regreso a la casa paterna, un camino que transita rodeado de recuerdos. “Es un texto que surgió de manera muy natural –dice–. Después de la muerte de mi padre, no tenía otro tema. Entonces, despacio, empecé a escribirlo, incluso como manera de entender lo que estaba pasando en mi vida. Luego de terminarlo, tardé cuatro años en percibir que se trataba de un texto muy distinto a los que podría escribir después. Ya había acabado mi primera novela cuando decidí publicarlo por mi cuenta. Estaba convencido de que nunca me arrepentiría de que ese fuera mi primer libro. Y sigo teniendo la misma idea. Lo veo como un libro muy importante para mí. En él está presente mucho de lo que sigo trabajando hoy”.


–Está marcado precisamente por la relación padre-hijo, que aparece en muchos de sus libros.

–Sí, de algún modo continué trabajando ese tema en mis primeras novelas. Me parecía que todavía tenía mucho que decir sobre ese asunto. Por un lado, mi experiencia personal, como hijo y como padre, me ha llevado ahí; por otro, me di cuenta de que la reflexión sobre esa relación me permite hablar de muchos otros asuntos, como la cuestión de las generaciones, de las edades, del paso del tiempo, de la mortalidad. También trae planteamientos muy importantes sobre la identidad, por ejemplo. Por algo en tantas religiones la relación entre padre e hijo es tan central y simbólica. 

 

Otro de los libros de Peixoto en el que esta temática está presente es Cementerio de pianos (2006). En él narra la historia de tres generaciones de una misma familia y tiene como uno de sus personajes al maratonista portugués Francisco Lázaro, el primero en su país en asistir a unos Juegos Olímpicos, en 1912. Lázaro, un deportista aficionado que en realidad era carpintero, murió durante su participación en el torneo. En Cementerio de pianos habla un padre y habla un hijo. El tiempo se mueve en todas las direcciones en esta obra, considerada la mejor novela extranjera publicada en España en el 2007. En sus páginas hay un taller de carpintería. Es un espacio importante no solo para la trama, sino para la vida de Peixoto: “Mi padre era carpintero. Pasé mi niñez entre madera. De algún modo, Cementerio de pianos es una continuación de Te me moriste. Uno habla del duelo, el otro habla del resultado del duelo, de cómo uno encuentra consuelo en la idea de hacer parte de algo que es mucho más grande que su propia vida”.

 

–Es frecuente encontrar en su obra el lugar donde nació. ¿Cómo recuerda su infancia en Galveias?
–Fue una infancia muy rica en estímulos, en presencias. Vivir en un pequeño pueblo te permite conocer mucha gente, más que en las ciudades. En los pueblos se sabe de todo el mundo. En Galveias, yo conocía a mil personas. Es mucha gente, son muchos personajes. Al mismo tiempo, la libertad absoluta que tenía me permitió enterarme de realidades a las que, de otra manera, tendría difícil acceso. Como ayudaba a mi padre, y después empecé a trabajar en distintos empleos durante el verano, la infancia me dio una buena resistencia al esfuerzo y al trabajo. Algo que ha sido muy útil en mi vida.

 

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–Esas historias que conoció en su pueblo, esas personas, se han convertido en tramas y personajes de sus novelas, entre ellas la primera que escribió, Nadie nos mira, y la que lleva su nombre, Galveias. ¿Cómo fue la escritura de estos libros? 
–Cuando escribí Nadie nos mira no estaba seguro de que podría escribir una novela. Creo que esa siempre será una duda importante para cualquier lector de grandes novelas. Pero, en ese tiempo, escribirla era una cuestión de sobrevivencia. Fue un periodo difícil de mi vida, y esa novela me ayudó mucho. La historia de Galveias, por su parte, me ha acompañado desde hace muchos años. Era una novela que quería escribir antes de morir, y me siento muy satisfecho de haberlo hecho ya. Las dos novelas conforman dos polos de una comparación importante. Nadie nos mira, sin tiempo y casi sin lugar; Galveias, que se desarrolla en 1984 y concretamente en ese pueblo. Esta novela da referencias precisas. Eso marca mucho la diferencia. Escribir es nombrar. 

 

–¿Cómo es hoy su relación con su pueblo?
–Es una relación sagrada. Galveias es mi piel. Hay mucho que solo siento allí.

 

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JOSE LUÍS PEIXOTO nació en 1974, un año que marcó la historia de su país y prácticamente partió en dos la vida de Portugal: el año de la Revolución de los Claveles, del levantamiento militar que puso fin a la dictadura de António de Oliveira Salazar, que controló durante décadas el destino de los portugueses. Haber nacido en ese año tampoco fue un hecho menor para el escritor: “Esa es una de las influencias más grandes de mi literatura y de mi vida. Me parece, incluso, que es la gran marca que junta a los escritores portugueses de mi generación. La literatura nunca es ajena a la historia”. Peixoto creció en un mundo de libertad que no conocieron las generaciones anteriores. Empezó a alimentarse de influencias culturales que por fin cruzaban las fronteras y llegaban a su país. Entre ellas la música. Y una en especial: el heavy metal. Es un serio aficionado a este género musical y ese interés lo ha llevado a escribir un libro de cuentos, Antídoto, en el que cada relato tiene conexión directa con canciones de Moonspell, la banda de metal más conocida de Portugal. “Supongo que el heavy metal ha representado durante muchos años mis ganas de llegar a otras realidades y, al mismo tiempo, la afirmación de mi identidad. Hoy es una de las marcas de mi entusiasmo adolescente, una señal de intensidad. Esos valores siguen siendo muy influyentes en lo que escribo, aunque no siempre sean visibles”.

 

–Algo que se ve a simple vista es el tatuaje que lleva en uno de sus brazos, con el nombre del condado imaginario de William Faulkner: Yoknapatawpha...
–Ese es un tatuaje que me recuerda mucho la obra de Faulkner. Y también otras cosas que tienen que ver con mi historia, con la persona que intento ser cada día. 

–Hay un aspecto en común entre su obra y la de Faulkner, a quien usted ha citado siempre como una de sus influencias: lo rural. ¿Por qué el interés en narrar el mundo del campo, la comunidad alejada de las grandes ciudades y del “gran desarrollo”?

–Mi historia personal me ha dado la oportunidad de percibir que el modelo de desarrollo que seguimos no es el mejor camino, en muchos aspectos. La literatura tiene la oportunidad de contribuir en la reflexión sobre los rumbos que tomamos. En este tiempo de avances tecnológicos acelerados, hay cuestiones que tenemos que considerar antes de seguir ciegamente ciertos horizontes. En el mundo rural continúa existiendo una relación más próxima con la naturaleza. Nosotros somos parte de la naturaleza, somos seres naturales. Es importante no perder esa noción. La necesitamos. Así como necesitamos poder mirarnos, poder sentir el tiempo. Respirar.

 

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HAY UN POEMA de José Luís Peixoto que se llama A la hora de poner la mesa éramos cinco. Así dice, en su traducción al español:

A la hora de poner la mesa, éramos cinco:
mi padre, mi madre, mis hermanas
y yo. después, mi hermana mayor
se casó. después, mi hermana pequeña se casó. después, mi padre murió. hoy, a la hora de poner la mesa, somos cinco,
menos mi hermana mayor que está
en su casa, menos mi hermana
pequeña que está en su casa, menos mi padre, menos mi madre viuda. 
cada uno de ellos es un lugar vacío en esta mesa en la que como solo. 
pero estarán siempre aquí.
a la hora de poner la mesa, seremos siempre cinco.
mientras uno de nosotros esté vivo, seremos siempre cinco.

 

–Ahí está en buena parte la esencia de su obra, ¿no es así?
–Ese es un poema muy especial. Lo publiqué en mi primer libro de poesía y, algunos años después, hice que un personaje de Cementerio de pianos lo leyera. Esa fue una manera de volverlo a publicar. El poema habla por sí mismo: habla de la familia, de la identidad y del paso del tiempo. Temas centrales de mis libros. De cierto modo creo que ese poema es el pequeño corazón de todo lo que he escrito hasta hoy. 

–¿Cómo es su método a la hora de escribir? 
–Es un método un poco obsesivo. Necesito estar muy concentrado. Escribo muchísimo antes de la versión definitiva. Leo muchos libros de otros autores mientras escribo. No tengo ningún problema con las influencias, incluso las busco. Y escucho mucha música también. Heavy metal casi siempre.

 

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Concentrado como ha estado siempre en lo más cercano, en sus realidades más próximas, llegó el momento en que Peixoto sintió la necesidad de mirar hacia algo más lejano. De entender realidades que no le eran familiares. Fue cuando tomó rumbo a un país que siempre le había parecido interesante, precisamente por el misterio que lo acompaña: Corea del Norte. Le interesaba escudriñar la vida cotidiana de esa nación, y también probarse en la literatura de no ficción, en la escritura documental. Así nació Dentro del secreto (2014), en el que describe los detalles grandes y pequeños de este país conocido por los excesos del mandato totalitario de Kim Jong-un. Para Peixoto –que estuvo cinco veces en Corea del Norte y varias más en Corea del Sur–, esa fue una experiencia que cambió su vida. Y ahí no se detuvo: recorrió también Tailandia y publicó después su visión en el libro O Caminho Imperfeito, en el que hace un retrato detallado de este país.

Su novela más reciente se titula En tu vientre y tiene como contexto la aparición de la Virgen de Fátima, un hecho fundamental para los portugueses, sean creyentes o no. La obra tiene como protagonista a Lucía, la niña que dijo haber visto a la Virgen, junto a los otros dos pastores, Jacinta y Francisco. También está presente en la historia la madre de Lucía –que no cree lo que su hija dice–, la madre del narrador –que se vuelve un personaje omnipresente y poderoso–, y por supuesto: la madre bíblica. Todas son fundamentales en el desarrollo de la novela. Porque En tu vientre, más que buscar definir si fue real o no el milagro de la aparición de la Virgen, tiene otro propósito: hablar de la maternidad. “Es cierto –dice Peixoto–. Este libro tiene como primera referencia la aparición de la Virgen de Fátima, pero a un nivel más profundo trata de las madres en general. Ese aspecto está relacionado con la importancia del culto mariano en el catolicismo portugués. Desde esa perspectiva, la veo también como una novela sobre la identidad portuguesa”. Y en ella se siente el mismo tono poético de todos sus libros. Cada frase en Peixoto cumple su propósito.

 

–¿Cómo es trabajo con las palabras, cómo se relaciona con ellas?
–En mis novelas no hay una sola palabra que no haya sido elegida, que no esté ahí después de haber buscado alternativas. Cada palabra tiene que ganarse el derecho de estar. Lo más importante al escribir es la conciencia. Escribir literatura es escribir despacio.

 

 

Por: María Paulina Ortiz

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El Espectador, Bogotá, Colômbia

24.04.18

José Luís Peixoto: "Pessoa y Saramago abrieron las puertas que aún usamos"

 

El escritor portugués José Luís Peixoto, una de las plumas más destacadas de su generación, está convencido de que la literatura lusa vive un buen momento en España y América Latina gracias a las puertas que abrieron Fernando Pessoa o José Saramago y que su compañeros, dice a Efe, "aún" usan.

 

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Es parte de la llamada "herencia recibida" de la que gozan contemporáneos como él que, sostiene, cuentan con referencias ante las cuales se debe "estar a la altura" y "puertas abiertas" en todo el mundo que "aún son utilizadas" por escritores de su generación.

 

"Siento que algo común a esta generación de autores es no gritar una ruptura con lo anterior, no 'asesinar al padre', porque siento que estamos cómodos con esa herencia", agrega en una entrevista con Efe en Funchal, capital del archipiélago luso de Madeira, durante el Festival Literario que se celebra en la isla. (Lea: El evangelio según Saramago)

 

Allí, el autor de "Galveias" o "Te me moriste" ha participado en una charla sobre los objetivos de la literatura, actividad que a su juicio "tiene siempre una dimensión política social".

 

Peixoto (Galveias, 1974) ha dado constantes muestras de ello en sus novelas, frecuentemente ambientadas en el mundo rural portugués y con abundantes elementos biográficos, pues él mismo no llegó a la ciudad hasta los 18 años, cuando se marchó a estudiar a Lisboa. Su interés por el interior del país le ha valido un buen número de premios -llegó a ser el vencedor más joven de la historia del Premio José Saramago por "Nadie nos mira"-, y una suerte de fama como retratista de las aldeas lusas, a las que solo ha apartado para abordar desde la "no-ficción" Corea del Norte o Tailandia.

 

Pero ahora Peixoto, que se resiste entre risas a aceptar que sea considerado el sucesor de Saramago ("entiendo esas palabras como un gran elogio, pero sé que nunca podría ser efectivamente su continuador") se siente impelido a regresar a la ficción.

 

"Estoy escribiendo una novela en que la ficción está más presente, aunque como en otros libros también me gusta y me parece interesante jugar con la autobiografía", comenta Peixoto, que se niega a desvelar nada más.

 

El escritor comenzó con la poesía, se pasó a la narrativa y, tras su inmersión en la no ficción (que fue todo un "desafío"), concluye que es "bueno atravesar fronteras" entre lo biográfico -y por tanto real- y la ficción, tendencia que considera "muy contemporánea".

 

En cualquier caso, también es relevante ejercer el "compromiso social", algo con lo que se siente muy identificado este autor, que emplea un tono sereno y tiene siempre la risa pronta a surgir.

 

"Cualquier escritor cuando escribe está ejerciendo su compromiso social porque está colocando en el texto gran cantidad de convicciones, incluso formales, que son también un mensaje, una idea transmitida a los otros que tiene su impacto y sus consecuencias", subraya.

 

El tema sobre el que él ejerce presión son las relaciones de familia y los roles dentro de ella, pero también "la ruralidad", un asunto que lejos de ser exclusivo de Portugal es "un problema incluso en cierta medida ibérico".

 

"He escrito bastante sobre el mundo rural, tiene mucha importancia escoger ese tema. Creo que los autores pueden llamar la atención para un determinado tema, y creo que es muy relevante hablar de eso en Portugal. Existen desequilibrios muy importantes en diversos aspectos de ese territorio", sostiene.

 

Lo sucedido el año pasado en el interior de Portugal, donde murieron más de 100 personas en incendios, "fue muy traumático" para el país, apunta Peixoto, que cree necesaria una visión a largo plazo no solo para reconstruir, sino para afrontar los retos de la zona.

 

Mientras, sus novelas, que hablan de la vida en Galveias o reconstruyen las relaciones madre e hija en torno a la aparición de la Virgen de Fátima hace un siglo, viven su mejor momento de expansión, con varias publicaciones el año pasado en México, Perú o Venezuela. Peixoto planea publicar pronto también Cuba.

 

El periplo se completa con su presencia en la próxima edición de la Feria del Libro de Bogotá, tras haber publicado tres novelas en Colombia. "Para mí es fantástico, porque siento que hay un interés y curiosidad por la literatura portuguesa contemporánea en esos países, que es muy sorprendente para mí, pero que creo que tiene que ver con la forma en que fueron abiertas las puertas por Saramago, un autor que era y continua siendo muy leído en esos países", sugiere.

 

Es también un indicador, dice, de cómo Portugal tiene "muchas veces más identificación con América Latina que dentro de la propia Europa, de la cual supuestamente formamos parte".

 

Por: Cynthia de Benito 

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El Universal, México

08.02.18

“La literatura tiene mucho que aprender de la música”

 

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 Como una de las figuras centrales de la actual literatura portuguesaJosé Luís Peixoto traza en esta entrevista un mapa de las nuevas voces de la narrativa en su lengua, y habla de las pulsiones en su propia obra: los viajes y el heavy metal.

 

POR ALMA DELIA MIRANDA

 

Chamarra y jeans negros, cuerpo atlético de quien corre todos los días sin importar la ciudad en la que se encuentre, José Luís Peixoto camina con paso decidido y bien dispuesto por lo pasillos que conducen afuera de la Biblioteca Central de la UNAM, donde el fotógrafo le ha pedido posar. Con entusiasmo, trata de explicarle a Patrícia, su mujer, qué es el chicharrón y lo bueno que sabe. Él llegó el día anterior de Brasil y ella de Lisboa, es su primera vez en México y la segunda para él. Diez años han pasado desde su visita en 2008, cuando venía arropado por el Premio José Saramago que había ganado en 2002 por su novela Nenhum olhar (Nadie nos mira) y por el propio Nobel, con quien cultivó amistad. Es otoño del 2017 y José Luís Peixoto constituye uno de los pilares de las letras portuguesas contemporáneas. Nacido en 1974 en un pequeño pueblo de la región de Alentejo, en donde no había bibliotecas locales, Peixoto se moldeó una personalidad vivaz cuya escritura no conoce límites. Su obra abarca la narrativa, la poesía, la crónica de viajes, la literatura infantil y colaboraciones con grupos musicales portugueses, la más ambiciosa hasta ahora con Moonspell, banda de heavy metal. En 2003 realizó con ellos un proyecto en conjunto: el grupo publicaría su disco The Antidote y Peixoto escribiría las narraciones de Antídotoinspirado en el espíritu del disco de la banda. Dentro del secreto (2012) recoge las experiencias del autor en Corea del Norte y O Caminho Imperfeito (2017) traza una mirada poco turística sobre Tailandia. Peixoto, quien viajó a México para participar en la edición 2017 de la FIL, mantuvo un encuentro de casi tres horas con la comunidad de Letras Portuguesas de la UNAM. Antes de firmar y dedicar varias decenas de libros, y conversar cordialmente con cada uno de los estudiantes que esperaron pacientemente en la fila, el portugués respondió a las siguientes preguntas de Confabulario.

 

Cómo lector, ¿cómo fue su encuentro con literatura?

Yo soy originario de una región del sur de Portugal, no muy lejos de la frontera con España, y ahí los libros no eran un bien muy común. Por eso, la primera conexión con la literatura, lo que cambió mi mirada, fueron las bibliotecas itinerantes. Llegaba una vez al mes a la plaza principal del pueblo y nos llevábamos los libros y los devolvíamos al mes siguiente. En esos tiempo empecé leyendo mucha literatura juvenil, como Los cinco de Enid Blyton, pero después las cosas me llevaron directamente hacia la escritura cuando descubrí la poesía. Es muy común que la poesía sea un género que les dice mucho a los adolescentes. Es una edad en la que la gente pasa por muchos cambios y por muchas cosas que son a veces difíciles de explicar o comprender y la poesía permite una reflexión y un desahogo. Para mí fue muy evidente que la poesía me permitió el descubrimiento de un lenguaje distinto al de todos los días, de una nueva manera de mirar las palabras y el mundo en general.

 

¿Y entonces cuándo se dio cuenta de que era escritor?

Eso fue sólo después de algún tiempo. Tenía entonces un respeto muy grande por los escritores. Al mismo tiempo veo ahora que era una distancia, una idea de que los escritores eran de una materia distinta y eran personas que existían en otra dimensión, pero después, cuando empecé a hacer experimentos de escritura y empecé a publicarlos en un periódico donde los jóvenes podían hacerlo, me di cuenta de que tal vez los escritores son como los otros y los distingue sólo el hecho de escribir y eso me liberó para seguir escribiendo y tener la escritura como ambición.

 

Usted estudió Letras. ¿De qué manera su paso por la universidad modificó su relación con la literatura?

Elegí Letras porque me gustaba mucho la literatura, la escritura en general. Me gustaba mucho escribir. Incluso elegí estudiar literatura en inglés y alemán, porque esas competencias ya me eran muy útiles para buscar una expresión cada vez más fiel a lo que deseaba decir y, claro, me parece que todo el conocimiento que uno pueda recoger es útil para la escritura. Si es conocimiento en él área misma de las Letras, entonces es imprescindible, se trata de tener conciencia, tener criterios y elementos que están presentes en el texto. Si no tenemos esta conciencia, no podemos buscar maneras de controlarlos o trabajarlos.

 

¿Usted nunca quiso dar clases?

Di clases en Cabo Verde y en Portugal, pero sólo durante cuatro años, porque después, en 2001, mi vida cambió mucho después de que Nadie nos mira ganó el premio José Saramago. Eso me dio la posibilidad de vivir de la escritura y es lo que he venido haciendo.

 

Usted es un viajero, ¿por qué viaja?

No es una pregunta sencilla de contestar. Es un lugar común hacer la comparación de la vida con un viaje, pero me parece que es una comparación que tiene realmente mucho que ver y ese ánimo de buscar lo que es distinto, de buscar al otro, de intentar conocerlo, me parece que es sinónimo de pulsiones elementales, fundamentales, de la vida misma. De algún modo, lo que me lleva a viajar no es tan distinto de lo que me lleva a escribir o a vivir.

 

¿Y por qué escribe sobre sus viajes?

Desde hace unos años me ha interesado mucho la escritura que tiene como base la experiencia. Desde el punto de vista de quien escribe, la experiencia hace una diferencia muy grande. Para mí, con la conciencia que intento tener de todo el gran patrimonio que ya existe de la literatura mundial, tener esa ambición de escribir algo que pueda añadir algo de nuevo a todo lo escrito es muy difícil. Por eso, sí tengo algo por seguro: la individualidad de mi experiencia, de mi mirada, de mi posición, de mi historia personal, por eso mis libros hasta el momento siguen mucho esas ideas desde hace unos años. El libro que publiqué en 2012 sobre Corea del Norte (Dentro del secreto), o el más reciente sobre Tailandia (O Caminho Imperfeito), pero desde antes, otros libros estaban conectados con mis experiencias personales, mi vida, es una literatura que dialoga con la autobiografía.

 

¿Cómo ser un viajero en tiempos del turismo?

Es un tema muy interesante, porque es un tema de hoy, es una cuestión que refleja mucho de la situación del mundo, del punto al que llegamos, de cómo miramos las cosas, cómo hacemos planes para la vida, de cómo organizamos nuestras ambiciones. Las expectativas que tenemos. Es una industria nueva que tiene por detrás una gran cantidad de equívocos y elementos que son interesantes de analizar, por eso me parece importante mirar ese aspecto.

 

En 2003 usted participó en un proyecto literario y discográfico con el grupo de heavy metal Moonspell, fuera del ámbito del metal, ¿cómo es su relación con la música?

La música tiene una importancia muy grande para la literatura. Me parece que la poesía, por ejemplo, tiene en su naturaleza misma la aspiración de llegar a ser música y, desde algunas perspectivas, la poesía es música. Y el texto literario tiene elementos musicales importantes, por eso hay que ponerles atención porque la forma y el sentido son inseparables. A mí personalmente me interesa mucho la música, por lo que aprendo de ella y por lo que la música expresa de la experiencia humana y de aspectos que muchas veces son difíciles de nombrar con palabras, pero que, sin embargo, son expresivos y cuya comprensión es importante y yo tengo algunas conexiones con el metal por mi experiencia de proyectos pasados, pero también he trabajado con otros géneros musicales y músicos de distintas áreas y con todos he aprendido mucho y espero seguir buscando esas lecciones, porque, como dije, la literatura tiene mucho que aprender de la música, porque en muchos aspectos la literatura también es música.

 

¿Estaría dispuesto a volver a tener proyectos de metal?

Ahora mismo tengo uno con un grupo pequeño de metal portugués para el cual estoy escribiendo todas las letras de un disco, eso me anima, porque es un género con el que tengo relaciones desde mi adolescencia, pero también porque es una oportunidad de trabajar con otras personas y hacer un objeto expresivo de otra naturaleza que no es sólo texto, tiene otras dimensiones. Personalmente me parece muy interesante, porque hoy en día además miramos muchos ejemplos de proyectos multidisciplinarios y cómo logran expresiones propias. Para mí mismo como escritor son una oportunidad de desarrollo y aprendizaje. Al mismo tiempo es un terreno muy poco explotado entre escritores y ese género. Me atrae porque me parece importante que uno busque la novedad.

 

Es notable en usted una gran necesidad de expresarse de diversas maneras.

Sí. Me parece que, en primer lugar, hay que buscar qué decir; luego, cuando uno lo encuentra, hay que buscar las maneras de decirlo y ahí personalmente no tengo fronteras, o mejor, siempre busco ensanchar las fronteras de esa expresión, siempre busco crear y sorprenderme a mí mismo.

 

Se refiere con mucho afecto a Saramago, ¿qué otras presencias portuguesas han sido importantes para usted?

Como dije, estudié literatura inglesa y alemana, pero muchas de las experiencias más fuertes que he tenido como lector en mi juventud han estado en la literatura portuguesa, entre ellos muchos poetas. No podría ignorar a Fernando Pessoa, me parece incluso que en portugués no puede escribirse lo que sea ignorando una obra como la de Pessoa, que es tan impactante y fuerte, pero también muchos otros, como Herberto Helder, Ruy Belo, Sophia de Mello Breyner Andresen y otros contemporáneos míos. Autores de prosa, como Miguel Torga, autores del neorrealismo portugués. Son autores importantes para mí, porque nací después de la Revolución de los Claveles, que fue un momento en el cual se publicaron muchos autores que habían estado prohibidos durante la dictadura. Por eso tuve un acceso importante a esos autores, muchos de ellos hablaban de un ambiente rural que a mí me decía mucho porque nací en un pequeño pueblo.

 

¿Cuáles son algunos de los autores portugueses que usted recomendaría que se conocieran en México?

Bien, hay muchos nombres que creo que sería bueno que llegaran. Tengo la esperanza de que con Portugal como invitado de honor a la FIL del año que viene algunas de esas lecturas puedan llegar y ser más conocidos. Una gran referencia en Portugal, un autor que no es tan sencillo de traducir y quizá por ello no sea tan conocido es Aquilino Ribeiro, o Vergílio Ferreira, Miguel Torga. Me acuerdo también de una gran autora, aún viva, pero ya muy mayor, Agustina Bessa-Luís. Y claro, generaciones más jóvenes, gente de mi edad como Afonso Cruz, Valter Hugo Mãe, Dulce Maria Cardoso. Los poetas, entre ellos hay nombres muy importantes. Los que ya nombré, Helder, Ruy Belo.

 

¿Y el teatro?

El teatro sufre de dificultades de difusión en el ámbito de la propia lengua y que provocan que no exista tanto conocimiento. Por ejemplo, no conocemos tanto del teatro que se escribe en Brasil, y ellos tampoco de lo que se hace de teatro en Portugal. La traducción del teatro portugués es aún más difícil. Eso muchas veces tiene que ver con cuestiones de mercado. Se considera que no son muy comerciales los textos de teatro y las editoriales no los publican tanto.

 

Por último, como lector, ¿cuál es la recepción de la literatura latinoamericana en Portugal?

La literatura latinoamericana circula razonablemente bien. Hay autores muy conocidos que son grandes referencias, pero se podría conocer más. A veces la literatura se queda varada en ciertas referencias, autores muy grandes que atraen toda la atención y que tienen la ventaja de abrir puertas, pero muchas veces no permiten que un público más amplio tenga oportunidad de conocer autores que no sean tan vistosos. En relación con México, se ha hecho mucho en los últimos años. Pero por ejemplo, un autor tan importante como Juan Rulfo tuvo una buena traducción apenas hace unos diez años. Con él otros autores llegarán también. Hay editores que tienen relaciones personales con México y eso es bueno porque pueden llevar la literatura. Y con la literatura va toda la cultura. La literatura tiene esa calidad, que lleva toda la cultura dentro.

 

 

En la imagen, el autor, en la Ciudad de México. / Yadin Xolalpa / EL UNIVERSAL

 

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Kúltura Pravda, Janeiro 2018

31.01.18

Kniha týždňa: Sonáta večnej rodiny

Katarína Mihalkovičová

 

 

Za posledné tri roky sa na slovenskom knižnom trhu objavili tri diela súčasných portugalských autorov (ale aj preklady poviedok či po portugalsky píšucich klasikov).

 

V roku 2015 vydal Tatran titul Maliar pod kuchynským drezom od Afonsa Cruza, imaginatívne rozprávanie inšpirované historickými udalosťami s náhľadom na Portugalsko v čase druhej svetovej vojny.

 

V tom istom roku vyšla v edícii portugal_sk Portugalského inštitútu ochutnávka hravej prózy oceňovaného autora Gonçala M. Tavaresa (dvojjazyčné vydanie jeho troch diel Pán Valéry a logika, Pán Henri a encyklopédia, Pán Juarroz a myslenie pod spoločným názvom Pán/O Senhor Valéry/Henri/Ju­arroz), a v roku 2017 nasledoval v tej istej edícii román Josého Luísa Peixota Cintorín klavírov v preklade Lenky Cinkovej.

 

Ide o generáciu autorov narodených v prvej polovici 70. rokov: vyrástli po revolúcii a ich literárne dospievanie sprevádzala dominancia Josého Saramaga, ktorá vyvrcholila jeho Nobelovou cenou za literatúru v roku 1998. Prvé diela, prozaické, básnické i dramatické, publikovali po roku 2000 a každý z nich svojsky nadväzuje na južanský lyricko-magický a realisticko-melancholický charakter portugalskej literárnej tvorby.

 

Peixoto je najmladší z troch menovaných a už za svoj debutový román Nenhum Olhar získal Cenu Josého Saramaga. Saramago ho vtedy ohodnotil slovami: „Peixoto je jedným z najprekvapi­vejších objavov v portugalskej literatúre. Tento chlap vie písať a bude pokračovateľom veľkých spisovateľov.“

 

Zlomový kontakt so smrťou

 

Peixoto prišiel v máji 2017 knihu osobne uviesť do Bratislavy. Jeho zjav – potetovaný svalnáč, ktorý v minulosti písal texty pre heavymetalovú skupinu – je v sympatickom protiklade s hĺbavým, ba až nežným tónom rozprávania v jeho knihe. Úvodným impulzom k napísaniu Cintorína klavírov bola smrť jeho otca pred dvadsiatimi rokmi. Skonal len hodinu nato, ako sa mu narodilo vnúča.

 

Peixoto zbieral materiál ďalších desať rokov, alebo ho skôr nechal v sebe dozrievať (kniha vyšla v Portugalsku v roku 2006). Okrem autobiografických prvkov použil meno a okolnosti smrti maratónskeho bežca Francisca Lázara, jeho život a úlohu v rodinnej kronike však len voľne dotvoril.

 

Zo stolárskej dielne svojho otca urobil cintorín hudobných nástrojov – miesto, kde sa uchovávajú a opravujú staré klavíry – no treba vopred konštatovať, že potenciál klavíra ako inštrumentu, ktorý má svoju hodnotu a rozmer a môže, ale aj nemusí byť prístupný všetkým, využil minimálne. Klavír občas zaznie a potom zase stíchne, no aspoň v názve vypovedá viac, a tu čitateľovi ponúkam túto interpretáciu: jemným dôkazom o portugalskej túžbe po kráse a vyššom umeleckom cítení je, že tam, kde by sa napríklad slovenský román volal možno Stolárski majstri, Peixoto predstavuje Cintorín klavírov.

 

Meditatívny rozbor narodenia a smrti, hĺbkový profil vzťahu muža a ženy, od vzplanutia až po rozklad lásky, vrchol a kríza existencie rodiny, to sú hlavné témy jeho trojgeneračnej prózy. Na začiatku je pokojná rodina, zomknutá v očakávaní neodvratných udalostí, a dva telefonáty: prvý oznamuje narodenie vnúčaťa, druhý smrť starého otca.

 

Konštrukčný hlavolam

 

Slovami autora: táto kniha sa nebude páčiť ľuďom, ktorí majú radi veci pod kontrolou. Je neusporiadaná a nedá sa vždy vyvodiť súvislosť medzi jednotlivými postavami a udalosťami. Otázne je aj to, či súvislosti, ktoré sa vyvodiť dajú a sú koniec koncov logické, boli zamýšľané tak, aby do seba zapadali, alebo išlo skôr o spontánny popud a zámer dosiahnuť podobnosť opakujúceho sa cyklu.

 

Repetícia je slovo, ktoré sa vám pri čítaní neraz vynorí v myšlienkach. Peixoto totiž experimentuje. Opakuje slová, vety, časti viet, vracia sa k situáciám, nie nutne s tými istými postavami, práve naopak, vyžíva sa v tom, že čitateľ miestami netuší, kto príbeh rozpráva.

 

Prvým „ja“ v príbehu je mŕtvy otec a starý otec, ktorého hlas je odkázaný na spomienky a pozorovanie rodiny ako vo výklade pred sebou.

 

Ďalšie „ja“ je ešte tajomnejšie, pretože takmer až do polovice knihy sa zdá, že ide o mladšiu verziu toho istého ja, ktorým je mŕtvy otec a starý otec. V bode, kedy je už nemožné roztriediť rozprávanie na kôpky s jednotlivými niťami príbehu, sa z neho vykľuje vnuk.

 

Tretím „ja“ je bežec Francisco, syn mŕtveho otca a starého otca a otec ešte nenarodeného vnuka, ktorého asociatívny sled myšlienok sa odohráva s ubiehajúcimi kilometrami maratónu.

 

Máte v tom zmätok? Vedzte, že Peixoto sa absolútne nenamáha meniť štýl alebo jednotlivé úseky rozprávania od seba oddeľovať inak než prázdnym riadkom či spomínaným počtom kilometrov. Paralelne rozohráva viaceré ľúbostné vzťahy členov rodiny, od zoznámenia cez prvé dotyky po tehotenstvo, a to všetko sa svojím melancholickým tónom nápadne podobá na kontemplatívny nádych jeho ľútosti nad neskoršou surovosťou a smrťou. Zámerne narúša akýkoľvek náznak chronológie a do vnútra svojich postáv i do okolia nahliada buď spomalenou optikou, alebo vo vlastnej alternatívnej časovej rovine. "Čakal som v čase, v ktorom som starol len ja.“ „Čas o mne nebude vedieť. Budem iný.“

 

 

Ženy

 

Táto naoko nedbalá rozhádzanosť môže byť vnímaná aj ako systém komunikácie s čitateľom, správou o tom, ako zakaždým ide o návrat späť, o rovnaké chyby, opakované emócie, nemožnosť odvolať svoje hriechy, a napokon, nemožnosť sa zmeniť. Muži sa postupne z príbehu vytrácajú a čoraz prítomnejšie sú ženy. Jedna je romantická, druhá priberá pod ťarchou manželovej nevery, tretia je vášnivá, štvrtá chladná, no všetky majú „oči, hlas a sny“.

 

Matka – „moja žena“ – trpiteľsky znáša buchnáty od manžela, vyhnanie poloslepého syna (ktorý je, mimochodom, najzaujímavejšou postavou, hoci jeho vnútorný svet nám ostáva skrytý), smrť muža a trápenie dcér, až kým sa sama bezmyšlienkovite nedopustí zlomu svojho uhladeného držania, čo je pre ňu zároveň aktom pomsty voči strate citov a snov.

 

Domáce násilie je do rodinných vzťahov schválne zapracované ako ich neoddeliteľná súčasť. Stereotypný výjav popudlivého muža opojeného alkoholom a naštartovaného tichým ženiným pohŕdaním strieda kajúcnosť a sebatrýznivé spytovanie svedomia. Príkladom interaktívnosti textu je dialóg mŕtveho starého otca s trojročnou vnučkou, ktorá mu vyčíta, že sa čitateľom ukazuje v dobrom svetle, no jeho rodina si ho takého nepamätá. Jednou z Peixotových hier je aj ľúbostný trojuholník jedného z rozprávačov s dvoma ženami bez mena, pretože takto je v spleti milovaní v cintoríne klavírov, tehotenstiev a svadieb v príbehu ešte zložitejšie určiť, o ktorý zo vzťahov v skutočnosti ide.

 

A je tu vôbec nejaká skutočnosť? „Keď budeš umierať, bude sa ti snívať, že žiješ. A kto môže povedať, či si mŕtva a sníva sa ti, že ešte žiješ, alebo či ešte žiješ a iba sa ti sníva, že si zomrela?“

 

Peixoto napísal oduševnenú „rozkladačku“ ľudského života a chce, aby sme premýšľali spolu s ním. Ak sa zhodneme na tom, že človek je na svete preto, aby sa narodil, miloval a zomrel, potom je jeho román o človeku. Ak usúdime, že narodenie, láska a smrť majú zmysel len vtedy, keď si človek uvedomuje, čo je medzi tým, potom je jeho román o tom, čo je medzi tým.

 

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Jornal de Letras, Novembro 2017

27.12.17

 

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'O caminho também é um lugar'

 Manuel Halpern 

 

Cinco anos depois de Dentro do Segredo, o seu livro dedicado à Coreia do Norte, o escritor volta à ‘literatura de viagens’ com O Caminho Imperfeito. Histórias de uma outra Ásia – a Tailândia, igualmente recôndita -, de um submundo pernicioso e cru. Mas também uma viagem ao mundo interior do próprio escritor, com uma forte componente autorreflexiva e autobiográfica. O JL entrevista o autor, publica a crítica de Miguel Real àquele último livro e quatro poemas inéditos de quem também na poesia se distingue mas nos últimos anos não a tem dado a lume.

 

 

Chegou da Coreia do Norte e está de partida para a Finlândia. “E se mais mundo houvera lá chegara”, o verso d’Os Lusíadas que bem se aplica a José Luís Peixoto, escritor andarilho que desbrava o que resta dos mundos ocultos nesta sociedade global, que estreitou os caminhos da Terra. Em 2012, lançara Dentro do Segredo, um olhar sobre a Coreia do Norte, o mais obscuro dos regimes. Agora escreve sobre a Tailândia, em O Caminho Imperfeito, o seu segundo livro de ‘viagens’. Mas claro que não é uma Tailândia de postal, para estrangeiro ver, mas um mundo feito de submundos recônditos crus e chocantes. Mais do que isso, neste livro em que a realidade por vezes ultrapassa ficção, há uma viagem interior, introspetiva, testamentária, que cria elos com toda a sua obra.

Nascido em Galveias, em 1974, José Luís Peixoto é um dos mais internacionais escritores portugueses contemporâneos, livros seus estão editados em mais de vinte idiomas. Entre outras distinções, recebeu em 2001 o Prémio José Saramago pelo seu romance de estreia, Nenhum Olhar, e, já este ano, o prémio Oceanos, por Galveias. Dividindo-se entre ficção, poesia e literatura de viagens, iniciou a sua carreira em 2000, com Morreste-me, seguiram-se títulos como A Criança em Ruínas (2001, poesia), Uma Casa na Escuridão (2002), Cemitério de Pianos (2006) e Livro (2010).

 

JL: O livro começa com uma descrição algo chocante. Mas talvez o que que haja de mais chocante neste livro é estar catalogado como não ficção...

José Luís Peixoto: A Tailândia é um lugar de contrastes. Todas aquelas coisas são reais e aconteceram assim. Claro que depois há uma gestão da narrativa. O livro a partir de certa altura torna-se tão diferente, que rejeita a catalogação mais fácil.

 

Teve muitos anos uma crónica no JL intitulada ‘Verdades quase Verdadeiras’. Foi um caminho que sempre o interessou? A realidade como manancial de histórias ou aqueles momentos em que a realidade ultrapassa a ficção?

 A certo momento, o livro coloca o tema da autobiografia versus ficção. Reflete sobre a eterna questão de quanto tudo é ficcional e ao mesmo tempo autobiográfico. Em alguns momentos, deu-me prazer exercitar uma certa ironia através de factos absolutos, às vezes até estatísticos, que são muito eloquentes. Quando estamos a fazer o retrato de uma realidade exótica tudo acaba por ser muito diferente do que estamos à espera. Mas o livro também se movimenta nessa dualidade do longe e do perto. Por um lado, tem essa distância cultural e de perspetiva do mundo, diferente da nossa, mas por outro lado tem momentos de grande proximidade, de retrato íntimo, autobiográfico e pessoal. O confronto entre os dois acaba por ser a concretização dos polos desse caminho.

 

Descobrem-se várias camadas, o livro são muitas coisas ao mesmo tempo. No cinema muitas vezes fazem se ficções com técnicas de documentário. Aqui faz o inverso? Isto é um ‘documentário’ transformado em ficção? Usa ferramentas da ficção para falar da realidade?

Independentemente do caráter ficcional ou não de um texto, tem de ser considerada a sua eficácia narrativa. Nesse aspecto, fiz um exercício que requer um equilíbrio de vários aspetos. O livro é um caminho. Começa num ponto e termina noutro inesperado à partida. Acho isso interessante. Todos os livros propõem um caminho. Neste caso procurei que a existência desse percurso fosse muito clara. É uma narrativa feita de muitas narrativas.

 

É levada ao extremo a ideia de que quando se faz uma viagem não conta apenas o lugar para onde se vai, mas sobretudo como tal nos afeta interiormente. Tudo alimenta a viagem. É por isso que não há a mesma Tailândia para todos?

Sob o ponto de vista da descrição da Tailândia, o livro é uma hipótese. Tentei ultrapassar o estereótipo, muito forte e alimentado pela indústria do turismo. Mas eu quis ir a outros lados e colocar lá toda a minha subjetividade. O meu olhar não é neutro, nem objetivo. Nenhum olhar o é. Este livro tem muito de pessoal. Ao escrevê-lo foi o que mais me seduziu. A crónica da Tailândia foi, de início, o que me levantava mais desafios por ser um país tão diverso, que me deixava assoberbado a olhar para tudo aquilo, mas a partir de certa altura se foi organizando.  A forma como a Tailândia me marcou, com todas as suas capacidades simbólicas, foi, porém, o que transformou este livro em algo extremamente importante para mim e com um lugar muito particular em relação a outros livros que escrevi.

 

O livro sobre a Coreia do Norte, Dentro do Segredo, relata uma viagem num estilo muito diferente.

Sim, mas com esses pontos todos de contacto, na medida que também me transformou. Há uma visão sobre o lugar não objetiva. É um encontro com o outro, com todas as interrogações que trás. Classificar este livro como não ficção cria uma responsabilidade acrescida, porque se estabelece uma ligação com a escrita jornalística, com uma certa objetividade. Torna obrigatório retratar um espaço que existe e ser-lhe fiel. Isso para mim é muito complicado. Aquilo que encontro ali, apesar de ser objetivo e verdadeiro para mim, pode não o ser para outra pessoa.

 

Quanto tempo esteve na Tailândia?

Estive cinco vezes. Períodos de três e de duas semanas. A primeira foi depois de ter estado no Festival Literário de Macau. Contava ir à China, a Hong Kong, mas aconselharam-me a ir à Tailândia. Desde aí que tenho ido todos os anos. É uma cultura fascinante a vários níveis, quer do ponto de vista histórico, quer do seu quotidiano.

 

É um livro que permite que falemos sobre tudo, como se neste caminho coubesse o mundo inteiro. Um livro que coloca grandes questões universais...

Qualquer livro faz perguntas. A partir de certa altura colocam-se-me duas questões de forma muito direta: porque escrevo e porque viajo. São duas formas de perguntar ‘para que vivo’. Pois estes são dois símbolos muito claros da minha vida. Viajar, sob o ponto de vista mais físico, e escrever, do lado da reflexão, do pensamento. Mas são duas dimensões da mesma existência. Essas perguntas estão por baixo de todas as perguntas. No fundo, o livro vai dando várias hipóteses de resposta, ligadas a temas já trabalhados em livros meus, como as questões da família, o que leva o livro nessa direcção autobiográfica. Há um momento no livro em que eu faço um balanço da minha vida e penso como seria se morresse agora. Para mim essa reflexão foi o resultado lógico das perguntas que fiz. Apesar de haver reflexões quase absolutas, aplicáveis em outras circunstâncias, o livro nunca abdica das suas referências concretas. Tal como quando o livro falada Tailândia, parte daquelas ideias poderiam ser aplicadas noutras realidades nos seus princípios. Quando o livro fala sobre mim pode também ser aplicado a outras pessoas que o estejam a ler. Sem prejuízo de pretender ser simbólico e universa l pela própria natureza da literatura essa é a sua última vontade -, o livro é bastante particular, nele falo de forma muito concreta dos meus filhos, da minha família.

 

Chega ao ponto de fazer um testamento.

Quando se está a escrever o primeiro compromisso é com o texto. Mas não se podem deixar de considerar múltiplas circunstâncias em que ele possa ser lido. Fiquei a pensar que aquele texto poderia ser lido depois de eu morrer. É sempre uma situação sensível. Mas também acho que todos os textos devem ser escritos como um testamento. São a cristalização de um tempo que nos ultrapassa. A morte é uma grande fronteira. Marca uma grande diferença sobre a perspectiva da pessoa. Os textos são sempre escritos num passado e presentes num tempo que não é sempre exatamente o seu.

Embora aspirem a ultrapassar o tempo, todos os textos são datados, porque a sua verdade é sempre a do seu tempo. Claro que a riqueza do texto pode permitir múltiplas leituras que o façam sempre atual, mas o tempo em que ele foi escrito nunca é dado irrelevante. Existe sempre um compromisso com a História, do ponto de vista do tempo, e com a Cultura, do ponto de vista do espaço. O espaço em que um livro é escrito nunca é irrelevante, mesmo que possa fazer sentido em todo o mundo e em todas as épocas.

 

De alguma forma começou a escrever por causa do seu pai em Morreste-me. Aqui revela que começou a viajar também por causa dele. Há uma espécie de fechar de círculo?

Sinto que esse tema não se fecha. Mais do que ser um círculo é uma espiral. Esse é o grande tema da minha obra. Não sei se algum dia conseguirei sair daí da questão da filiação. Começa por ser a questão do pai, mas também é a questão dos filhos. No fundo são dois lados da mesma coisa. É uma questão que encerra muitas outras, como a do tempo. Não é por acaso que afiliação é um eixo narrativo de várias religiões, até do ponto de vista civilizacional, e nos organiza o pensamento. Sinto uma tendência para tratar esse tema e, em vez de contrariá-la, abraço-a, desde sempre.

 

Na sua obra, coloca os romances e a não ficção ao mesmo nível?

Há sempre uma pressão grande para escrever romances e um preconceito em relação ao resto. Como se por não ser um romance, o livro fosse menor. Cada género tem os seus desafios e a sua importância. Gosto de diversificar, de procurar e experimentar. As lições que aprendi a escrever romances são amplamente utilizadas aqui. Do ponto de vista da construção narrativa, as diferenças entre este livro e um romance são poucas.

 

Na badana da contracapa a sua obra aparece dividida apenas entre prosa e poesia...

Quando olho para um novo projeto, não consigo ignorar o que já fiz. Mesmo que isso aconteça encontro sempre ligações. Tenho a ambição que cada livro acrescente um novo ramo, mas não ignoro o tronco. Este livro relaciona-se com outros livros meus, como o Dentro do Segredo, as crónicas, o Morreste-me, o Cemitério de Pianos (até na estrutura)... Até com os livros mais ligados ao Alentejo, como o Galveias e o Nenhum Olhar. A dimensão autobiográfica está presente em todos. Este, O Caminho Imperfeito, em certa medida é o livro da adolescência, do rock’n’roll, das tatuagens, de uma cultura popular, mas às vezes transgressora.

 

Fala de coisas sérias, mas não é muito pesado.

Tentei que fosse, sob o ponto de vista da prosa, um livro fluido, de frases simples, para uma leitura ligeira. O humor é um aspeto que ameniza muito.  Embora seja temperado com outros elementos.

 

Viaja muito devido à vida de escritor, mas ainda assim acrescenta outras viagens. Porquê?

Há uma passagem do livro em que eu digo que era sempre o último a sair das festas. Desde sempre tenho grande ansiedade por viver. Raramente recuso convites, propostas, desafios. A minha ambição é sempre experimentar mais, ver, saber, sentir, tomar o gosto a tudo. Viajar para algumas pessoas é um objetivo de vida. Também há o momento que se diz no livro em que quem não viaja está a viver alguma coisa que quem viaja ignora. O livro faz essa apologia da viagem, embora lhe reconheça alguns lados menos positivos.

 

Diz que o caminho é um sítio. Sente-se em casa quando entra no avião?

O livro faz a apologia de viajar de avião, o que não é muito comum nos livros de viagem. Porque é tido como algo artificial, que não é verdadeiramente sentido. Há algum tempo que comecei a olhar para esses não lugares. Quando se tomam muito presentes ganham características que normalmente quem está de passagem não reconhece.

 

Escreve em qualquer lado?

Escrevi este livro em muitos espaços e circunstâncias. A escrita tem diversos estágios. Alguns são mais adequados para desenvolver em movimento. Contudo, para mim, a circunstância ideal para escrever é em casa. Mas escrevo em muitos lugares. Às vezes, a escrita pode ser uma âncora de estabilidade num meio em permanente alteração.

 

Há algum sítio onde ainda queira ir e escrever?

Há vários sítios que trazem grandes questões. Tenho viajado para a Ásia. É um continente fascinante. Quando se regressa da China é impressionante ver as paisagens imensas da Mongólia, do Azerbaijão, Cazaquistão... Espero ter a oportunidade de escrever mais livros com focos noutros pontos.

 

Se abrisse um concurso para escritores irem à Lua inscrevia-se?

Seguramente. De resto, o olhar com que se vai para qualquer lugar tem que ser semelhante ao de com que se iria para a Lua. Porque se nos convencemos que os nossos preconceitos são o suficiente, não vale a pena a viagem.

 

 

  

Viagem Iniciática

Miguel Real

 

José Luís Peixoto (JLP) atingiu a idade da meia-vida e, em registo de “não-ficção” (texto da contracapa), perfez uma viagem ao fundo da sua existência, sumariada no seu último livro, O Caminho Imperfeito. Note-se que o título não indica “um” (indeterminado), mas “o” caminho, bem definido, o “seu” caminho. Ainda que profana, trata-se de uma viagem verdadeiramente iniciática já eu tem como objetivo atingir o autoconhecimento e determinar os tentáculos existenciais que têm ligado a sua vida aos outros e ao mundo. Não se trata de ma viagem de prazer, ou uma viagem turística, ou uma viagem encomendada para uma repostagem, mas uma viagem ao fimou ao fundo de si próprio e, por via do caminho percorrido, desenvolver e atingir um autoconhecimento sintético e iluminante sobre a sua vida.

 

É neste sentido que, neste seu novo livro, a viagem, mesmo profana, é iniciática, busca fins de conhecimento, não materiais, não históricos, mas, seguindo a antiquíssima divisa de Sócrates, de busca de si mesmo. Porém, como Sócrates, o resultado atingido e o caminho percorrido como conteúdo concreto da viagem não comprazeram totalmente o autor/ narrador (ver diferença apontada no livro, pp. 100-101): gostou e não gostou da viagem.

 

Gostou porque descobriu a razão porque é escritor (p. 114) e porque viaja (p. 115) – não revelamos os porquês para não furtar o prazer da descoberta ao leitor; gostou porque cimentou laços familiares (por exemplo p. 103, o casamento em Las Vegas, p. 108, a ida da família toda a esta cidade, pp. 119-120) e a amizade com Makarov, o companheiro de uma das viagens, antifo amigo das tatuagens no Bairro Alto e ilustrador do livro; gostou porque face a duas cidades, a mais profana e materialista do mundo, Las Vegas/ EUA, e uma das mais religiosas e/ ou espiritualistas, Banguecoque/ Tailândia, defrontou-se consigo próprio, com os seus limites cívicos e mentais; gostou porque detectou fios inconsúteis  de ligação entre a infância e a adolescência numa aldeia  do Alentejo, o filho mais novo de um carpinteiro, e o adulto escritor e viajante, não uma vida artificial, mas uma vida genuína, no passado e no presente. Gostou, enfim, porque encontrou o fio ontológico de ligação da totalidade da sua existência, percebeu que não viveu inutilmente, e que o que tem feito (escrever, viajar) continuará a ser doravante o fulcro da sua vida.

 

Não gostou porque constatou ser “imperfeito” o caminho: “Quanto mais tento conhecer-me, mais percebo o quanto falta para me conhecer. Quanto mais ilumino, mais consciência tenho das enormes distâncias que falta iluminar” (p. 110); não gostou porque constatou que não é sujeito da sua existência: todo o artigo número 27, demasiado longo para aqui transcrever; não gostou, porque percebeu que o caminho é o lugar da imperfeição e a viagem, por maior, é sempre inconclusa: “Não sou o meu corpo, não sou o meu nome, não sou o que tenho, não sou estas palavras, não sou o que dizem que sou, não sou o que penso que sou” (p. 184). Não gostou porque percebeu que muito do que é como escritor lhe é exterior, que é apenas um elo do “caminho”: “Sou um caminho. Sou alguma coisa que vem de antes, que me foi entregue pelo meu pai. Também ele a recebeu. (...) Sou alguma coisa que continuará depois de mim, que entrego aos meus filhos” (p. 185). E, mais radical, na p. 152, a propósito da decisão impulsiva de partir para as duas cidades: “Será que alguém decide alguma coisa?”

 

A coesão do texto narrativo é dada pela história macabra de alguém que envia pelo correio de Banguecoque para Las Vegas várias caixas contendo a cabeça de um bebé, o pé direito de uma criança cortado em três partes, pedaços de pele tatuada e um coração humano. Narrada na primeira página, ela surge a espaços no texto, acrescentando nova informação, até finalizar a última página do livro. O leitor desconhece se, inserida num texto de certo modo confessional, a história é verdadeira. Porque alimentado pela “não-ficção”, pressupõe-se ter sido verdadeira.

 

Balanço final da viagem: “As palavras são espelhos imperfeitos. Escrever, mesmo com todas as insuficiências, é o que sie fazer para descobrir quem sou” (p. 113), e, interpretado o passado e o presente, conclui o autor/ narrador: “O velho que imagino que serei é o velho que gostaria de ser” (p. 147), ainda que a criança imaginada não tenha sido a criança real, a que foi mesmo, mas aquela é a única criança pensável pela memória e, portanto, a outra, a verdadeira, não existe.

 

De recordar ao autor.narrador o belíssimo final de Viagem a Portugal, de José Saramago: “A viagem não cana nunca. Só os viajantes acabam. E mesmos estes podem prolongar-se em memória, em lembrança, em narrativa. (...) É preciso recomeçar a viagem. Sempre.” No caso de JLP, traçar até ao final da sua vida, que desejamos longa, novo “caminho imperfeito”. 

 

Única falha: José Luís Peixoto atravessou o rio Mekong e não se lembrou  que foi aí que Luís de Camões naufragou.

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Estado de S. Paulo, Agosto 2017

02.09.17

Livro de José Luís Peixoto evoca a poesia que vem do inconsciente

 

Escritor português lança no Brasil 'A Criança em Ruínas', pela editora Dublinense

 

José Castello*, Colaboração para o Estado

 

Há mais de meio século, Vinicius de Moraes já nos alertava que a poesia não está nas palavras, mas na vida. Na era das mentes turbinadas e do culto à adrenalina, nada melhor do que retornar à lentidão das pequenas coisas e a, partir delas – muito além dos livros –, procurar a poesia. Parece simples, talvez redutor, e até ingênuo, mas não é fácil. Os que preferem ver a poesia como artifício e jogo, como uma tarefa de especialistas, na verdade se esquivam do assombro que ela desvela. Evitam, assim, o que eles mesmos dizem cultuar.

 

Temas antigos, mas sempre futuristas, como o amor, a liberdade e a morte, persistem nos livros de poesia que realmente importam. Agora mesmo leio A Criança em Ruínas, do português José Luís Peixoto. Nele encontro, mais uma vez, uma poesia que não se contenta com a exibição intelectual. Que deseja ultrapassá-la, cavar fundo sob o manto de letras, para chegar aos fundamentos de sua própria voz. Em tempos tão fúteis, este parece ser um trabalho sem sentido. Buscar sentido – isso hoje não faz mais sentido; interessa apenas produzir efeitos. De modo que os poetas parecem seres em fuga, quando é bem ao contrário: se você olhar a paisagem na direção correta, verá o quanto, na verdade, eles nos ultrapassam.

 

Poetas como Peixoto escrevem com a consciência de que, a cada palavra, têm menos nas mãos. “Sou um erro propositado e sou erro/ maior por isso”, ele nos diz. A cada verso escrito, é todo um mundo que fica para trás. A questão, portanto, não é deter-se nas palavras, não é “enfeitá-las” com o recurso do artifício ou da novidade: mas perfurá-las para examinar o que detrás delas se esconde. Aqui o verdadeiro poeta se arruína: ao escrever, ele destrói aquilo mesmo que escreve. “Sou a erosão de mim próprio”, diz Peixoto, ciente de que escrever, muito mais do que um exercício de inteligência ou de mestria, é perder-se de vista. Ao escrever, o poeta se exclui, deixando as palavras como restos de seu esforço.

 

Não devemos – como fazem os novos poetas esnobes, com seus óculos da moda e sua mente intoxicada de citações – nos deter na fulguração da letra. O esnobismo é isso: afetação, busca da superioridade, e também um desejo escondido de vingança contra aqueles que apenas fazem. “A letra p não é a primeira letra da palavra poema”, nos alerta Peixoto em sua Arte Poética. “O poema é esculpido de sentidos e essa é a sua forma.” Algumas linhas à frente, ele esclarece ainda melhor: “O poema é quando eu não conhecia a palavra poema.” Anterior à própria letra, o poema é a ruína do poeta.

 

Mas aceitar isso – que a poesia se antecipa ao poema – é aceitar, ao mesmo tempo, a presença de elementos fugidios e não domesticáveis, como a intuição, o recolhimento e o silêncio. Admitir que o poema só se faz porque existe alguma coisa antes dele que o sustenta e o engendra. Os poemas “não são bibliotecas a arder de versos contados porque isso são/ bibliotecas a arder de versos contados e não é o poema”. E esclarece, em versos ainda mais escandalosos: “não é a/ raiz de uma palavra que julgamos conhecer porque só podemos/ conhecer o que possuímos e não possuímos nada.”

 

Aceitar, portanto, não só a limitação atroz que nos constitui, mas a corrosão persistente que compõe a vida. Aceitar que quanto mais falamos – quanto mais escrevemos – menos nós sabemos. E, no entanto, é nessa perseguição do sentido, além, muito além da rede de palavras, que a poesia reside. Os esnobes, com suas teses espantosas e seus muxoxos, pouco sabem da poesia. Lembro aqui de uma observação nada consoladora de Clarice Lispector: “Mas é que o erro das pessoas inteligentes é tão mais grave: elas têm os argumentos que provam.” Ao escrever, nos mostra Peixoto, em vez de elucidar, o poeta devasta: “entre as palavras da minha voz, as minhas palavras, renasce/ um silêncio.”

 

Aqui, a própria letra se torna corrosiva e mortal. “A palavra poema existe para não ser escrita como eu existo/ para não ser escrito.” Afirma, assim, a primazia da vida sobre o poema. Para poetas como ele, a poesia sempre escapa; por mais que se escreva, está sempre em outro lugar. É como ele diz sobre o amor, em outro belo poema: “o amor é saber/ que existe uma parte de nós que deixou de nos pertencer.” A poesia também. E por isso, toda assinatura, toda vaidade, não passam de uma fraude.

 

*José Castello é jornalista, mestre em comunicação pela UFRJ e escritor. Autor de 'Ribamar' (Bertrand Brasil) e 'A Literatura na Poltrona' (Record), entre outros

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 Capa do livro 'A Criança em Ruínas', de José Luís Peixoto

A Criança em Ruínas

Autor: José Luís Peixoto

Editora: Dublinense

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Hoy Día (Córdoba, Argentina),

01.09.17

Fátima

Por Miguel Koleff

 

Entender a los otros no es una tarea que comienza en los otros. El inicio siempre somos nosotros mismos (J.L. Peixoto)

 

No en vano José Luis Peixoto escoge un fragmento de Alan Badiou como epígrafe para iniciar su relato sobre un hecho antiquísimo de la historia religiosa de Portugal que se condensa en la aparición de la Virgen a tres niños pastores de la aldea de Aljutrel y que –para bien o para mal- ha nutrido por años el imaginario cultural de ese país. La cita en cuestión –“nada puede atestiguar que lo real es real, salvo el sistema de ficción en el cual representará el papel de real”- pone en un justo lugar el papel interpretativo que le cabe a la novela respecto de ese fenómeno desde que define la secuencia de hechos dentro de un paradigma de lectura que no lo impugna de antemano y que casi bordea la versión oficial de los acontecimientos proferida por la Hermana Lúcia, su única sobreviviente.

Hay un juego de decir y no decir que está implícito en Em teu ventre (En tu vientre) y que revela (de algún modo) la interdicción que pesa sobre este discurso desde que Oliveira Salazar, el dictador responsable de los 40 años de aprobio del pueblo portugués, se asumiera como un “fatimista” confeso e hiciera valer su poder fáctico como marca registrada de gestión. De allí el silenciamiento a este respecto que trajo aparejada la democracia reconstituida después de los 70 salvo una u otra mención, como la de José Saramago en El año de la muerte de Ricardo Reis (1984), en la que destaca el comercio eclesiástico con los exvotos. Fátima interpela más por el silencio creado a su alrededor que por la fe convicta a la que convoca dentro de la propia nación. Al mismo Peixoto no le sorprendió (aún en 2015) que el público se mantuviera apático durante el lanzamiento del libro ya que a pesar de que todos conocían la historia y algo tenían para aportarle, nadie osaba pronunciar una palabra a favor o en contra.

Un elemento importante para entender tantos tapujos es que, de todos los registros extrasensoriales que ha relevado la iglesia católica como parte de sus misterios numinosos, el de 1917 tiene, además de un viés místico, una connotación política difícil de encuadrar. En términos esotéricos, Fátima da cuenta, no sólo de las dos guerras mundiales sino también de la caída del muro de Berlín y el final de la Unión Soviética, por lo que puede ser analizado como símbolo paradigmático del siglo XX. Lo más discutible radica en la lógica capciosa que teje entre un comunismo demonizador y un capitalismo salvífico para enfatizar la presencia divina como intervención misericordiosa. El secreto de julio, como se le dado en llamar, es claro a este respecto: “Si atienden a mis deseos, Rusia se convertirá y habrá paz, sino ella esparcirá sus errores por el mundo, promoviendo guerras y persecuciones contra la Iglesia” (sic). En este punto yace la laguna interpretativa  de las apariciones, sobre la que la testigo ocular, con su confusión de términos escatológicos, empantana en lugar de esclarecer. Desentrañando esa cita, podríamos convenir en señalar los horrores del estalinismo a partir de los años 20 ahora que los conocemos  pero no dejaríamos de asombrarnos de una globalización injusta, desigual y violenta como la que sobrevino después. ¿Es ese el reinado de la paz prometido por la virgen, acaso, cuando el 13 de mayo se lo aseguraba a los pastores? 

Son muchas las razones para desconfiar del único testimonio que pone en marcha el derrotero de Fátima como institución y monumento, al decir de Foucault. Pero su emergencia, su disponibilidad heurística hace que siga en pie y que no se instale una sospecha completa sobre su significado. Finalmente, el “aparecer político” (si le creemos a Didi-Huberman) es “una aparición de diferencias” que se podría mensurar de otra manera si se hiciera por fuera de la iglesia y recabando el archivo todavía asequible. Una revisión de los contenidos de percepción a la luz de la categoría “montaje” y en plena era de la reproductibilidad técnica, no sería nada desdeñable por ejemplo. 

La novela se escalona en seis capítulos que coinciden con los seis encuentros de 1917 manteniendo el recorrido cronológico con fidelidad, esto es, desde el mes de mayo al mes de octubre en el que se manifiesta el milagro que le dio popularidad, el del sol girando sobre su eje. Asume a Lúcia como personaje principal, como no podría ser de otra manera,  ya que es la única que ve, escucha y dialoga con la virgen (Jacinta puede oírla y Francisco sólo verla) pero en lugar de encarar la relación rostro a rostro, la elección escritural de Peixoto se vuelve sobre el horizonte familiar que rodea al personaje y ancla en el vínculo  con la madre -auténtica antagonista de los episodios- que no le cree una palabra y que la acusa de mentirosa. Este corrimiento de la acción externa hacia un interior fecundo,  potencia el carácter reflexivo y poético de la trama y redimensiona los motivos que la inspiran. Precisamente el eje de la relación entre rostro y máscara (para usar los términos de Badiou, antes citado) se escande del plano institucional para anidar en el de la esfera íntima como un ajuste de cuentas entre fidelidad e infamia que alcanza su paroxismo en el mes de octubre cuando María Rosa teme por la vida de los suyos (“Si el milagro anunciado no se produce, van a matarnos”, 155). Queda claro que Peixoto escoge el “más acá” como lugar de su ficción y se distancia de la mistificación popular que hizo crecer al relato como devocionario exclusivo del catolicismo conservador. Al hacerlo, repone a Fátima en un lugar más universal y le devuelve la fe al enigma que encierra.

Podemos afirmar entonces que, en sentido estricto, el acto de las apariciones no está narrativizado, con lo cual el soporte de la creencia se mantiene en suspenso sin ninguna calificación. A fin de no falsear perspectivas, arriesgando un punto de vista intelectual o tomando una posición esclarecida, el joven escritor va más allá de la representación icónica y la reemplaza por versículos bíblicos que disemina a lo largo de la narrativa. No son extractos fidedignos de las Escrituras sino valoraciones parciales de lo que –entiende- es el mensaje transmitido. Consigue así evitar estereotipos y contribuir  al remozamiento de una tradición vernácula desde un ángulo literario.

 

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Lombada Quadrada, agosto 2017

01.09.17

A literatura e o segredo de Fátima

Por Carlos Carvalho

 

Sujeito corajoso e ousado o José Luís Peixoto. O escritor português se lançou no arriscado terreno da fé ao construir em Em teu ventre uma narrativa ficcional baseada nas aparições de Fátima, que completaram 100 anos neste 2017. Coragem por tratar de um tema tão delicado, a fé, sem louvações gratuitas, com o perdão do trocadilho. E ousado por abordar o tema desprovido da paixão religiosa, com distanciamento que se pode afirmar agnóstico, buscando encontrar o que de mais humano poderia haver na história de Lúcia e seus primos Jacinta e Francisco, que foram as três criaturas “agraciadas” com as aparições que mudaram a vida da pequena aldeia de Fátima, entre maio e outubro de 1917. Mudaram radicalmente uma vila e obrigaram as crianças a crescer sob a aura da santidade, recolhidas em conventos a salvo da sanha dos fanáticos.

O romance de Peixoto, que chegou ao Brasil em edição da Companhia das Letras, é narrado por uma sobreposição de vozes. Começa de forma genial emulando o formato das narrações bíblicas, com capítulos e versículos numerados. Este formato representa a voz de deus, que revela de uma certa forma as dúvidas do criador em relação ao produto de seu trabalho de 6 dias. A mãe do narrador também se faz presente ao longo do livro. Em textos curtos, entre parêntesis, fala com seu filho, expondo suas angústias de mãe e zelando para o que filho-narrador siga com a história das crianças e de sua aldeia até o fim. E temos a narrativa propriamente dos intervalos entre uma aparição e outra, sempre acontecidas nos dias 13 de maio a setembro daquele ano, que ficam rondando a relação de Lúcia, a mais velha das crianças, com sua mãe, Maria. Também é um livro sobre a concepção. Deus, que concebeu o mundo. A mãe do escritor, que nos deu um autor de talento. E a mãe de Lúcia, que observa aflita a vida de sua filha mais nova ser sacudida por um terremoto de enormes proporções.

Não sabemos como foram as aparições, não sabemos quais foram as palavras de nossa senhora, não sabemos o que revelou ao mundo através dos pastorinhos. Isso está escrito nos livros oficiais e nos relatos das crianças e, sabiamente, não aparece no livro. O que sabemos nessa construção ficcional habilmente arquitetada é o que se passou no seio da família de Lúcia e no seu entorno. Maria, a mãe da menina, com a certeza de que a filha mentia e carregava consigo os primos mais novos em uma espécie de delírio que, nas palavras da mãe, “só podia ser coisa do demônio”. O alheamento do pai e a ira dos padres, com o latente medo de perderem, eles, a primazia da conversa com o divino. E a gradativa chegada de fiéis, atraídos pelo boca a boca que vai alastrando a notícia de que a virgem apareceu a três inocentes criaturas sob a sombra raquítica de uma azinheira. Depois da primeira aparição, as seguintes tem dia marcado. Nada mais conveniente. E, a cada mês, milhares e milhares de pessoas vão chegando e destruindo as plantações do pai de Lúcia em torno da árvore a fim de encontrar um lugar privilegiado para assistir às aparições. São camponeses, burgueses de outras cidades maiores, todos a chegar com os mais variados pedidos para a santa.

A peregrinação traz também a figura que ficaria para a história como Maria da Capelinha, uma entre tantas marias daquelas paragens, que consegue convencer Lúcia de que a santa pediu que se erigisse uma capela em sua homenagem. Estava lançada a pedra fundamental do gigantesco complexo que tomaria conta do modesto sítio daquela família.

Em um romance repleto de entrelinhas, Peixoto mostra uma menina de 10 anos com pendores filosóficos a conversar com insetos, árvores, cachorros, folhas, como quando diz a estas que está cansada, neste lindo diálogo sobre o segredo, que viria a ser a chaga que acompanharia esta futura freira por toda a vida, o tal do Segredo de Fátima :

Estou tão cansada, folha.

“Estamos todos.

Acho que estou mais cansada do que todos.

Aqueles que estão mesmo cansados acham sempre isso. Se eu te contar um segredo, prometes guarda-lo?

Posso tentar, mas não depende só da minha vontade.

Como assim?

Os segredos passam por qualquer fresta, são mais fluidos do que a água, mais informes do que o ar. Podemos fazer tudo para guardar um segredo, mas ele acaba por encontrar caminho para se esvair.”

Lúcia é retratada como uma criança que já sabia que seu destino estava irremediavelmente moldado por aquelas aparições. Em muitos momentos, o leitor talvez torça para que ela se arrependa e diga que foi tudo uma invenção e siga com sua vida de criança, a brincar pelos campos, ajudar os pais e seguir a vida de uma família camponesa que, se não era rica, tinha os meios para a sobrevivência garantidos por uma terra fértil e um rebanho gordo.

Mas Lúcia é uma pessoa atormentada pelas aparições, que não consegue entender todo o palavrório da mãe e dos padres a tentar lhe convencer de que não pode seguir com aquilo das aparições.

E ela conduz os primos para cada uma daquelas aparições, observando o crescimento da multidão, em número e fanatismo, certa de que tem um papel a cumprir. Um fado.

Estamos em 1917, a guerra consome parte da Europa, muitos dos rapazes das famílias da região estão em combate, há medo, busca-se aquilo que o deus retratado mostra como o maior valor de sua criação: a esperança.

E o que mais poderia dar esperança, em meio a medo e morte, do que uma aparição da mãe de Jesus?

Com todos esses ingredientes, Peixoto teve, repito, a ousadia de lançar em pleno centenário das aparições um livro que mexe de forma muito elegante e poética com uma das maiores marcas de Portugal do século XX, que viu a pequena vila se transformar em um centro de peregrinação mundial, que debateu e ainda debate exaustivamente a veracidade, o segredo, as revelações supostamente apocalípticas.

Fátima, um nome de origem árabe, dado a uma aldeia obscura no centro do pequeno país, tornou-se um nome próprio português por excelência. Maria de Fátima é o nome de milhares e milhares de mulheres em Portugal e no Brasil. Uma menina nascida em 13 de maio, como minha irmã, em uma família portuguesa, como é a minha, não tinha outro destino a não ser receber esse nome.

Peixoto, que já ganhou diversos prêmios, entre eles o Oceanos (o antigo Portugal Telecom) de 2016, é um escritor para ser lido e acompanhado. Tem uma prosa deliciosamente poética, maneja bem demais as metáforas e consegue fazer com que você acredite piamente nas reflexões um tanto metafísicas de uma menina de 10 anos. Esse é o encanto da literatura, ora pois!

 

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Integración, julho 2017

07.08.17

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The Statesman, May 2017

07.08.17

When death triggers creative grief

 

Death…What does it mean? Each one of us has a different perception of mortality. One such perspective is in Morresteme, penned by noted Portuguese writer Jose Luis Peixoto. The Indian edition of the work, published by Goa 1556 Publishers, is trilingual (Hindi, English and Portuguese).

 

The book was released by the Ambassador of Portugal, Joao da Camara, at Instituto Camoes ~ the Portuguese Embassy Cultural Centre ~ in New Delhi at a literary evening. While the Hindi title of the book is Tum Choor Gaye, the title of the English translation is You Died.

 

The titles draw attention to the crux of the book, which revolves around the passing away of the author's father, and his experiences of dealing with the grief, and coming to terms with the fact.

 

Anil Kumar Yadav, an MPhil student of Portuguese language, is one of the translators of the book into Hindi. When asked about the challenges he faced while executing this project, Yadav candidly remarks, "Since the book talks about a loss and the associated grief, the portrayal of the intense emotions felt, through the medium of words, was definitely a challenge. The second aspect is the unique style of the author, wherein feelings and memories are depicted through the medium of elements in nature. Besides this, some words are strongly associated with the culture of Portugal and carry a lot of depth, because of which intense care, during the translation, had to be taken."

 

Rahul Khari, who teaches Portuguese language at Delhi University, worked intensively on the translation of the book, with Yadav, and seconds the latter as he adds, "Having experienced loss myself, I understand the fact that though it is difficult to translate emotions, sentiments associated with grief are universal and hence easily associated with, irrespective of the language." On a philosophical note, he explains the concept further "The grief may consume you, so much so that you reach the very bottom; however, time is a healer, and slowly, but steadily, one does rise."

 

Peixoto, the author, describes his book as a very personal work, as it deals with very intense and private emotions, which were, actually, enhanced, as he himself stepped into fatherhood a little after the loss of his father. How does he feel the reader will react to the book? His answer is simple, yet very thought-provoking: ''Parents are a very important part of one's life and the structure of a family. This bereavement is faced by everyone, at some point in time, in varying intensities. The idea of the book is to establish a connect with the reader based on this universal emotion."

 

The author, who has been in India for the third time now, describes the feeling associated with the publishing of his book in a trilingual work as overwhelming and satisfying. "I credit this work to the translators, as they have done a great job in conveying the emotions and expressions concerned in a simple, yet touching manner, without losing or diluting the essence of the book."

 

Any messages for the reader? Yadav says, "The book requests a certain amount of disciplined reading. Reflection and introspection are very important to fully understand the book."

 

Prior to this, the trilingual edition was launched on World Poetry Day, at the Camoes - Portuguese Language Centre in Goa.

 

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