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Excélsior, México

29.11.18

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José Luís Peixoto, el Magallanes de la literatura

“Me encanta escribir sobre lugares lejanos en la misma dimensión que me interesa escribir sobre lo más íntimo”, afirma en entrevista el novelista portugués

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PASCAL BELTRÁN DEL RÍO

El viaje y la aventura marcan la vida y la obra de José Luís Peixoto (1974), uno de los escritores portugueses contemporáneos más reconocidos. Nacido en el entorno rural del pequeño pueblo de Galveias, junto al mar, al que considera su fuente creativa y al que siempre regresa, al novelista le fascina recorrer nuevas y lejanas geografías e, incluso, puede confeccionar sus textos en los aeropuertos y hoteles de distintos países.

 

En entrevista con Excélsior, acepta que, de alguna manera, ha heredado el espíritu aventurero de sus paisanos, los célebres navegantes y exploradores Vasco de Gama (ca. 1460-1524) y Fernando de Magallanes (1480-1521), porque el viajar le permite descubrir al otro y, al mismo tiempo, a sí mismo.

 

“Me encanta escribir sobre lugares lejanos en la misma dimensión que me interesa escribir sobre lo más cercano, lo más íntimo. Muchas veces es importante mirar las cosas desde lejos, tener perspectiva, y compararlas”, comenta.

 

El autor de Dentro del secreto y El camino imperfecto, libros inspirados en sus viajes por Corea del Norte y Tailandia, respectivamente, afirma que en 2012 se percató de que había estado escribiendo acerca de temas como la familia, su pueblo y su realidad y le cautivó la idea de nutrirse “de algo tan lejano como estas naciones”.

 

De hecho, pondera el tema del turismo. “Te hace reflexionar sobre cómo miramos al otro, lo que esperamos del otro, lo que el otro hace. Todo ese mundo que al final es también una construcción cultural, además de una actividad económica potentísima que mueve a millones en todo el mundo. No es un tema muy romántico ni muy literario, pero, en la historia de la literatura, los nuevos temas siempre encontraron su lugar, porque ésta es un cuestionamiento de todo”.

 

El licenciado en Lenguas y Literaturas Modernas por la Universidad Nova de Lisboa detalla que sus novelas han tomado forma en diferentes partes del mundo. “Escribo mucho fuera de casa. Incluso, las habitaciones de hoteles me parecen un lugar perfecto para trabajar. Cuando viajo me gusta llevar conmigo algo que garantice mi estabilidad y eso es el trabajo que hago, un texto. Ahora estoy terminando una historia y algunas de sus páginas las hice en México, otras en Japón, en España y distintos países de Europa”.

 

Agrega que también las reflexiones para hacer sus novelas se han suscitado en diversos países. “Viajar es un estímulo constante. Supongo que para escribirlas hay que desarrollar una actividad intelectual íntima y mantenerla, pero cuando el entorno cambia, recibes estímulos y conocer personas; es un material rico”.

 

Quien obtuvo el Premio de Literatura José Saramago en 2001, por su primera novela, Nadie nos mira, piensa que, en una sociedad cuyo motor es internet, las fronteras no deben existir ni entre las naciones ni entre las manifestaciones artísticas, como la música y la literatura.

 

“La tecnológica es la más grande revolución que hemos tenido, desde la Industrial. Internet ha cambiado cosas tan importantes como la forma de consumir información, la manera como nos relacionamos, como nacen los movimientos sociales y las opiniones colectivas. Y eso es lo que está en juego.

 

“Si, por un lado, internet ha hecho que las relaciones sean más fluidas en una dimensión donde no hay fronteras, también es cierto que hay necesidades de identidad, de propiedad, que generan polémicas y problemas que tienen una repercusión tan concreta”, añade.

 

El autor de Cementerio de pianos admite que hay muchas dimensiones de este debate. “Pero me parece que el camino del mundo pasa por borrar las fronteras, no sólo por la cuestión de la economía. Sin embargo, los aspectos propios de cada cultura encontrarán la manera de sobrevivir”.

 

Entorno rural

 

A pesar de su fascinación por los viajes, Peixoto reconoce que su casa de Lisboa es su lugar preferido para trabajar y que el entorno rural que rodea a su pueblo natal, Galveias —que da título a otra de sus novelas—, es y será su fuente creativa. “Ha sido el escenario más sencillo y el primero en que pensé. Como ahí nací, crecí y viví hasta los 18 años, a la hora de escribir una novela, lo que tenía para decir venía de ese mundo. Y, desde entonces, supongo, porque todavía tengo cuestiones que están ubicadas ahí y me hacen pensar y son pertinentes, lo retomo con frecuencia”, indica.

 

Dice que vuelve siempre que puede, porque es como visitar la fuente. “Nunca tengo dudas de que ése es mi lugar. Cuando estoy en sitios lejanos, siempre sé que el centro de mi mundo se ubica en ese pueblo de poco más de mil habitantes. Viajando, no pasa un día en que no me acuerde de Galveias”, confiesa.

 

El narrador, cuya obra se ha traducido hasta hoy a 26 idiomas, evoca que fue en este lugar, enclavado en la región de Alentejo, donde se hizo lector, primero, y escritor después, gracias a una biblioteca ambulante que llegaba una vez al mes y se estacionaba en la plaza principal.

 

“Recuerdo que el bibliotecario, se llama doctor Dilis, a quien todavía tengo oportunidad de encontrar, me daba algunas sugerencias de lectura que me cambiaron la visión de lo que podría ser la literatura. Es una persona ya mayor, pero sigue con esa sabiduría que le encontraba. Esa biblioteca traía una gran cantidad de libros que eran pequeños mundos, y mis amigos y yo descubríamos cada mes”, señala.

 

En esta villa, el autor de Te me moriste también exploró, en plena adolescencia, su gusto musical por el heavy metal. “Aprendí a tocar la guitarra y el saxofón. A veces, en casa, solo, sigo tocando. Claro, ahora tengo 44 años y ya no soy tan radical para escuchar un solo género musical. Pero el heavy metal es como una vocación que tengo desde temprano”, especifica quien ha trabajado con varios grupos, tocando y escribiendo letras de canciones.

 

Por ello no cree en las fronteras entre las manifestaciones artísticas. “A mí me agradó que el cantautor Bob Dylan ganara el Nobel de Literatura, pues ha generado una polémica sobre las fronteras de lo literario. Y veo que estas fronteras tienen muchos policías viendo que estén bien definidas. Pero yo dudo que estén tan bien definidas. Todo eso me divierte”.

 

Tatuajes y alcornoques

 

También los tatuajes son importantes para este escritor que visita por segunda vez la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, pues posee varios. “Los tatuajes son metáforas, siempre representan algo amplio, siempre son un símbolo, una marca. Y su significado cambia con el tiempo. Tienen ese aspecto definitivo. Los comparo mucho con la literatura, porque son algo que se queda. Son algo íntimo y personal”.

 

Quien nació en el año que estalló la Revolución de los Claveles —levantamiento militar del 25 de abril de 1974 que provocó la caída de la dictadura que dominaba Portugal desde 1926—acepta que la muerte es un tema recurrente en sus libros.

 

“Uno puede llevarse la vida buscando una respuesta y no encontrará una que se quede de manera definitiva. Nuestra relación con eso desconocido cambia, porque cambiamos nosotros, nuestra edad, nuestra perspectiva. Es un gran tema, porque pensar sobre la muerte es pensar sobre la vida, sobre cuáles son las cosas que quiero dejar hechas, cuáles son mis perspectivas. Es interesante desarrollarlo y, sobre todo, proponerlo a los lectores”.

 

Quien convivió con José Saramago, el único Nobel de Literatura luso, la última década de su vida —“lo miré como un ejemplo, me influyó no sólo a nivel literario, sino también humano y de postura social”—, termina la entrevista evocando el alcornoque, árbol que aparece en sus libros. “En mi pueblo es la más grande riqueza. Durante el tiempo que se saca el corcho de los árboles, en el verano, los hombres interrumpen sus trabajos y se van a sacar el corcho de los alcornoques. El material más noble. Es símbolo de mi región y un dato importante de mi memoria”, concluye.

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El Tiempo, Bogotá, Colômbia

26.04.18

El mundo particular de José Luís Peixoto

Peixoto es uno de los nombres más importantes de la actual literatura portuguesa. 

 

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 “Hasta mis 18 años viví en un pueblo de mil personas en la región rural del Alentejo. Ahí, durante mi niñez, cada mes, llegaba un coche lleno de libros. Se aparcaba en la plaza principal y yo tenía la oportunidad de llevarme cuatro o cinco libros que debía devolver el mes siguiente. De esa manera he leído a muchos de los más importantes escritores portugueses y también a autores esenciales de la literatura internacional. El motorista/bibliotecario era una persona muy interesante. Me daba consejos sobre lectura. En mi casa no teníamos muchos libros, pero mis padres sentían un respeto muy grande por ellos”.

 

Así fue el primer contacto de José Luís Peixoto con los libros y con la lectura. Nacido hace 43 años en Galveias, un pueblo pequeño del interior de Portugal, Peixoto es poeta, novelista, cuentista, dramaturgo. Ha sido traducido a más de veinte idiomas y cuenta con varios reconocimientos, entre ellos el premio José Saramago, que recibió en el 2001 por su primera novela, Nadie nos mira. “Es una de las revelaciones más sorprendentes de la literatura portuguesa reciente. No tengo ninguna duda de que es una promesa segura de un gran escritor”, dijo Saramago sobre él. Y en efecto: de promesa se ha convertido en realidad. Pero la lista de premios no es lo que más habla de José Luís Peixoto. O por lo menos no es lo más importante. Son sus propias palabras, las que ha dejado en libros como Te me moriste, Galveias, Cementerio de pianos o En tu vientre. Libros que hablan de la tierra, de la familia, de las ausencias, de las muchas formas del amor y también del dolor. Libros que dicen no solo con palabras, sino con silencios.

 

–Empezó escribiendo poesía. ¿Cómo nació su interés por ella?

–La relación con la poesía es muy importante en la narrativa portuguesa actual. Supongo que esa presencia tiene que ver con la gran tradición poética en mi país. ¿Cómo podríamos escribir en este idioma sin tener en consideración la obra de Fernando Pessoa? Pero hay otros grandes poetas portugueses cuya influencia es importante para mí. Hasta el momento he publicado tres libros de poesía y volveré a publicar otro muy pronto. No he dejado de escribirla. Desde un punto de vista formal y conceptual, tengo la impresión de que la poesía es una condensación de muchos de los principios que intentamos desarrollar en la narrativa.

 

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Prosa que también es poesía. Así es la obra de Peixoto, se trate de una novela o de una crónica de viajes. El primer libro que escribió, a los 21 años, nació después de la muerte de su padre. A partir de ese momento dejó claro la que sería una de las características de su obra: la presencia de lo autobiográfico. En Te me moriste (publicado en el 2000), Peixoto narra el regreso a la casa paterna, un camino que transita rodeado de recuerdos. “Es un texto que surgió de manera muy natural –dice–. Después de la muerte de mi padre, no tenía otro tema. Entonces, despacio, empecé a escribirlo, incluso como manera de entender lo que estaba pasando en mi vida. Luego de terminarlo, tardé cuatro años en percibir que se trataba de un texto muy distinto a los que podría escribir después. Ya había acabado mi primera novela cuando decidí publicarlo por mi cuenta. Estaba convencido de que nunca me arrepentiría de que ese fuera mi primer libro. Y sigo teniendo la misma idea. Lo veo como un libro muy importante para mí. En él está presente mucho de lo que sigo trabajando hoy”.


–Está marcado precisamente por la relación padre-hijo, que aparece en muchos de sus libros.

–Sí, de algún modo continué trabajando ese tema en mis primeras novelas. Me parecía que todavía tenía mucho que decir sobre ese asunto. Por un lado, mi experiencia personal, como hijo y como padre, me ha llevado ahí; por otro, me di cuenta de que la reflexión sobre esa relación me permite hablar de muchos otros asuntos, como la cuestión de las generaciones, de las edades, del paso del tiempo, de la mortalidad. También trae planteamientos muy importantes sobre la identidad, por ejemplo. Por algo en tantas religiones la relación entre padre e hijo es tan central y simbólica. 

 

Otro de los libros de Peixoto en el que esta temática está presente es Cementerio de pianos (2006). En él narra la historia de tres generaciones de una misma familia y tiene como uno de sus personajes al maratonista portugués Francisco Lázaro, el primero en su país en asistir a unos Juegos Olímpicos, en 1912. Lázaro, un deportista aficionado que en realidad era carpintero, murió durante su participación en el torneo. En Cementerio de pianos habla un padre y habla un hijo. El tiempo se mueve en todas las direcciones en esta obra, considerada la mejor novela extranjera publicada en España en el 2007. En sus páginas hay un taller de carpintería. Es un espacio importante no solo para la trama, sino para la vida de Peixoto: “Mi padre era carpintero. Pasé mi niñez entre madera. De algún modo, Cementerio de pianos es una continuación de Te me moriste. Uno habla del duelo, el otro habla del resultado del duelo, de cómo uno encuentra consuelo en la idea de hacer parte de algo que es mucho más grande que su propia vida”.

 

–Es frecuente encontrar en su obra el lugar donde nació. ¿Cómo recuerda su infancia en Galveias?
–Fue una infancia muy rica en estímulos, en presencias. Vivir en un pequeño pueblo te permite conocer mucha gente, más que en las ciudades. En los pueblos se sabe de todo el mundo. En Galveias, yo conocía a mil personas. Es mucha gente, son muchos personajes. Al mismo tiempo, la libertad absoluta que tenía me permitió enterarme de realidades a las que, de otra manera, tendría difícil acceso. Como ayudaba a mi padre, y después empecé a trabajar en distintos empleos durante el verano, la infancia me dio una buena resistencia al esfuerzo y al trabajo. Algo que ha sido muy útil en mi vida.

 

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–Esas historias que conoció en su pueblo, esas personas, se han convertido en tramas y personajes de sus novelas, entre ellas la primera que escribió, Nadie nos mira, y la que lleva su nombre, Galveias. ¿Cómo fue la escritura de estos libros? 
–Cuando escribí Nadie nos mira no estaba seguro de que podría escribir una novela. Creo que esa siempre será una duda importante para cualquier lector de grandes novelas. Pero, en ese tiempo, escribirla era una cuestión de sobrevivencia. Fue un periodo difícil de mi vida, y esa novela me ayudó mucho. La historia de Galveias, por su parte, me ha acompañado desde hace muchos años. Era una novela que quería escribir antes de morir, y me siento muy satisfecho de haberlo hecho ya. Las dos novelas conforman dos polos de una comparación importante. Nadie nos mira, sin tiempo y casi sin lugar; Galveias, que se desarrolla en 1984 y concretamente en ese pueblo. Esta novela da referencias precisas. Eso marca mucho la diferencia. Escribir es nombrar. 

 

–¿Cómo es hoy su relación con su pueblo?
–Es una relación sagrada. Galveias es mi piel. Hay mucho que solo siento allí.

 

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JOSE LUÍS PEIXOTO nació en 1974, un año que marcó la historia de su país y prácticamente partió en dos la vida de Portugal: el año de la Revolución de los Claveles, del levantamiento militar que puso fin a la dictadura de António de Oliveira Salazar, que controló durante décadas el destino de los portugueses. Haber nacido en ese año tampoco fue un hecho menor para el escritor: “Esa es una de las influencias más grandes de mi literatura y de mi vida. Me parece, incluso, que es la gran marca que junta a los escritores portugueses de mi generación. La literatura nunca es ajena a la historia”. Peixoto creció en un mundo de libertad que no conocieron las generaciones anteriores. Empezó a alimentarse de influencias culturales que por fin cruzaban las fronteras y llegaban a su país. Entre ellas la música. Y una en especial: el heavy metal. Es un serio aficionado a este género musical y ese interés lo ha llevado a escribir un libro de cuentos, Antídoto, en el que cada relato tiene conexión directa con canciones de Moonspell, la banda de metal más conocida de Portugal. “Supongo que el heavy metal ha representado durante muchos años mis ganas de llegar a otras realidades y, al mismo tiempo, la afirmación de mi identidad. Hoy es una de las marcas de mi entusiasmo adolescente, una señal de intensidad. Esos valores siguen siendo muy influyentes en lo que escribo, aunque no siempre sean visibles”.

 

–Algo que se ve a simple vista es el tatuaje que lleva en uno de sus brazos, con el nombre del condado imaginario de William Faulkner: Yoknapatawpha...
–Ese es un tatuaje que me recuerda mucho la obra de Faulkner. Y también otras cosas que tienen que ver con mi historia, con la persona que intento ser cada día. 

–Hay un aspecto en común entre su obra y la de Faulkner, a quien usted ha citado siempre como una de sus influencias: lo rural. ¿Por qué el interés en narrar el mundo del campo, la comunidad alejada de las grandes ciudades y del “gran desarrollo”?

–Mi historia personal me ha dado la oportunidad de percibir que el modelo de desarrollo que seguimos no es el mejor camino, en muchos aspectos. La literatura tiene la oportunidad de contribuir en la reflexión sobre los rumbos que tomamos. En este tiempo de avances tecnológicos acelerados, hay cuestiones que tenemos que considerar antes de seguir ciegamente ciertos horizontes. En el mundo rural continúa existiendo una relación más próxima con la naturaleza. Nosotros somos parte de la naturaleza, somos seres naturales. Es importante no perder esa noción. La necesitamos. Así como necesitamos poder mirarnos, poder sentir el tiempo. Respirar.

 

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HAY UN POEMA de José Luís Peixoto que se llama A la hora de poner la mesa éramos cinco. Así dice, en su traducción al español:

A la hora de poner la mesa, éramos cinco:
mi padre, mi madre, mis hermanas
y yo. después, mi hermana mayor
se casó. después, mi hermana pequeña se casó. después, mi padre murió. hoy, a la hora de poner la mesa, somos cinco,
menos mi hermana mayor que está
en su casa, menos mi hermana
pequeña que está en su casa, menos mi padre, menos mi madre viuda. 
cada uno de ellos es un lugar vacío en esta mesa en la que como solo. 
pero estarán siempre aquí.
a la hora de poner la mesa, seremos siempre cinco.
mientras uno de nosotros esté vivo, seremos siempre cinco.

 

–Ahí está en buena parte la esencia de su obra, ¿no es así?
–Ese es un poema muy especial. Lo publiqué en mi primer libro de poesía y, algunos años después, hice que un personaje de Cementerio de pianos lo leyera. Esa fue una manera de volverlo a publicar. El poema habla por sí mismo: habla de la familia, de la identidad y del paso del tiempo. Temas centrales de mis libros. De cierto modo creo que ese poema es el pequeño corazón de todo lo que he escrito hasta hoy. 

–¿Cómo es su método a la hora de escribir? 
–Es un método un poco obsesivo. Necesito estar muy concentrado. Escribo muchísimo antes de la versión definitiva. Leo muchos libros de otros autores mientras escribo. No tengo ningún problema con las influencias, incluso las busco. Y escucho mucha música también. Heavy metal casi siempre.

 

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Concentrado como ha estado siempre en lo más cercano, en sus realidades más próximas, llegó el momento en que Peixoto sintió la necesidad de mirar hacia algo más lejano. De entender realidades que no le eran familiares. Fue cuando tomó rumbo a un país que siempre le había parecido interesante, precisamente por el misterio que lo acompaña: Corea del Norte. Le interesaba escudriñar la vida cotidiana de esa nación, y también probarse en la literatura de no ficción, en la escritura documental. Así nació Dentro del secreto (2014), en el que describe los detalles grandes y pequeños de este país conocido por los excesos del mandato totalitario de Kim Jong-un. Para Peixoto –que estuvo cinco veces en Corea del Norte y varias más en Corea del Sur–, esa fue una experiencia que cambió su vida. Y ahí no se detuvo: recorrió también Tailandia y publicó después su visión en el libro O Caminho Imperfeito, en el que hace un retrato detallado de este país.

Su novela más reciente se titula En tu vientre y tiene como contexto la aparición de la Virgen de Fátima, un hecho fundamental para los portugueses, sean creyentes o no. La obra tiene como protagonista a Lucía, la niña que dijo haber visto a la Virgen, junto a los otros dos pastores, Jacinta y Francisco. También está presente en la historia la madre de Lucía –que no cree lo que su hija dice–, la madre del narrador –que se vuelve un personaje omnipresente y poderoso–, y por supuesto: la madre bíblica. Todas son fundamentales en el desarrollo de la novela. Porque En tu vientre, más que buscar definir si fue real o no el milagro de la aparición de la Virgen, tiene otro propósito: hablar de la maternidad. “Es cierto –dice Peixoto–. Este libro tiene como primera referencia la aparición de la Virgen de Fátima, pero a un nivel más profundo trata de las madres en general. Ese aspecto está relacionado con la importancia del culto mariano en el catolicismo portugués. Desde esa perspectiva, la veo también como una novela sobre la identidad portuguesa”. Y en ella se siente el mismo tono poético de todos sus libros. Cada frase en Peixoto cumple su propósito.

 

–¿Cómo es trabajo con las palabras, cómo se relaciona con ellas?
–En mis novelas no hay una sola palabra que no haya sido elegida, que no esté ahí después de haber buscado alternativas. Cada palabra tiene que ganarse el derecho de estar. Lo más importante al escribir es la conciencia. Escribir literatura es escribir despacio.

 

 

Por: María Paulina Ortiz

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El Universal, México

08.02.18

“La literatura tiene mucho que aprender de la música”

 

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 Como una de las figuras centrales de la actual literatura portuguesaJosé Luís Peixoto traza en esta entrevista un mapa de las nuevas voces de la narrativa en su lengua, y habla de las pulsiones en su propia obra: los viajes y el heavy metal.

 

POR ALMA DELIA MIRANDA

 

Chamarra y jeans negros, cuerpo atlético de quien corre todos los días sin importar la ciudad en la que se encuentre, José Luís Peixoto camina con paso decidido y bien dispuesto por lo pasillos que conducen afuera de la Biblioteca Central de la UNAM, donde el fotógrafo le ha pedido posar. Con entusiasmo, trata de explicarle a Patrícia, su mujer, qué es el chicharrón y lo bueno que sabe. Él llegó el día anterior de Brasil y ella de Lisboa, es su primera vez en México y la segunda para él. Diez años han pasado desde su visita en 2008, cuando venía arropado por el Premio José Saramago que había ganado en 2002 por su novela Nenhum olhar (Nadie nos mira) y por el propio Nobel, con quien cultivó amistad. Es otoño del 2017 y José Luís Peixoto constituye uno de los pilares de las letras portuguesas contemporáneas. Nacido en 1974 en un pequeño pueblo de la región de Alentejo, en donde no había bibliotecas locales, Peixoto se moldeó una personalidad vivaz cuya escritura no conoce límites. Su obra abarca la narrativa, la poesía, la crónica de viajes, la literatura infantil y colaboraciones con grupos musicales portugueses, la más ambiciosa hasta ahora con Moonspell, banda de heavy metal. En 2003 realizó con ellos un proyecto en conjunto: el grupo publicaría su disco The Antidote y Peixoto escribiría las narraciones de Antídotoinspirado en el espíritu del disco de la banda. Dentro del secreto (2012) recoge las experiencias del autor en Corea del Norte y O Caminho Imperfeito (2017) traza una mirada poco turística sobre Tailandia. Peixoto, quien viajó a México para participar en la edición 2017 de la FIL, mantuvo un encuentro de casi tres horas con la comunidad de Letras Portuguesas de la UNAM. Antes de firmar y dedicar varias decenas de libros, y conversar cordialmente con cada uno de los estudiantes que esperaron pacientemente en la fila, el portugués respondió a las siguientes preguntas de Confabulario.

 

Cómo lector, ¿cómo fue su encuentro con literatura?

Yo soy originario de una región del sur de Portugal, no muy lejos de la frontera con España, y ahí los libros no eran un bien muy común. Por eso, la primera conexión con la literatura, lo que cambió mi mirada, fueron las bibliotecas itinerantes. Llegaba una vez al mes a la plaza principal del pueblo y nos llevábamos los libros y los devolvíamos al mes siguiente. En esos tiempo empecé leyendo mucha literatura juvenil, como Los cinco de Enid Blyton, pero después las cosas me llevaron directamente hacia la escritura cuando descubrí la poesía. Es muy común que la poesía sea un género que les dice mucho a los adolescentes. Es una edad en la que la gente pasa por muchos cambios y por muchas cosas que son a veces difíciles de explicar o comprender y la poesía permite una reflexión y un desahogo. Para mí fue muy evidente que la poesía me permitió el descubrimiento de un lenguaje distinto al de todos los días, de una nueva manera de mirar las palabras y el mundo en general.

 

¿Y entonces cuándo se dio cuenta de que era escritor?

Eso fue sólo después de algún tiempo. Tenía entonces un respeto muy grande por los escritores. Al mismo tiempo veo ahora que era una distancia, una idea de que los escritores eran de una materia distinta y eran personas que existían en otra dimensión, pero después, cuando empecé a hacer experimentos de escritura y empecé a publicarlos en un periódico donde los jóvenes podían hacerlo, me di cuenta de que tal vez los escritores son como los otros y los distingue sólo el hecho de escribir y eso me liberó para seguir escribiendo y tener la escritura como ambición.

 

Usted estudió Letras. ¿De qué manera su paso por la universidad modificó su relación con la literatura?

Elegí Letras porque me gustaba mucho la literatura, la escritura en general. Me gustaba mucho escribir. Incluso elegí estudiar literatura en inglés y alemán, porque esas competencias ya me eran muy útiles para buscar una expresión cada vez más fiel a lo que deseaba decir y, claro, me parece que todo el conocimiento que uno pueda recoger es útil para la escritura. Si es conocimiento en él área misma de las Letras, entonces es imprescindible, se trata de tener conciencia, tener criterios y elementos que están presentes en el texto. Si no tenemos esta conciencia, no podemos buscar maneras de controlarlos o trabajarlos.

 

¿Usted nunca quiso dar clases?

Di clases en Cabo Verde y en Portugal, pero sólo durante cuatro años, porque después, en 2001, mi vida cambió mucho después de que Nadie nos mira ganó el premio José Saramago. Eso me dio la posibilidad de vivir de la escritura y es lo que he venido haciendo.

 

Usted es un viajero, ¿por qué viaja?

No es una pregunta sencilla de contestar. Es un lugar común hacer la comparación de la vida con un viaje, pero me parece que es una comparación que tiene realmente mucho que ver y ese ánimo de buscar lo que es distinto, de buscar al otro, de intentar conocerlo, me parece que es sinónimo de pulsiones elementales, fundamentales, de la vida misma. De algún modo, lo que me lleva a viajar no es tan distinto de lo que me lleva a escribir o a vivir.

 

¿Y por qué escribe sobre sus viajes?

Desde hace unos años me ha interesado mucho la escritura que tiene como base la experiencia. Desde el punto de vista de quien escribe, la experiencia hace una diferencia muy grande. Para mí, con la conciencia que intento tener de todo el gran patrimonio que ya existe de la literatura mundial, tener esa ambición de escribir algo que pueda añadir algo de nuevo a todo lo escrito es muy difícil. Por eso, sí tengo algo por seguro: la individualidad de mi experiencia, de mi mirada, de mi posición, de mi historia personal, por eso mis libros hasta el momento siguen mucho esas ideas desde hace unos años. El libro que publiqué en 2012 sobre Corea del Norte (Dentro del secreto), o el más reciente sobre Tailandia (O Caminho Imperfeito), pero desde antes, otros libros estaban conectados con mis experiencias personales, mi vida, es una literatura que dialoga con la autobiografía.

 

¿Cómo ser un viajero en tiempos del turismo?

Es un tema muy interesante, porque es un tema de hoy, es una cuestión que refleja mucho de la situación del mundo, del punto al que llegamos, de cómo miramos las cosas, cómo hacemos planes para la vida, de cómo organizamos nuestras ambiciones. Las expectativas que tenemos. Es una industria nueva que tiene por detrás una gran cantidad de equívocos y elementos que son interesantes de analizar, por eso me parece importante mirar ese aspecto.

 

En 2003 usted participó en un proyecto literario y discográfico con el grupo de heavy metal Moonspell, fuera del ámbito del metal, ¿cómo es su relación con la música?

La música tiene una importancia muy grande para la literatura. Me parece que la poesía, por ejemplo, tiene en su naturaleza misma la aspiración de llegar a ser música y, desde algunas perspectivas, la poesía es música. Y el texto literario tiene elementos musicales importantes, por eso hay que ponerles atención porque la forma y el sentido son inseparables. A mí personalmente me interesa mucho la música, por lo que aprendo de ella y por lo que la música expresa de la experiencia humana y de aspectos que muchas veces son difíciles de nombrar con palabras, pero que, sin embargo, son expresivos y cuya comprensión es importante y yo tengo algunas conexiones con el metal por mi experiencia de proyectos pasados, pero también he trabajado con otros géneros musicales y músicos de distintas áreas y con todos he aprendido mucho y espero seguir buscando esas lecciones, porque, como dije, la literatura tiene mucho que aprender de la música, porque en muchos aspectos la literatura también es música.

 

¿Estaría dispuesto a volver a tener proyectos de metal?

Ahora mismo tengo uno con un grupo pequeño de metal portugués para el cual estoy escribiendo todas las letras de un disco, eso me anima, porque es un género con el que tengo relaciones desde mi adolescencia, pero también porque es una oportunidad de trabajar con otras personas y hacer un objeto expresivo de otra naturaleza que no es sólo texto, tiene otras dimensiones. Personalmente me parece muy interesante, porque hoy en día además miramos muchos ejemplos de proyectos multidisciplinarios y cómo logran expresiones propias. Para mí mismo como escritor son una oportunidad de desarrollo y aprendizaje. Al mismo tiempo es un terreno muy poco explotado entre escritores y ese género. Me atrae porque me parece importante que uno busque la novedad.

 

Es notable en usted una gran necesidad de expresarse de diversas maneras.

Sí. Me parece que, en primer lugar, hay que buscar qué decir; luego, cuando uno lo encuentra, hay que buscar las maneras de decirlo y ahí personalmente no tengo fronteras, o mejor, siempre busco ensanchar las fronteras de esa expresión, siempre busco crear y sorprenderme a mí mismo.

 

Se refiere con mucho afecto a Saramago, ¿qué otras presencias portuguesas han sido importantes para usted?

Como dije, estudié literatura inglesa y alemana, pero muchas de las experiencias más fuertes que he tenido como lector en mi juventud han estado en la literatura portuguesa, entre ellos muchos poetas. No podría ignorar a Fernando Pessoa, me parece incluso que en portugués no puede escribirse lo que sea ignorando una obra como la de Pessoa, que es tan impactante y fuerte, pero también muchos otros, como Herberto Helder, Ruy Belo, Sophia de Mello Breyner Andresen y otros contemporáneos míos. Autores de prosa, como Miguel Torga, autores del neorrealismo portugués. Son autores importantes para mí, porque nací después de la Revolución de los Claveles, que fue un momento en el cual se publicaron muchos autores que habían estado prohibidos durante la dictadura. Por eso tuve un acceso importante a esos autores, muchos de ellos hablaban de un ambiente rural que a mí me decía mucho porque nací en un pequeño pueblo.

 

¿Cuáles son algunos de los autores portugueses que usted recomendaría que se conocieran en México?

Bien, hay muchos nombres que creo que sería bueno que llegaran. Tengo la esperanza de que con Portugal como invitado de honor a la FIL del año que viene algunas de esas lecturas puedan llegar y ser más conocidos. Una gran referencia en Portugal, un autor que no es tan sencillo de traducir y quizá por ello no sea tan conocido es Aquilino Ribeiro, o Vergílio Ferreira, Miguel Torga. Me acuerdo también de una gran autora, aún viva, pero ya muy mayor, Agustina Bessa-Luís. Y claro, generaciones más jóvenes, gente de mi edad como Afonso Cruz, Valter Hugo Mãe, Dulce Maria Cardoso. Los poetas, entre ellos hay nombres muy importantes. Los que ya nombré, Helder, Ruy Belo.

 

¿Y el teatro?

El teatro sufre de dificultades de difusión en el ámbito de la propia lengua y que provocan que no exista tanto conocimiento. Por ejemplo, no conocemos tanto del teatro que se escribe en Brasil, y ellos tampoco de lo que se hace de teatro en Portugal. La traducción del teatro portugués es aún más difícil. Eso muchas veces tiene que ver con cuestiones de mercado. Se considera que no son muy comerciales los textos de teatro y las editoriales no los publican tanto.

 

Por último, como lector, ¿cuál es la recepción de la literatura latinoamericana en Portugal?

La literatura latinoamericana circula razonablemente bien. Hay autores muy conocidos que son grandes referencias, pero se podría conocer más. A veces la literatura se queda varada en ciertas referencias, autores muy grandes que atraen toda la atención y que tienen la ventaja de abrir puertas, pero muchas veces no permiten que un público más amplio tenga oportunidad de conocer autores que no sean tan vistosos. En relación con México, se ha hecho mucho en los últimos años. Pero por ejemplo, un autor tan importante como Juan Rulfo tuvo una buena traducción apenas hace unos diez años. Con él otros autores llegarán también. Hay editores que tienen relaciones personales con México y eso es bueno porque pueden llevar la literatura. Y con la literatura va toda la cultura. La literatura tiene esa calidad, que lleva toda la cultura dentro.

 

 

En la imagen, el autor, en la Ciudad de México. / Yadin Xolalpa / EL UNIVERSAL

 

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Jornal de Letras, Novembro 2017

27.12.17

 

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'O caminho também é um lugar'

 Manuel Halpern 

 

Cinco anos depois de Dentro do Segredo, o seu livro dedicado à Coreia do Norte, o escritor volta à ‘literatura de viagens’ com O Caminho Imperfeito. Histórias de uma outra Ásia – a Tailândia, igualmente recôndita -, de um submundo pernicioso e cru. Mas também uma viagem ao mundo interior do próprio escritor, com uma forte componente autorreflexiva e autobiográfica. O JL entrevista o autor, publica a crítica de Miguel Real àquele último livro e quatro poemas inéditos de quem também na poesia se distingue mas nos últimos anos não a tem dado a lume.

 

 

Chegou da Coreia do Norte e está de partida para a Finlândia. “E se mais mundo houvera lá chegara”, o verso d’Os Lusíadas que bem se aplica a José Luís Peixoto, escritor andarilho que desbrava o que resta dos mundos ocultos nesta sociedade global, que estreitou os caminhos da Terra. Em 2012, lançara Dentro do Segredo, um olhar sobre a Coreia do Norte, o mais obscuro dos regimes. Agora escreve sobre a Tailândia, em O Caminho Imperfeito, o seu segundo livro de ‘viagens’. Mas claro que não é uma Tailândia de postal, para estrangeiro ver, mas um mundo feito de submundos recônditos crus e chocantes. Mais do que isso, neste livro em que a realidade por vezes ultrapassa ficção, há uma viagem interior, introspetiva, testamentária, que cria elos com toda a sua obra.

Nascido em Galveias, em 1974, José Luís Peixoto é um dos mais internacionais escritores portugueses contemporâneos, livros seus estão editados em mais de vinte idiomas. Entre outras distinções, recebeu em 2001 o Prémio José Saramago pelo seu romance de estreia, Nenhum Olhar, e, já este ano, o prémio Oceanos, por Galveias. Dividindo-se entre ficção, poesia e literatura de viagens, iniciou a sua carreira em 2000, com Morreste-me, seguiram-se títulos como A Criança em Ruínas (2001, poesia), Uma Casa na Escuridão (2002), Cemitério de Pianos (2006) e Livro (2010).

 

JL: O livro começa com uma descrição algo chocante. Mas talvez o que que haja de mais chocante neste livro é estar catalogado como não ficção...

José Luís Peixoto: A Tailândia é um lugar de contrastes. Todas aquelas coisas são reais e aconteceram assim. Claro que depois há uma gestão da narrativa. O livro a partir de certa altura torna-se tão diferente, que rejeita a catalogação mais fácil.

 

Teve muitos anos uma crónica no JL intitulada ‘Verdades quase Verdadeiras’. Foi um caminho que sempre o interessou? A realidade como manancial de histórias ou aqueles momentos em que a realidade ultrapassa a ficção?

 A certo momento, o livro coloca o tema da autobiografia versus ficção. Reflete sobre a eterna questão de quanto tudo é ficcional e ao mesmo tempo autobiográfico. Em alguns momentos, deu-me prazer exercitar uma certa ironia através de factos absolutos, às vezes até estatísticos, que são muito eloquentes. Quando estamos a fazer o retrato de uma realidade exótica tudo acaba por ser muito diferente do que estamos à espera. Mas o livro também se movimenta nessa dualidade do longe e do perto. Por um lado, tem essa distância cultural e de perspetiva do mundo, diferente da nossa, mas por outro lado tem momentos de grande proximidade, de retrato íntimo, autobiográfico e pessoal. O confronto entre os dois acaba por ser a concretização dos polos desse caminho.

 

Descobrem-se várias camadas, o livro são muitas coisas ao mesmo tempo. No cinema muitas vezes fazem se ficções com técnicas de documentário. Aqui faz o inverso? Isto é um ‘documentário’ transformado em ficção? Usa ferramentas da ficção para falar da realidade?

Independentemente do caráter ficcional ou não de um texto, tem de ser considerada a sua eficácia narrativa. Nesse aspecto, fiz um exercício que requer um equilíbrio de vários aspetos. O livro é um caminho. Começa num ponto e termina noutro inesperado à partida. Acho isso interessante. Todos os livros propõem um caminho. Neste caso procurei que a existência desse percurso fosse muito clara. É uma narrativa feita de muitas narrativas.

 

É levada ao extremo a ideia de que quando se faz uma viagem não conta apenas o lugar para onde se vai, mas sobretudo como tal nos afeta interiormente. Tudo alimenta a viagem. É por isso que não há a mesma Tailândia para todos?

Sob o ponto de vista da descrição da Tailândia, o livro é uma hipótese. Tentei ultrapassar o estereótipo, muito forte e alimentado pela indústria do turismo. Mas eu quis ir a outros lados e colocar lá toda a minha subjetividade. O meu olhar não é neutro, nem objetivo. Nenhum olhar o é. Este livro tem muito de pessoal. Ao escrevê-lo foi o que mais me seduziu. A crónica da Tailândia foi, de início, o que me levantava mais desafios por ser um país tão diverso, que me deixava assoberbado a olhar para tudo aquilo, mas a partir de certa altura se foi organizando.  A forma como a Tailândia me marcou, com todas as suas capacidades simbólicas, foi, porém, o que transformou este livro em algo extremamente importante para mim e com um lugar muito particular em relação a outros livros que escrevi.

 

O livro sobre a Coreia do Norte, Dentro do Segredo, relata uma viagem num estilo muito diferente.

Sim, mas com esses pontos todos de contacto, na medida que também me transformou. Há uma visão sobre o lugar não objetiva. É um encontro com o outro, com todas as interrogações que trás. Classificar este livro como não ficção cria uma responsabilidade acrescida, porque se estabelece uma ligação com a escrita jornalística, com uma certa objetividade. Torna obrigatório retratar um espaço que existe e ser-lhe fiel. Isso para mim é muito complicado. Aquilo que encontro ali, apesar de ser objetivo e verdadeiro para mim, pode não o ser para outra pessoa.

 

Quanto tempo esteve na Tailândia?

Estive cinco vezes. Períodos de três e de duas semanas. A primeira foi depois de ter estado no Festival Literário de Macau. Contava ir à China, a Hong Kong, mas aconselharam-me a ir à Tailândia. Desde aí que tenho ido todos os anos. É uma cultura fascinante a vários níveis, quer do ponto de vista histórico, quer do seu quotidiano.

 

É um livro que permite que falemos sobre tudo, como se neste caminho coubesse o mundo inteiro. Um livro que coloca grandes questões universais...

Qualquer livro faz perguntas. A partir de certa altura colocam-se-me duas questões de forma muito direta: porque escrevo e porque viajo. São duas formas de perguntar ‘para que vivo’. Pois estes são dois símbolos muito claros da minha vida. Viajar, sob o ponto de vista mais físico, e escrever, do lado da reflexão, do pensamento. Mas são duas dimensões da mesma existência. Essas perguntas estão por baixo de todas as perguntas. No fundo, o livro vai dando várias hipóteses de resposta, ligadas a temas já trabalhados em livros meus, como as questões da família, o que leva o livro nessa direcção autobiográfica. Há um momento no livro em que eu faço um balanço da minha vida e penso como seria se morresse agora. Para mim essa reflexão foi o resultado lógico das perguntas que fiz. Apesar de haver reflexões quase absolutas, aplicáveis em outras circunstâncias, o livro nunca abdica das suas referências concretas. Tal como quando o livro falada Tailândia, parte daquelas ideias poderiam ser aplicadas noutras realidades nos seus princípios. Quando o livro fala sobre mim pode também ser aplicado a outras pessoas que o estejam a ler. Sem prejuízo de pretender ser simbólico e universa l pela própria natureza da literatura essa é a sua última vontade -, o livro é bastante particular, nele falo de forma muito concreta dos meus filhos, da minha família.

 

Chega ao ponto de fazer um testamento.

Quando se está a escrever o primeiro compromisso é com o texto. Mas não se podem deixar de considerar múltiplas circunstâncias em que ele possa ser lido. Fiquei a pensar que aquele texto poderia ser lido depois de eu morrer. É sempre uma situação sensível. Mas também acho que todos os textos devem ser escritos como um testamento. São a cristalização de um tempo que nos ultrapassa. A morte é uma grande fronteira. Marca uma grande diferença sobre a perspectiva da pessoa. Os textos são sempre escritos num passado e presentes num tempo que não é sempre exatamente o seu.

Embora aspirem a ultrapassar o tempo, todos os textos são datados, porque a sua verdade é sempre a do seu tempo. Claro que a riqueza do texto pode permitir múltiplas leituras que o façam sempre atual, mas o tempo em que ele foi escrito nunca é dado irrelevante. Existe sempre um compromisso com a História, do ponto de vista do tempo, e com a Cultura, do ponto de vista do espaço. O espaço em que um livro é escrito nunca é irrelevante, mesmo que possa fazer sentido em todo o mundo e em todas as épocas.

 

De alguma forma começou a escrever por causa do seu pai em Morreste-me. Aqui revela que começou a viajar também por causa dele. Há uma espécie de fechar de círculo?

Sinto que esse tema não se fecha. Mais do que ser um círculo é uma espiral. Esse é o grande tema da minha obra. Não sei se algum dia conseguirei sair daí da questão da filiação. Começa por ser a questão do pai, mas também é a questão dos filhos. No fundo são dois lados da mesma coisa. É uma questão que encerra muitas outras, como a do tempo. Não é por acaso que afiliação é um eixo narrativo de várias religiões, até do ponto de vista civilizacional, e nos organiza o pensamento. Sinto uma tendência para tratar esse tema e, em vez de contrariá-la, abraço-a, desde sempre.

 

Na sua obra, coloca os romances e a não ficção ao mesmo nível?

Há sempre uma pressão grande para escrever romances e um preconceito em relação ao resto. Como se por não ser um romance, o livro fosse menor. Cada género tem os seus desafios e a sua importância. Gosto de diversificar, de procurar e experimentar. As lições que aprendi a escrever romances são amplamente utilizadas aqui. Do ponto de vista da construção narrativa, as diferenças entre este livro e um romance são poucas.

 

Na badana da contracapa a sua obra aparece dividida apenas entre prosa e poesia...

Quando olho para um novo projeto, não consigo ignorar o que já fiz. Mesmo que isso aconteça encontro sempre ligações. Tenho a ambição que cada livro acrescente um novo ramo, mas não ignoro o tronco. Este livro relaciona-se com outros livros meus, como o Dentro do Segredo, as crónicas, o Morreste-me, o Cemitério de Pianos (até na estrutura)... Até com os livros mais ligados ao Alentejo, como o Galveias e o Nenhum Olhar. A dimensão autobiográfica está presente em todos. Este, O Caminho Imperfeito, em certa medida é o livro da adolescência, do rock’n’roll, das tatuagens, de uma cultura popular, mas às vezes transgressora.

 

Fala de coisas sérias, mas não é muito pesado.

Tentei que fosse, sob o ponto de vista da prosa, um livro fluido, de frases simples, para uma leitura ligeira. O humor é um aspeto que ameniza muito.  Embora seja temperado com outros elementos.

 

Viaja muito devido à vida de escritor, mas ainda assim acrescenta outras viagens. Porquê?

Há uma passagem do livro em que eu digo que era sempre o último a sair das festas. Desde sempre tenho grande ansiedade por viver. Raramente recuso convites, propostas, desafios. A minha ambição é sempre experimentar mais, ver, saber, sentir, tomar o gosto a tudo. Viajar para algumas pessoas é um objetivo de vida. Também há o momento que se diz no livro em que quem não viaja está a viver alguma coisa que quem viaja ignora. O livro faz essa apologia da viagem, embora lhe reconheça alguns lados menos positivos.

 

Diz que o caminho é um sítio. Sente-se em casa quando entra no avião?

O livro faz a apologia de viajar de avião, o que não é muito comum nos livros de viagem. Porque é tido como algo artificial, que não é verdadeiramente sentido. Há algum tempo que comecei a olhar para esses não lugares. Quando se tomam muito presentes ganham características que normalmente quem está de passagem não reconhece.

 

Escreve em qualquer lado?

Escrevi este livro em muitos espaços e circunstâncias. A escrita tem diversos estágios. Alguns são mais adequados para desenvolver em movimento. Contudo, para mim, a circunstância ideal para escrever é em casa. Mas escrevo em muitos lugares. Às vezes, a escrita pode ser uma âncora de estabilidade num meio em permanente alteração.

 

Há algum sítio onde ainda queira ir e escrever?

Há vários sítios que trazem grandes questões. Tenho viajado para a Ásia. É um continente fascinante. Quando se regressa da China é impressionante ver as paisagens imensas da Mongólia, do Azerbaijão, Cazaquistão... Espero ter a oportunidade de escrever mais livros com focos noutros pontos.

 

Se abrisse um concurso para escritores irem à Lua inscrevia-se?

Seguramente. De resto, o olhar com que se vai para qualquer lugar tem que ser semelhante ao de com que se iria para a Lua. Porque se nos convencemos que os nossos preconceitos são o suficiente, não vale a pena a viagem.

 

 

  

Viagem Iniciática

Miguel Real

 

José Luís Peixoto (JLP) atingiu a idade da meia-vida e, em registo de “não-ficção” (texto da contracapa), perfez uma viagem ao fundo da sua existência, sumariada no seu último livro, O Caminho Imperfeito. Note-se que o título não indica “um” (indeterminado), mas “o” caminho, bem definido, o “seu” caminho. Ainda que profana, trata-se de uma viagem verdadeiramente iniciática já eu tem como objetivo atingir o autoconhecimento e determinar os tentáculos existenciais que têm ligado a sua vida aos outros e ao mundo. Não se trata de ma viagem de prazer, ou uma viagem turística, ou uma viagem encomendada para uma repostagem, mas uma viagem ao fimou ao fundo de si próprio e, por via do caminho percorrido, desenvolver e atingir um autoconhecimento sintético e iluminante sobre a sua vida.

 

É neste sentido que, neste seu novo livro, a viagem, mesmo profana, é iniciática, busca fins de conhecimento, não materiais, não históricos, mas, seguindo a antiquíssima divisa de Sócrates, de busca de si mesmo. Porém, como Sócrates, o resultado atingido e o caminho percorrido como conteúdo concreto da viagem não comprazeram totalmente o autor/ narrador (ver diferença apontada no livro, pp. 100-101): gostou e não gostou da viagem.

 

Gostou porque descobriu a razão porque é escritor (p. 114) e porque viaja (p. 115) – não revelamos os porquês para não furtar o prazer da descoberta ao leitor; gostou porque cimentou laços familiares (por exemplo p. 103, o casamento em Las Vegas, p. 108, a ida da família toda a esta cidade, pp. 119-120) e a amizade com Makarov, o companheiro de uma das viagens, antifo amigo das tatuagens no Bairro Alto e ilustrador do livro; gostou porque face a duas cidades, a mais profana e materialista do mundo, Las Vegas/ EUA, e uma das mais religiosas e/ ou espiritualistas, Banguecoque/ Tailândia, defrontou-se consigo próprio, com os seus limites cívicos e mentais; gostou porque detectou fios inconsúteis  de ligação entre a infância e a adolescência numa aldeia  do Alentejo, o filho mais novo de um carpinteiro, e o adulto escritor e viajante, não uma vida artificial, mas uma vida genuína, no passado e no presente. Gostou, enfim, porque encontrou o fio ontológico de ligação da totalidade da sua existência, percebeu que não viveu inutilmente, e que o que tem feito (escrever, viajar) continuará a ser doravante o fulcro da sua vida.

 

Não gostou porque constatou ser “imperfeito” o caminho: “Quanto mais tento conhecer-me, mais percebo o quanto falta para me conhecer. Quanto mais ilumino, mais consciência tenho das enormes distâncias que falta iluminar” (p. 110); não gostou porque constatou que não é sujeito da sua existência: todo o artigo número 27, demasiado longo para aqui transcrever; não gostou, porque percebeu que o caminho é o lugar da imperfeição e a viagem, por maior, é sempre inconclusa: “Não sou o meu corpo, não sou o meu nome, não sou o que tenho, não sou estas palavras, não sou o que dizem que sou, não sou o que penso que sou” (p. 184). Não gostou porque percebeu que muito do que é como escritor lhe é exterior, que é apenas um elo do “caminho”: “Sou um caminho. Sou alguma coisa que vem de antes, que me foi entregue pelo meu pai. Também ele a recebeu. (...) Sou alguma coisa que continuará depois de mim, que entrego aos meus filhos” (p. 185). E, mais radical, na p. 152, a propósito da decisão impulsiva de partir para as duas cidades: “Será que alguém decide alguma coisa?”

 

A coesão do texto narrativo é dada pela história macabra de alguém que envia pelo correio de Banguecoque para Las Vegas várias caixas contendo a cabeça de um bebé, o pé direito de uma criança cortado em três partes, pedaços de pele tatuada e um coração humano. Narrada na primeira página, ela surge a espaços no texto, acrescentando nova informação, até finalizar a última página do livro. O leitor desconhece se, inserida num texto de certo modo confessional, a história é verdadeira. Porque alimentado pela “não-ficção”, pressupõe-se ter sido verdadeira.

 

Balanço final da viagem: “As palavras são espelhos imperfeitos. Escrever, mesmo com todas as insuficiências, é o que sie fazer para descobrir quem sou” (p. 113), e, interpretado o passado e o presente, conclui o autor/ narrador: “O velho que imagino que serei é o velho que gostaria de ser” (p. 147), ainda que a criança imaginada não tenha sido a criança real, a que foi mesmo, mas aquela é a única criança pensável pela memória e, portanto, a outra, a verdadeira, não existe.

 

De recordar ao autor.narrador o belíssimo final de Viagem a Portugal, de José Saramago: “A viagem não cana nunca. Só os viajantes acabam. E mesmos estes podem prolongar-se em memória, em lembrança, em narrativa. (...) É preciso recomeçar a viagem. Sempre.” No caso de JLP, traçar até ao final da sua vida, que desejamos longa, novo “caminho imperfeito”. 

 

Única falha: José Luís Peixoto atravessou o rio Mekong e não se lembrou  que foi aí que Luís de Camões naufragou.

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Integración, julho 2017

07.08.17

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Açoriano Oriental, Janeiro 2017

06.01.17

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“Os escritores são pessoas iguais a todas as outras”

Escritor fala do seu novo livro infantil Todos os escritores do mundo têm a cabeça cheia de piolhos, da sua escrita e dos livros de que gosta.
 
Este seu novo livro fala de um mal comum a todos os escritores. Conte-nos um pouco sobre o mesmo.
Os piolhos são uma referência que, num ou noutro momento, marca presença em todas as infâncias. Por isso, num livro que se destina a crianças, pareceram-me a metáfora adequada para contar esta história em que, depois de um mal-entendido, que justifica o título provocador do livro, os jornais de todo o mundo dão uma notícia bastante polémica. Assim, essa foi a minha maneira de chegar às duas ideias principais que tentei veicular com o livro: por um lado, a enorme importância da imaginação e, por outro lado, a desmistificação do escritor. Ou seja, a constatação de que os escritores são pessoas exatamente iguais a todas as outras.
 
Como lhe surgiu a ideia para falar da imaginação dos escritores desta forma?
Pareceu-me que poderia ser uma forma de tornar concretos alguns conceitos que, de outro modo, poderiam ser difíceis de explicar. Tratou-se de uma ideia que nasceu de modo bastante espontâneo. Tenho muita prática de inventar histórias para o meu filho mais novo. Este livro é uma derivação, aperfeiçoada, desses delírios surreais que partilhamos.
 
Como tem sido a reação das crianças e/ou adultos a este seu novo livro?
Este é o meu segundo livro para um público mais jovem e, como já aconteceu no primeiro caso, tenho encontrado muitos adultos que me dizem que também retiraram algo dessa leitura. Fico contente, porque tenho bastantes dúvidas acerca de rígidas divisões etárias. Ainda assim, enquanto que em A Mãe que Chovia os leitores me falavam mais da forma como o livro os emocionava, neste caso falam-me mais das situações inusitadas e de algumas afirmações e episódios bem-humorados do livro.
 
Na sua opinião, como se descobre esta comichão imaginária em cada um de nós?
Penso que o primeiro passo será reconhecer-lhe importância. A imaginação é uma capacidade que nos será muito útil pela vida fora, independentemente do caminho profissional que seguirmos. A imaginação faz-nos falta em todas as áreas e em todas as idades.
 
Os livros sempre fizeram parte da sua vida. Como e porquê?
Sim, creio que os livros sempre tiveram uma forte presença. Atualmente, possuo muito mais livros do que durante a minha infância, mas sempre me interessei muito por aqueles a que tinha acesso, quer fossem destinados à minha idade ou não.
 
Escreve em vários registos. Qual deles o apaixona mais?
Não é fácil responder a essa pergunta sem sentir que estou a trair géneros que são muito importantes para mim, que me são essenciais. Não fugindo à questão, teria de assinalar o romance como o género literário que mais me realiza. A complexidade e o esforço que envolve são proporcionais à gratificação que oferece.
 
Quem é José Luís Peixoto?
Para mim e para a minha família, sou eu. Para outros, depende muito de quem menciona esse nome.
 

 

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La Vanguardia, Novembro 2016

20.11.16

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Galveias es el pueblo donde nació José Luis Peixoto, uno de los escritores clave de Portugal, y también el título de su última obra: una exitosa joya literaria que rescata el universo de las poblaciones rurales antes de la era digital.

Aunque la novela transcurre en los años 80, parecería que estamos en otra era. ¿Es que se perdió aquel mundo rural? ¿Habría que rescatarlo?

Si y no. Por un lado, se perdió, y no hay manera de retener lo que tuvimos. Pero también es cierto que mirar al pasado puede sernos muy útil para decidir hoy y determinar lo que será el futuro. Desde cierta perspectiva, la vida y el ritmo de la ruralidad puede ser una referencia muy útil en el mundo que hoy se plantea, el cual nos trae cuestiones cuya respuesta no conocemos. Estamos haciendo muchos experimentos en distintas áreas que tiene una importancia mayor, me da la impresión, de lo que imaginamos

¿Por ejemplo?

Hablo, muy concretamente, de las redes sociales, Internet, el mundo virtual y la ilusión de proximidad que esas herramientas nos ofrecen

Justo los 80 son los años pre-internet, los de antes del mundo sumamente acelerado en que vivimos. ¿Estamos ganando o perdiendo?

Hay aspectos en que es muy positivo y otros en que resulta por lo menos peligroso y negativo. Siento que existe el peligro de que las relaciones, no sólo entre las personas sino con múltiples aspectos, sean más superficiales. Todo es muy rápido y a la gente a menudo le parece que todo tiene que consumirse y de manera muy rápida. Ocurre claramente con el periodismo. Aunque no se reconozca, existe la idea de que basta con leer los titulares; que la información es solamente la noticia. Y no es cierto. Con frecuencia, la contextualización es tan importante como la noticia. Es sólo un caso, pero hay otros muchos consumos que se realizan tendencialmente de manera muy superficial.

“La vida y el ritmo de la ruralidad puede ser una referencia muy útil en nuestro acelerado mundo”

¿Se refiere a otros ámbitos de la cultura?

Sí. También ocurre con el arte. Por cuenta de esa rapidez y de lo presente que está en nuestra vida todo lo que es visual, no es frecuente que nos detengamos ante una imagen y hagamos una interpretación, una lectura, una absorción. Y, sin embargo, cuanto más tiempo dediquemos a una imagen –me refiero a una imagen artística o con cierta riqueza- más partido le sacaremos. No será lo mismo si la contemplamos dos segundos que si nos paramos diez minutos.

Detenerse diez minutos para contemplar algo nos parece incompatible con nuestro ritmo, problema que no tienen los personajes de su libro

Es que el elogio de la ruralidad es muchas veces, el elogio del tiempo. Lo rural tiene unas características especiales al margen de la parte del mundo de la que hablemos. Una de ellas es la mayor cercanía con la naturaleza, con respecto al mundo urbano. En los pueblos, es la naturaleza la que define el tiempo. La noche y el día, las estaciones del año, la vida de las plantas y de los animales marcan los ritmos en los cuales nos integramos de un modo que, en las condiciones habituales, no nos agrede porque también nosotros formamos parte de la naturaleza y por lo tanto es todo equilibrado.

Una forma de vivir que ya es radicalmente distinta a la nuestra, ¿no?

Claro, porque la manera en que entendemos el tiempo tiene que ver con todo, desde el modo en que respiramos hasta la forma en que disfrutamos los días.

Pues andamos bien. Porque, ¿acaso no estamos perdiendo la ruralidad en toda Europa, en cuyas poblaciones rurales sólo queda gente mayor?

Desde luego. Y una de los objetivos de esta novela es llamar la atención sobre este aspecto. Creo firmemente en la literatura como vehículo de conciencia colectiva. En este caso concreto, creo que está clara mi intención de comunicar y aportar una idea sobre nuestra vida en común. El simple hecho de elegir como tema esa realidad, hoy día ya implica la intencionalidad de que se considere esa forma de vida. En Portugal, como en otros países, el envejecimiento y la desertificación del interior se sienten con intensidad y tristeza. En el año en que se publicó allí la novela, 2014, en Galveias murieron 50 personas y nacieron dos sobre una población cercana a las mil personas. Es una matemática trágica, cruel. Y muy difícil para quien conoce el enorme potencial de vida que existe allí.

“Se vive peor en las grandes ciudades porque se vive peor en los pueblos del interior”

¿Qué hacer?

No podemos dejar la supervivencia de ese mundo sólo en las manos de la gente que vive en esos lugares. Tiene que formar parte de una mirada más amplia que busque el equilibrio entre los territorios. Porque lo que estamos haciendo en Portugal es crear un desequilibrio que llama la atención en un país tan pequeño. No tiene nada que ver la vida en las grandes ciudades del litoral con la de los pueblos del interior, que se están quedando vacíos porque los jóvenes no tienen oportunidades. Lo cual es malo para todos. Se vive peor en las grandes ciudades porque se vive peor en los pueblos del interior.

¿Se refiere a la presión por la migración interior?

Exacto. Como consecuencia de políticas de muy corto plazo, sin visión del mañana ni de nada más allá de las próximas elecciones, en metrópolis como Lisboa surgen suburbios donde vive casi tanta población como en toda la región de Alentejo, que representa un tercio del territorio nacional. La gente no sale del interior por opción sino por necesidad, porque no tienen otro horizonte que recibir el subsidio del paro u otra subvención de las que te permiten vivir pero no tener autoestima y dignidad.

El Galveias de su novela es como un mundo. ¿Quiso hacerlo así o es sencillamente que esas poblaciones forman un universo por sí solas?

Lo que hago con la novela es dar cuenta de Galveias al mundo, y viceversa. El mundo tenía que saber que Galveias existía de esa manera y hoy sigue existiendo. Hay también una invitación a que la gente compare cómo era y cómo es.

Allí el libro habrá tenido un impacto enorme…

Allí la novela es como “la cosa sin nombre” que cae en el primer capítulo (aparentemente, un meteorito). Ver que el nombre sale en el libro, en los periódicos de Portugal… ¡En la televisión! Allí es muy importante, como para mí lo era ponerlo como título.

Los ha situado en el mapa; les ha dado autoestima.

Claro. Es una afirmación de identidad, y eso es vital. Desde el siglo XIX se instaló la idea del provincianismo como algo atrasado, con valores antiguos. Y sin embargo, tal como lo estamos tratando aquí, esos valores son revolucionarios. El hecho de que los hayamos olvidado lo hacen necesarios. Y cuando los traemos de vuelta son increíblemente subversivos. Porque estamos en un tiempo de superficialidad, soluciones instantáneas, de todo lo contrario a esa vida más orgánica, más despacio.

“Con Internet y las redes existe el peligro de que las relaciones sean más superficiales”

Una vida dura, también

Sí, ojo. Una vida con cosas que son difíciles de aceptar y que, en esa especie de ideología que se instaló, ignoramos. Como si fueran a desaparecer por ello. Hablo de la muerte, de la vejez. No porque las rechacemos dejan de existir. Sería mucho más útil y natural que las aceptáramos como vienen. Sería incluso más sabio.

En el pequeño pueblo no puedes mirar hacia otro lado…

Allí, cuando muere alguien es siempre alguien que conocemos. Y lo sentimos, porque en esos lugares la gente mayor tiene aún su puesto; no está en una casa apartada porque no queremos verla ni tener nada que ver con su debilidad y sus problemas. Por supuesto, también hay cosas negativas.

Los odios que crecen

Los odios antiguos y duraderos, por ejemplo, sí.

Portugal y España

Nuestros dos países comparten bajos índices de lectura. ¿A qué lo atribuye?

Tenemos un pasado de dictadura en el que no se valoró la enseñanza. En Portugal eso es muy evidente. En los últimos años del salazarismo el conocimiento y la cultura eran claramente entendidos por el poder como una amenaza. Sin embargo, se nota que hay cambios muy importantes el las últimas décadas. El caso de mi familia es muy paradigmático: mis abuelas no sabían leer o escribir; mis padres tuvieron la oportunidad de estudiar durante 4 años y de aprender a leer y a escribir; yo y mis hermanas estudiamos en la universidad y somos la primera generación de siempre en toda mi familia en tener estudios universitarios. Eso es increíble e importante. Te marca la vida. Para mí, personalmente, es muy fuerte saber que mis abuelos no podían leer y escribir, mientras yo soy escritor.

Los países meridionales también compartimos una distancia cada vez mayor respecto al norte de la Unión Europea. ¿Qué podemos hacer?

Es una pena y un desperdicio que no nos conozcamos mejor entre nosotros. Pero podemos tomar consciencia de lo mucho que compartimos, de lo tanto que pasamos juntos. Hoy, los pueblos están cada vez más lejos de los centros donde se deciden sus vidas. Al mismo tiempo, dejó de ser claro quién toma las decisiones importantes. Las instituciones perderán la cercanía y se volvieran transnacionales. Nosotros, países del sur de la Europa, compartimos una cantidad enorme de características, somos más que simples vecinos. Creo que esa consciencia y una actitud conjunta y concertada pueden hacernos más seguros de nosotros mismos, más fuertes, más felices.

 
 

 

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El Mundo, Novembro 2016

09.11.16

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¿Qué es lo primero que se debe preguntar a un poeta deslizado hacia la narrativa como José Luís Peixoto? Por la música, por qué otra cosa si no. ¿Hay una música relevante en sus relatos? ¿Una melodía reconocible?

"La idea de la música en la prosa está siempre presente para cualquier persona que quiera escribir y, sobre todo, para cualquiera que quiera escribir y tener un control sobre lo que escribe. Lo de control hay que ponerlo entre comillas porque nunca es real. La música es siempre una ambición, está condenada a no cumplirse. Es una de esas palabras como amor o libertad... ¿Que si tengo alguna música en la cabeza para mis libros? Mire, yo ya tengo más de 40 años, escucho música mucho más variada de lo que escuchaba cuando era más joven. Pero hay un secreto en mi vida: siempre he estado muy vinculado al rock... al rock pesado. Sé que seguramente no sea eso lo que esperan los lectores. No sé si la gente que se pueda interesar por mis libros se sentirá un poco asustada con esto del rock pesado".

 

¿Escribe Peixoto como un metalero cuarentón? Bueno. Depende de las expectativas de cada lector, de cada oyente. Galveias la nueva novela del escritor portugués (editado con el sello de Random House) es áspero, polvoriento y escueto, pero también es evocador y dulce. Hay vísceras de perro, olor a azufre, intentos de violación, motos trucadas, prostitutas brasileñas, disparos en la madrugada... Muy en resumen, a lo largo de las 244 páginas del relato se van trenzando las vidas de los habitantes de Galveias, un pueblo del interior de Portugal que existe realmente y que fue el lugar en el que nació y creció Peixoto. "Me fui a los 18 años, a estudiar a Lisboa. Hasta ese momento, no tuve otro sueño que el de irme del pueblo. Después, comprendí la importancia que tiene Galveias en mi vida. Ahora sigo yendo. A mis hijos les gusta, les asombra la libertad de la que gozan cuando van al pueblo. Veo a mis hijos y me parece trágica la falta de libertad que hemos aceptado". Peixoto, se ha contado mil veces, lleva tatuado en el brazo derecho Yoknapatawha, el condado imaginario de William Falkner. Queda todo más claro, ¿verdad?

 

-¿Y por qué llamar a ese pueblo Galveias y no Galveiatawha o cualquier otro nombre inventado?

 

-Para mí, tener una referencia real era muy interesante. Ahora estamos hablando de Galveias y, en este mismo momento hay gente que camina, va a trabajar y sigue con su vida en Galveias. Que sea ficción y que sea realidad, era irresistible para mí.

 

El otro marco de la novela es 1984, el año en el que ocurren los hechos de la novela. "Era una época de inocencia en Portugal. Estaba la gran esperanza de la Comunidad Europea y habían pasado 10 años desde la Revolución de los Claveles. Pero, al mismo tiempo, era una época en la que un pueblo así podía ser retratado encerrado en sí mismo. El protagonista no es el momento histórico, es el pueblo".

 

El relato empieza en enero, con un meteorito que cae en una fina del lugar. ¿Un meteorito? parece el presagio de una sucesión de páginas mágico-tremendistas, como de pueblo manchego en una película de José Luis Cuerda. Sin embargo, Galveias es estrictamente realista. ¿Por qué ese equívoco? "Fíjese que ésta es una novela en la que todo está muy nombrado. Los nombres de las calles, de las personas, de los perros... Lo único que no tiene nombre es el meteorito. Ni siquiera aparece la palabra meteorito, se habla de 'esa cosa', 'esa mierda'. El meteorito funciona así, como una presencia turbia que contrasta con todo el relato. No es un cimiento sobre el que construir un puente. Más bien es una nube".

 

El viaje que empieza con esa nube astral termina con un asesinato. En medio queda un montón de sexo sórdido, nada dulce. "Esta novela tiene una dimensión social y ahí entra la gran diferencia entre el lugar que tienen el hombre y la mujer. Es un tema muy ibérico", explica Peixoto. "Pero, a veces, también hay cierta delicadeza y cierta ternura".

 

Al final, es lo de siempre: en las ciudades nos gusta el campo para pensar en él como una arcadia naíf o como un escenario grotesco. Y ni una cosa ni la otra. "la ruralidad nos ayuda a pensar el punto en el que estamos. El mundo cambia a toda velocidad, más rápido de lo que podemos asumir y nos deja sin referencias. En cambio, en el campo, las referencias están claras, los cambios son naturales y nos parecen justificados y comprensibles. Hoy en día, lo rural es revolucionario".

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El País, Outubro de 2016

21.10.16

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José Luis Peixoto, considerado uno de los grandes escritores actuales de una tierra de grandes escritores —Portugal— estuvo en Uruguay (en Rivera y en Montevideo) a presentar Cementerio de pianos editada por la uruguaya Casa Editorial Hum que ya le había editado Historias de nuestra casa en 2009.

Durante su visita a Montevideo, en la que estuvo en el Filba y en la Feria Internacional del Libro, Peixoto —quien nació en 1967 en Galveias, cerca de la frontera con España, por lo tanto habla en un español más que decente— charló con El País.

 

—Hace 10 años que publicó Cementerio de pianos. ¿Cómo es su vínculo con ese libro?

—Habla de aspectos muy personales y con los cuales me vinculo de una manera muy íntima. Es un libro que trae todo el tema de la familia y que cuando lo escribí en algunos puntos muy relevantes lo trabajé desde mi propia experiencia. Por eso sigue teniendo mucha importancia y algunos aspectos son etapas de un camino que me hizo llegar a donde estoy. Es muy fácil hablar de él.

 

—¿Por dónde empezó con esta novela? ¿Con la historia, con la forma?

—Es una novela que escribí en dos momentos. Tenía un punto de partida que es el primer capítulo con un narrador que habla de su muerte que se superpone con un nacimiento. Después todo lo que es del nivel de la ficción, lo elaboré a partir de ese inicio. La escribí con algunos aspectos muy determinados pero llegué a un punto donde me quedé atrapado en cuestiones como la dimensión histórica de Francisco Lázaro. Así que volví a escribir todo más centrado en el núcleo de la novela que tiene que ver con cuestiones que no son la descripción biográfica de Lázaro, a quien, además, saqué de su tiempo histórico.

 

—Alguien ha dicho que su literatura "huele" a Juan Rulfo. Más allá de lo feo de la imagen, ¿usted siente que en esas voces de los muertos, por ejemplo, hay algo de Rulfo en Cementerio de pianos?

—Escribí mi primera novela muy joven y la publiqué a los 26. Y ya entonces se hablaba de una influencia de Rulfo. Y yo no lo conocía. Así que lo empecé a leer (lo primero fue Pedro Páramo) y quedé muy impactado. Para esta novela ya tenía consciencia de Rulfo, un escritor que a mí me dice mucho. No sólo por eso de las voces, sino por su ruralidad elemental y mitológica. Para mí es muy elogioso que me comparen con Rulfo, pero es cierto que todos los libros que uno absorbió son influencias para bien o para mal.

 

—A veces no se es consciente de lo importante que es la cultura portuguesa. En el cine están Miguel Gomes, Pedro Costa, antes Manoel De Oliveira. En la literatura Pessoa, Saramago, Lobo Antunes. ¿Por qué se da eso?

—Hay una tradición muy fuerte y es un poco como en Cementerio de pianos donde están los padres y los hijos y las generaciones dan lugar unas a las otras. Eso tiene algo que ver. Es verdad que las generaciones anteriores son de gran calidad y cuando uno ve un Fernando Pessoa en una literatura es una señal...

 

—¿Y no es un peso?

—No creo. Igual para cualquier escritor en cualquier parte del mundo escribir y publicar siempre es una osadía. Es ponerse al lado de cosas del pasado pero también del presente porque los libros siguen ahí. Publicar un libro nuevo siempre es tener esa ambición de afirmar que ahí hay algo para acrecentar lo que ya existe, que es distinto y que vale la pena. En el caso de Portugal, es importante considerar esa herencia: no se puede escribir en portugués ignorando a esos maestros.

 

—Y no hay una actitud parricida.

—Nunca la tuve. No sé por qué. Históricamente hay un aspecto muy curioso sobre mi generación: nacimos en los años del fin de la dictadura y en un cambio muy grande en la sociedad portuguesa. Crecimos en una época en que Portugal cambió muchísimo y ese fue el parricidio. Fue natural.

 

—Usted publicó Dentro del secreto, su crónica sobre un viaje a Corea del Norte. ¿Cómo fue eso?

—Me interesó como desafío. No solo el tema sino la manera de tratarlo ya que tiene una diferencia muy grande con mi literatura que es muy personal y ligada a la familia, a mi espacio de origen y a esa realidad rural. Alrededor de 2011, después de publicar Libro, tenía ganas de hacer algo diferente y se me ocurrió ir a Corea del Norte. Describe un viaje que en realidad son cuatro viajes, que habla de la realidad de ese país tan lejano, diferente, y que genera tantas dudas pero también de nosotros, de cómo vemos al otro, incluso de cómo interpretamos la información y cómo determina lo que imaginamos del mundo.

 

—Usted viene del Portugal rural y eso es una presencia en su obra. ¿Es una mirada nostalgiosa?

—De alguna manera sí. Tiene que ver con dos aspectos. Uno es que yo salí ahí y de adolescente era lo que quería, pero después que lo hice pude reconocer las cosas buenas que tenía y que perdí al irme.

 

—¿Y una nostalgia por otro Portugal?

—Hay una reflexión sobre el Portugal del interior. Somos un país desequilibrado con un desarrollo distinto en el litoral y el interior cada vez más envejecido y sin esperanza. Es muy duro cuando voy a mi pueblo y veo que el año pasado murieron alrededor de 50 personas y nacieron dos. Y eso que es un pueblo que mantiene una escuela, pero los otros ya no tienen niños. Yo tengo la oportunidad de llamar la atención de que si hay una visión de todo el territorio, todos vamos a ganar. Y desde lo cultural, ahí hay mucho que necesitamos como portugueses: ahí está lo que nos hace ser nosotros.

 

 

Un autor elogiado con una novela a atender

José Saramago dijo que "Peixoto es una de las revelaciones más grandes de la literatura portuguesa".

 

Más allá de elogios de un Nobel, Cementerio de pianos, una historia familiar en varios tiempos —que incluye al corredor olímpico portugués Francisco Lázaro, muerto en los juegos de 1912— está muy bien y muestra a Peixoto como un gran autor. Saramago tenía razón.

 

CEMENTERIO DE PIANOS

Autor: José Luis Peixoto Editorial: Casa Editorial Hum

 

 

 

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El Observador, Outubro de 2016

19.10.16

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C.Pazos
 
 
Los tatuajes y los piercings que luce José Luís Peixoto parecen más de un músico de la escena underground que de un ganador del premio literario José Saramago y que ha sido traducido a más de 16 idiomas. Y es que las apariencias, como siempre, engañan. Extremadamente amable, Peixoto conserva la humildad del hombre de campo: nació en Galveias, un pueblito perdido en el interior de Portugal. Tiene 42 años, está casado y tiene dos hijos a los que "adora", dice. Y dice que el peor día de su vida fue el que murió su padre, al que no deja de extrañar nunca. En un muy correcto español afirma que en Sudamérica –por donde pasó hace algunas semanas, y en concreto por Montevideo para la Feria Internacional de Libro– se encuentra como en casa.
 
 
Es poeta, novelista, dramaturgo, escribe cuentos y colabora en varios diarios. Pero si tuviera que elegir un rubro, ¿cuál sería?
Es difícil elegir, la verdad. Yo empecé por la poesía y creo que siempre está presente en todo lo que escribo. Pero si tuviera que optar por uno solo, diría que es la novela, porque para mí siempre es un desafío, un reto. Cada una de ellas.
 
En Uruguay se han publicado tres libros suyos: Te me moriste, Cal y Cementerio de pianos. En todos la emotividad está en primer plano y hay una lucha entre la vida y la muerte. ¿Por qué?
Creo que la emotividad es la esencia de mi literatura y que también lo es en lo personal. De todos modos, quiero decir que no creo en esa separación artificial que pone de un lado a lo emotivo y del otro a lo intelectual, a lo racional. Creo que siempre van juntas, una al servicio de la otra. Por otra parte, el tema de la muerte es la gran cuestión de la humanidad. Se sea religioso o no, el asunto está siempre presente para todos porque forma parte de la vida, le da sentido.
 
Cementerio de pianos, con su emocionante saga familiar y la tragedia del personaje central, podrían inscribirse en la tradición latinoamericana. ¿Comparte esta opinión?
Sí, definitivamente. Los escritores latinoamericanos han sido una gran influencia para mí. Estoy convencido de que los portugueses tenemos mucho en común con todos los países de este continente. Hay una misma sensibilidad, una determinada manera de ver la vida y la muerte y una concepción del amor que es muy parecida.
 
¿Qué es Portugal?
Diría que somos un país que tiende a dudar constantemente de su identidad. En parte se debe al contraste entre lo que fuimos y lo que somos. Tenemos detrás una historia de grandezas. Por ejemplo, llegamos a pie a la India y fuimos un imperio. Y también tenemos todo lo contrario: miserias, dictaduras y un largo etcétera. Por eso creo que como país tenemos una visión bipolar: un día somos los mejores y al otro, un desastre.
 
A pesar de que se doctoró en literatura inglesa y alemana, lleva una referencia a William Faulkner tatuada en el brazo. ¿Por qué?
Forma parte de mi particular relación con la literatura. De muy joven leía escritores portugueses, sobre todo poesía. Luego pasé a los franceses y de ahí a los alemanes e ingleses, para al final cruzar el charco rumbo a América. William Faulkner me impresionó mucho, me fascinó. Pero el tatuaje (Yoknapatawpha) lo llevo no solo por admiración a Faulkner, sino por el significado de esa palabra compuesta de origen indio: "Agua que fluye lentamente entre las llanuras". Esa frase resume mi filosofía de vida.
 
¿Qué conoce de la literatura uruguaya?
Mi relación con la literatura uruguaya es muy salvaje, aleatoria. Al que más he leído es a Horacio Quiroga, impresionante. El almohadón de plumas, sin ir más lejos, es una maravilla. También leí algunas cosas de Eduardo Galeano, muy diferente.
 
Hace poco realizó un viaje a Corea del Norte. ¿Para qué?
Para estar dentro del secreto. Fue un delirio, pero tiene su explicación. Se debe a que no quería seguir un camino que parecía trazado de antemano. Con 25 años tuve mucho éxito en mi país y gané varios premios literarios. Diez años más tarde me di cuenta de que estaba atrapado en un ciclo perverso: escribir novela tras novela hasta mi último día. Y me rebelé contra ese destino: busqué hacer algo diferente. Y de esa visita a Corea del Norte está naciendo un libro distinto, que pronto saldrá a la luz.
 
¿Para qué escribe?
Escribo porque sé que hay un montón de cosas que no voy a hacer y la literatura me permite acercarme a esas muchas vidas que no voy a vivir. Además, escribir es una forma de pensar el mundo y de verme a mí mismo como yo soy realmente. Escribo para ser y para que los demás existan a través de mis libros.

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